Ataque de pánico

Un ataque de pánico es una aparición brusca de miedo o malestar intenso acompañada de sensaciones físicas y psicológicas que pueden llegar a resultar aterradoras. Palpitaciones, sensación de falta de aire, presión en el pecho, mareo, temblor, hormigueo, desrealización o miedo a morir o perder el control son algunas de las experiencias que pueden aparecer.

Aunque una crisis puede sentirse como una emergencia, tener un ataque de pánico no significa necesariamente tener un trastorno de pánico. El problema puede desarrollarse cuando aparecen ataques recurrentes y, especialmente, cuando la persona empieza a vivir preocupada por sufrir otro episodio o modifica su comportamiento para intentar impedirlo.

En Ícaro Psicología evaluamos y tratamos los ataques de pánico y el trastorno de pánico mediante terapia psicológica presencial en Madrid y terapia online.

¿Qué es un ataque de pánico?

Un ataque de pánico es un episodio en el que aparece de forma rápida una intensa activación acompañada de sensaciones corporales y pensamientos de amenaza.

Una de las características que hace que estas crisis resulten tan desconcertantes es que pueden aparecer incluso cuando aparentemente no existe un peligro externo inmediato.

Una persona puede estar en el metro, conduciendo, trabajando, haciendo deporte, comprando, viendo la televisión o incluso durmiendo y notar repentinamente:

“Algo está pasando”.

Entonces puede empezar a prestar mucha atención al cuerpo.

Nota el corazón.

La respiración.

Un mareo.

Una sensación extraña.

Y aparece una interpretación:

“¿Y si me está dando algo?”

El miedo aumenta la activación y la activación genera nuevas sensaciones. En pocos minutos puede desarrollarse una crisis muy intensa.

¿Cuáles son los síntomas de un ataque de pánico?

Los síntomas pueden variar entre personas e incluso entre diferentes crisis de una misma persona.

Entre los síntomas característicos pueden aparecer:

  • palpitaciones o aceleración del ritmo cardíaco;
  • sudoración;
  • temblor;
  • sensación de falta de aire;
  • sensación de ahogo;
  • dolor o molestias en el pecho;
  • náuseas o malestar abdominal;
  • mareo, inestabilidad o sensación de desvanecimiento;
  • escalofríos o sensación de calor;
  • hormigueo o entumecimiento;
  • sensación de irrealidad o desrealización;
  • sensación de estar desconectado de uno mismo;
  • miedo a perder el control;
  • miedo a morir.

Precisamente porque muchos de estos síntomas son físicos, es frecuente que el primer ataque genere dudas sobre si está ocurriendo un problema médico.

¿Un ataque de pánico es peligroso?

Los ataques de pánico pueden ser extremadamente desagradables, pero las sensaciones propias del pánico no implican por sí mismas que esté ocurriendo la catástrofe que la persona teme.

Sin embargo, no es adecuado atribuir automáticamente cualquier síntoma intenso a la ansiedad.

Cuando aparecen síntomas nuevos, especialmente dolor torácico intenso o diferente al habitual, pérdida de conocimiento, dificultad respiratoria importante, síntomas durante el esfuerzo o cualquier manifestación que pueda requerir atención sanitaria, debe realizarse la valoración médica correspondiente.

Una vez descartadas las causas médicas relevantes, comprender cómo funciona el pánico puede ayudar a dejar de interpretar automáticamente cada sensación corporal como una emergencia.

¿Ataque de pánico y trastorno de pánico son lo mismo?

No.

Una persona puede experimentar uno o varios ataques de pánico sin desarrollar necesariamente un trastorno de pánico.

El ataque describe el episodio.

El trastorno de pánico implica un patrón más amplio en el que existen ataques de pánico inesperados recurrentes y posteriormente aparece una preocupación persistente por nuevas crisis o cambios importantes de comportamiento relacionados con ellas.

Por ejemplo, después de una primera crisis una persona puede empezar a:

  • comprobar constantemente su pulso;
  • evitar hacer ejercicio;
  • llevar siempre medicación “por si acaso”;
  • evitar conducir;
  • no utilizar transporte público;
  • necesitar estar acompañada;
  • buscar constantemente una salida;
  • evitar lugares donde cree que sería difícil recibir ayuda;
  • consultar repetidamente síntomas en Internet;
  • estar pendiente de cualquier cambio corporal.

