Muchas personas se describen a sí mismas como alguien que se adapta con facilidad a los demás. Son flexibles, comprensivas y suelen evitar generar tensiones en sus relaciones. Desde fuera pueden parecer personas muy agradables, conciliadoras o fáciles de tratar.
Sin embargo, para algunas de ellas esta capacidad de adaptación tiene un coste emocional importante. Con el tiempo pueden empezar a sentir que sus propias necesidades quedan en segundo plano, que les cuesta expresar lo que realmente piensan o que han dejado de escuchar su propia voz.
A menudo aparece una sensación difícil de explicar: la impresión de que se vive más pendiente de lo que esperan los demás que de lo que uno mismo necesita. Se toman decisiones pensando en evitar decepciones, se aceptan situaciones que no terminan de encajar o se evita expresar desacuerdos para mantener la armonía.
Leer más: Cuando te adaptas demasiado a los demás y pierdes tu propia voz