El Modelo PAI de EMDR

¿Qué es el EMDR y por qué funciona?

La terapia EMDR (Desensibilización y Reprocesamiento por Movimiento Ocular) es un enfoque psicoterapéutico reconocido internacionalmente por su eficacia en el tratamiento del trauma psicológico. Desde que Francine Shapiro lo desarrolló en los años 80, su aplicación se ha extendido a una amplia variedad de trastornos, especialmente los relacionados con el trauma, la ansiedad y las experiencias emocionales intensas no resueltas.

Pero… ¿qué es lo que realmente ocurre en el cerebro cuando una persona se somete a una sesión de EMDR? La explicación más aceptada parte del Modelo PAI, es decir, el Modelo de Procesamiento Adaptativo de la Información. Este modelo constituye el corazón teórico de la terapia EMDR y ofrece una comprensión fascinante sobre cómo nuestro sistema nervioso procesa, archiva y a veces “bloquea” las experiencias vividas.

El Modelo PAI: una red de procesamiento al servicio del equilibrio emocional

El Modelo PAI parte de una premisa esperanzadora y profundamente humana: nuestro cerebro está biológicamente diseñado para sanar. Así como el cuerpo cicatriza una herida física, la mente también tiende, de forma natural, a procesar las experiencias dolorosas para integrarlas en una narrativa coherente y no perturbadora.

Este sistema se basa en la idea de que toda experiencia emocional significativa es procesada e integrada en una red de memoria adaptativa. Cuando esto sucede correctamente, aprendemos, crecemos y seguimos adelante. Sin embargo, cuando algo en ese procesamiento falla —por la intensidad del suceso, por las condiciones personales o por la ausencia de apoyo emocional— el recuerdo queda “atascado” en un sistema de memoria disfuncional, generando malestar emocional crónico.

¿Qué interrumpe el procesamiento natural?

Cuando vivimos una experiencia que sobrepasa nuestra capacidad de afrontamiento (ya sea por su intensidad, duración o por la falta de recursos de apoyo), la información no se integra de forma adecuada en las redes neuronales adaptativas. En lugar de procesarse, queda encapsulada con las mismas emociones, imágenes, creencias y sensaciones físicas que se vivieron en el momento traumático.

Esto explica por qué, por ejemplo, alguien que sufrió una agresión puede seguir sintiendo miedo, tensión muscular y pensamientos de peligro años después, como si todo estuviera ocurriendo en tiempo real.

En otras palabras, el pasado no se convierte en pasado: se queda congelado en el presente.

¿Cómo interviene EMDR?

La terapia EMDR facilita el procesamiento natural que no pudo completarse en su momento. Lo hace utilizando estimulación bilateral —ya sea mediante movimientos oculares, toques alternados o sonidos— que activa ambos hemisferios cerebrales de manera coordinada, permitiendo que la información bloqueada encuentre nuevas rutas hacia la integración.

Durante una sesión, el terapeuta guía al paciente a focalizarse en un recuerdo perturbador mientras aplica la estimulación bilateral. Esto reactiva la red neuronal que contiene el recuerdo disfuncional y, al mismo tiempo, estimula el sistema adaptativo para que haga lo que sabe hacer: procesar, reestructurar e integrar.

¿Qué explica el éxito del EMDR? Modelos teóricos complementarios

Aunque el Modelo PAI es el marco central de comprensión, existen varias teorías que intentan explicar el mecanismo neurológico detrás del EMDR:

1. Teoría del procesamiento dual de la memoria

Esta teoría, basada en la neurociencia cognitiva, sugiere que durante la terapia se activan simultáneamente dos sistemas: el sistema explícito (narrativo, verbal, consciente) y el sistema implícito (sensorial, emocional, no verbal). La estimulación bilateral permite la reconexión de ambos sistemas, facilitando una nueva codificación del recuerdo.