En esos casos, el problema ya no consiste únicamente en las crisis.

La posibilidad de tener otra crisis empieza a organizar la vida.

El miedo al miedo: uno de los mecanismos centrales del pánico

Después de experimentar una crisis intensa puede aparecer un cambio importante.

La persona ya no teme solamente situaciones externas.

Empieza a temer sus propias sensaciones.

Una pequeña aceleración cardíaca puede significar:

“Está empezando otra vez”.

Un mareo:

“Voy a desmayarme”.

Una respiración extraña:

“Me voy a asfixiar”.

Una sensación de irrealidad:

“Estoy perdiendo la cabeza”.

El organismo empieza así a vigilarse para detectar cuanto antes cualquier señal de una posible crisis.

Paradójicamente, esa vigilancia aumenta la probabilidad de detectar sensaciones que normalmente pasarían desapercibidas.

¿Cómo se forma el círculo del pánico?

Uno de los modelos más útiles para comprender muchas crisis es:

Sensación corporal → interpretación de peligro → miedo → mayor activación fisiológica → nuevas sensaciones → mayor interpretación de peligro.

Por ejemplo:

Una persona nota que su corazón se acelera.

Piensa:

“¿Por qué me late tan rápido?”

Empieza a comprobarlo.

Después piensa:

“¿Y si tengo un problema cardíaco?”

El miedo activa todavía más el organismo.

El corazón se acelera.

La respiración cambia.

Aparece mareo.

Entonces piensa:

“Lo sabía. Algo grave está pasando”.

La nueva interpretación aumenta todavía más la alarma.

En cuestión de minutos puede haberse creado un círculo de retroalimentación entre sensaciones, atención, interpretación y miedo.

¿Por qué parece que un ataque de pánico aparece “de la nada”?

Muchas personas describen su primera crisis diciendo:

“Estaba perfectamente y de repente me dio”.

No siempre existe un desencadenante externo evidente.

El organismo cambia continuamente: el ritmo cardíaco aumenta, la respiración varía, podemos sentir calor, cansancio, mareo o tensión por numerosos motivos.

En determinadas circunstancias, una de estas variaciones puede interpretarse como amenazante y desencadenar el círculo del pánico.

También pueden influir factores como periodos de estrés, falta de sueño, consumo de estimulantes, determinadas sustancias, enfermedad, experiencias previas o una mayor sensibilidad hacia las sensaciones corporales.

Por eso la evaluación debe estudiar qué estaba ocurriendo en la vida de la persona, pero no es necesario encontrar siempre un acontecimiento concreto que “explique” cada crisis.

Hiperventilación y ataques de pánico

Durante algunas crisis la respiración puede acelerarse o hacerse más profunda de lo que el organismo necesita.

La hiperventilación puede producir sensaciones como:

  • mareo;
  • hormigueo;
  • sensación de falta de aire;
  • opresión;
  • visión extraña;
  • sensación de irrealidad.

Estas sensaciones pueden interpretarse como señales de peligro y alimentar la crisis.

Sin embargo, no todos los ataques de pánico se explican por hiperventilación y el tratamiento no debería reducirse simplemente a enseñar una técnica respiratoria.

Si este es uno de tus síntomas principales, puedes consultar nuestra guía sobre hiperventilación por ansiedad: síntomas, causas y cómo controlarla.

Miedo a perder el control o volverse loco

Una crisis intensa puede generar sensaciones psicológicas especialmente desconcertantes.

Algunas personas sienten que van a perder el control de su conducta.

Otras experimentan desrealización o despersonalización y piensan:

“¿Y si me estoy volviendo loco?”

Estas interpretaciones pueden aumentar enormemente el miedo.

Por eso es importante evaluar qué significa exactamente para cada persona “perder el control” y qué sensaciones o pensamientos disparan ese temor.

En Ícaro hemos desarrollado contenidos específicos sobre el miedo a perder el control y el miedo a volverse loco durante periodos de ansiedad intensa.

¿Qué son las conductas de seguridad?

Después de una crisis es comprensible intentar evitar que vuelva a suceder.

El problema aparece cuando determinadas estrategias empiezan a convertirse en requisitos para sentirse seguro.

Por ejemplo:

  • sentarse siempre cerca de una salida;
  • llevar agua continuamente;
  • comprobar el pulso;
  • controlar constantemente la respiración;
  • evitar quedarse solo;
  • necesitar saber dónde está el hospital más cercano;
  • evitar café o ejercicio exclusivamente por miedo a las sensaciones;
  • pedir continuamente a alguien que confirme que no ocurre nada;
  • abandonar una situación en cuanto aparece activación.

Algunas precauciones pueden ser razonables en determinados contextos. El problema clínico aparece cuando la persona llega a creer:

“Si no hubiera hecho esto, habría ocurrido algo terrible”.

De esta forma nunca puede comprobar qué habría sucedido sin la conducta de seguridad.

¿Qué relación existe entre pánico y agorafobia?

Después de varias crisis algunas personas empiezan a evitar lugares o situaciones donde temen que escapar pueda resultar difícil o donde creen que no podrían recibir ayuda si aparecieran síntomas.

Por ejemplo:

  • metro;
  • autobuses;
  • autopistas;
  • centros comerciales;
  • colas;
  • cines;
  • lugares concurridos;
  • espacios abiertos;
  • alejarse de casa;
  • permanecer solo.

Esto puede relacionarse con la agorafobia, pero trastorno de pánico y agorafobia no son exactamente lo mismo y deben evaluarse de forma diferenciada.

En nuestra página específica explicamos con mayor profundidad la agorafobia y su tratamiento psicológico.

¿Qué son los ataques de pánico nocturnos?

Los ataques también pueden aparecer durante la noche.

La persona puede despertarse bruscamente con palpitaciones, sensación de ahogo, sudoración, temblor y miedo intenso sin recordar necesariamente una pesadilla que explique el despertar.

Después de varias crisis puede aparecer un problema adicional: miedo a dormirse por temor a sufrir otro ataque.

Como esta situación tiene características específicas, disponemos de una guía independiente sobre ataques de pánico nocturnos.

¿Cómo se diagnostica el trastorno de pánico?

El diagnóstico debe realizarse mediante una evaluación clínica profesional.

Entre otros aspectos, se estudia:

  • cómo son las crisis;
  • si son esperadas o inesperadas;
  • qué sensaciones aparecen;
  • qué interpreta la persona durante ellas;
  • la frecuencia de los episodios;
  • el miedo a nuevas crisis;
  • las conductas de seguridad;
  • la evitación;
  • la posible presencia de agorafobia;
  • el consumo de sustancias o medicamentos;
  • otras dificultades psicológicas;
  • la necesidad de descartar determinadas causas médicas.

Esto es importante porque tener un ataque de pánico no equivale automáticamente a tener un trastorno de pánico.

¿Cómo se trata el trastorno de pánico?

La Terapia Cognitivo-Conductual (TCC) es una de las intervenciones psicológicas con mayor respaldo para el tratamiento del trastorno de pánico.

Dependiendo de la formulación clínica, el tratamiento puede incluir:

  • comprender el funcionamiento del pánico;
  • identificar las interpretaciones catastróficas de las sensaciones;
  • reducir la hipervigilancia corporal;
  • trabajar el miedo a las propias sensaciones;
  • revisar conductas de seguridad;
  • exposición interoceptiva;
  • exposición a situaciones evitadas;
  • experimentos conductuales;
  • trabajo sobre ansiedad anticipatoria;
  • prevención de recaídas.

El objetivo no consiste simplemente en proporcionar una técnica para “cortar” cada crisis.

Si la persona termina pensando:

“Solo estoy seguro si consigo controlar inmediatamente estas sensaciones”,

el miedo a las sensaciones puede mantenerse.

El tratamiento busca que la persona recupere progresivamente la confianza en su capacidad para experimentar activación corporal sin interpretarla automáticamente como una catástrofe.

¿Qué es la exposición interoceptiva?

La exposición interoceptiva consiste en trabajar terapéuticamente con determinadas sensaciones corporales que la persona ha aprendido a temer.

En el trastorno de pánico pueden haberse convertido en señales de amenaza:

  • el corazón acelerado;
  • el mareo;
  • la respiración rápida;
  • el calor;
  • el temblor;
  • determinadas sensaciones de inestabilidad.

Si la persona evita continuamente cualquier actividad capaz de producirlas, puede reforzarse la idea de que esas sensaciones son peligrosas.

La exposición interoceptiva permite realizar nuevos aprendizajes de forma planificada y dentro de una formulación terapéutica.

Hemos desarrollado este procedimiento con más detalle en nuestra guía sobre exposición interoceptiva y miedo a las sensaciones corporales.

¿El objetivo de la terapia es no volver a sentir ansiedad?

No.

La activación fisiológica forma parte del funcionamiento normal del organismo.

El corazón se acelera al hacer deporte.

La respiración cambia al subir unas escaleras.

Podemos sentir mareo, calor, cansancio o tensión.

Y también podemos experimentar ansiedad.

Intentar conseguir que el cuerpo nunca vuelva a producir ninguna sensación asociada con el pánico puede aumentar precisamente la vigilancia sobre esas sensaciones.

Un objetivo terapéutico más útil es que esas sensaciones dejen de interpretarse automáticamente como señales de una catástrofe inminente y que la persona recupere las actividades que había abandonado.

¿ACT puede utilizarse en los ataques de pánico?

Dependiendo de la evaluación, pueden incorporarse procedimientos procedentes de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) para trabajar la lucha contra las sensaciones internas, la evitación experiencial y la recuperación de actividades importantes.

El objetivo no consiste en resignarse a vivir con pánico, sino en reducir el grado en que el miedo a sentir ansiedad organiza el comportamiento.

Disponemos de una guía específica sobre ACT aplicada a los ataques de ansiedad.

¿Y la medicación para el trastorno de pánico?

La medicación puede formar parte del tratamiento en determinados casos y debe ser valorada y prescrita por un profesional médico.

La decisión debe considerar las características del problema, las preferencias de la persona, tratamientos previos, posibles dificultades asociadas, efectos adversos y otras circunstancias clínicas.

Cuando existe tratamiento psicológico y farmacológico simultáneamente puede ser conveniente la coordinación entre profesionales.

¿Cuánto dura el tratamiento?

No existe un número de sesiones idéntico para todas las personas.

La duración puede depender de factores como:

  • frecuencia de las crisis;
  • tiempo de evolución;
  • grado de miedo anticipatorio;
  • evitación existente;
  • presencia de agorafobia;
  • otros problemas psicológicos asociados;
  • objetivos terapéuticos;
  • respuesta al tratamiento.

Resulta más útil establecer objetivos concretos y revisar periódicamente la evolución que fijar de antemano un número rígido de sesiones.

¿Qué hacer durante un ataque de pánico?

Cuando la crisis está ocurriendo, resulta comprensible querer detenerla inmediatamente.

Sin embargo, convertir cada episodio en una lucha urgente por conseguir que desaparezca puede reforzar la idea de que las sensaciones son intolerables o peligrosas.

Comprender qué está sucediendo, reducir interpretaciones catastróficas y permitir que la activación vaya descendiendo puede resultar más útil que comprobar constantemente si los síntomas ya han desaparecido.

Como esta pregunta responde a una intención de búsqueda diferente, disponemos de una guía específica con consejos sobre qué hacer ante un ataque de pánico.

¿Cuándo acudir a un psicólogo por ataques de pánico?

Puede ser recomendable solicitar una evaluación cuando:

  • las crisis se repiten;
  • vives preocupado por cuándo aparecerá la siguiente;
  • compruebas continuamente tus sensaciones;
  • evitas hacer ejercicio por miedo a acelerar el corazón;
  • has empezado a evitar lugares o desplazamientos;
  • necesitas ir acompañado para sentirte seguro;
  • has modificado significativamente tu vida por miedo a una crisis;
  • el miedo al pánico está ocupando una parte importante de tu día.

No es necesario esperar a que las crisis sean muy frecuentes.

En ocasiones el mayor problema no es cuántos ataques ocurren, sino todo lo que la persona ha empezado a hacer para intentar impedir que vuelva a ocurrir uno.

Tratamiento de los ataques de pánico en Madrid

En Ícaro Psicología realizamos evaluación y tratamiento psicológico de los ataques de pánico y otros problemas de ansiedad en Madrid.

Durante las primeras sesiones buscamos comprender qué ocurre durante las crisis, qué sensaciones resultan especialmente amenazantes, cómo son interpretadas y qué estrategias utiliza la persona para intentar controlarlas.

A partir de esa evaluación se plantea una intervención individualizada.

Si quieres conocer nuestro enfoque general puedes consultar nuestra página sobre tratamiento psicológico de la ansiedad en Madrid.

Terapia online para los ataques de pánico

El trastorno de pánico también puede abordarse mediante terapia psicológica online cuando esta modalidad resulta adecuada para la persona.

El formato online permite realizar evaluación, psicoeducación, trabajo cognitivo y planificación de ejercicios y exposiciones entre sesiones.

La elección entre terapia presencial y online debe realizarse teniendo en cuenta las necesidades y circunstancias de cada caso.

Preguntas frecuentes sobre los ataques de pánico

¿Un ataque de pánico significa que tengo un trastorno de pánico?

No. Pueden producirse ataques de pánico sin desarrollar un trastorno de pánico. Para establecer un diagnóstico debe evaluarse el patrón completo de crisis, preocupación y cambios conductuales.

¿Me puedo desmayar durante un ataque de pánico?

El mareo y la sensación de desvanecimiento pueden aparecer durante una crisis. Sin embargo, una pérdida real de conocimiento debe valorarse médicamente, especialmente si es nueva, recurrente o no tiene una explicación conocida.

¿Los ataques de pánico pueden aparecer mientras duermo?

Sí. Existen ataques de pánico nocturnos que pueden despertar bruscamente a la persona con una intensa activación física y miedo.

¿Puedo tener un ataque de pánico sin sentir miedo al principio?

Sí. En algunas crisis la persona detecta primero una sensación física —por ejemplo, palpitaciones, mareo o dificultad respiratoria— y el miedo aparece después al interpretar esa sensación como peligrosa.

¿El ejercicio puede provocar un ataque?

El ejercicio produce cambios corporales normales que pueden parecerse a algunas sensaciones del pánico, como aumento del ritmo cardíaco, respiración rápida o sudoración. Algunas personas aprenden a temer esas sensaciones y empiezan a evitar el ejercicio. Cuando esto ocurre puede ser necesario trabajar específicamente el miedo interoceptivo.

¿Por qué tengo miedo de que vuelva a pasar?

Porque una crisis intensa puede convertirse en una experiencia que la persona intenta prevenir a toda costa. El organismo comienza a vigilar posibles señales de otra crisis y esa hipervigilancia puede mantener el problema.

¿Los ataques de pánico se pueden tratar?

Sí. Existen tratamientos psicológicos respaldados por la investigación, especialmente intervenciones cognitivo-conductuales que trabajan las interpretaciones de las sensaciones, la evitación, las conductas de seguridad y la exposición.

Solicitar ayuda por ataques de pánico

Si has empezado a vivir pendiente de tu corazón, tu respiración, el mareo o la posibilidad de sufrir otra crisis, podemos realizar una evaluación para comprender qué está manteniendo el problema.

No necesitas saber de antemano si lo que experimentas es un ataque de pánico, un trastorno de pánico, agorafobia u otro problema de ansiedad.

Precisamente la evaluación sirve para diferenciarlo.

Solicitar cita con el equipo de Ícaro Psicología

Referencias

  • American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). American Psychiatric Association Publishing.
  • National Institute for Health and Care Excellence. (2020). Generalised anxiety disorder and panic disorder in adults: management (CG113). NICE.
  • Pompoli, A., Furukawa, T. A., Imai, H., Tajika, A., Efthimiou, O., & Salanti, G. (2016). Psychological therapies for panic disorder with or without agoraphobia in adults: a network meta-analysis. Cochrane Database of Systematic Reviews, 2016(4), CD011004.

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