2. Teoría del trabajo de memoria

Este enfoque plantea que la estimulación bilateral exige recursos cognitivos que saturan la memoria de trabajo. Al tener que dividir la atención entre el recuerdo y los estímulos alternos, la intensidad emocional disminuye y el recuerdo se vuelve menos perturbador.

3. Teoría de la plasticidad neuronal

Apoyada por estudios de neuroimagen, esta teoría propone que EMDR favorece la reconsolidación sináptica, generando nuevas conexiones y debilitando las rutas asociadas al trauma. En otras palabras, el cerebro reestructura la forma en que almacena la información.

4. Teoría de la activación del sistema parasimpático

Durante la estimulación bilateral, el sistema nervioso tiende a pasar de un estado de alerta (simpático) a un estado de seguridad (parasimpático). Esta transición facilita el procesamiento emocional, ya que la persona puede revivir el recuerdo sin sentirse desbordada.

Trauma con “T” mayúscula: un caso de estrés postraumático

Imaginemos a Laura, una mujer de 34 años que sobrevivió a un accidente de coche grave. Aunque físicamente se recuperó, desde entonces sufre pesadillas recurrentes, ataques de pánico al conducir y una sensación constante de peligro. A menudo evita ciertas rutas o incluso rechaza subirse a un coche.

Laura muestra un clásico caso de TEPT (Trastorno de Estrés Postraumático), originado por un trauma con “T” mayúscula: un evento abrupto, amenazante y que sobrepasó totalmente su capacidad de respuesta.

En terapia con EMDR, Laura explora el momento exacto del accidente: los sonidos metálicos, el grito del copiloto, la visión del coche que venía de frente. Durante la estimulación bilateral, emergen nuevas asociaciones: recuerdos de cómo fue rescatada, del personal médico que la asistió, de su capacidad de reacción.

A medida que avanza el procesamiento, Laura deja de experimentar el recuerdo como una amenaza presente. Su mente empieza a registrar que el peligro ya pasó, que sobrevivió, y que ahora está a salvo. El recuerdo sigue existiendo, pero ya no le gobierna la vida.

Trauma con “t” minúscula: un caso de ansiedad social

Pablo tiene 28 años y trabaja como diseñador gráfico. A simple vista, parece funcional, pero vive con un malestar silencioso. Siente ansiedad intensa en reuniones de trabajo, evita hablar en público y teme hacer el ridículo. Desde adolescente recuerda episodios en los que fue ridiculizado por un profesor o ignorado por sus compañeros.

Aunque no ha vivido un evento extremo, estos episodios repetidos han calado hondo en su autoestima. Este es un ejemplo de trauma con “t” minúscula: experiencias relacionales o emocionales que, aunque no amenazaron la vida, han dejado una huella profunda.

En sesiones de EMDR, Pablo accede a escenas aparentemente banales: la risa de un grupo de chicos cuando tartamudeó en clase, la cara de desaprobación de su padre cuando no supo responder. El procesamiento de estas escenas activa la red emocional del “yo incompetente”, pero progresivamente se integran recursos: el reconocimiento de sus capacidades actuales, la voz de su terapeuta, el apoyo de su pareja actual.

Al final del proceso, Pablo empieza a experimentar una mayor autoconfianza, puede exponerse socialmente sin sentir que se juega su valor personal. El pasado se recoloca, y deja de influir de forma automática en su presente.

¿Qué se experimenta durante una sesión de EMDR?

Las sesiones de EMDR tienen una estructura definida, compuesta por ocho fases. Las más importantes en cuanto al reprocesamiento son:

  1. Evaluación del recuerdo disfuncional: se identifica el suceso, la imagen más perturbadora, la creencia negativa asociada (ej. “no valgo”, “no estoy a salvo”), la emoción y la sensación corporal.

  2. Estimulación bilateral: el paciente mantiene el foco en el recuerdo mientras recibe estimulación alternada. El terapeuta detiene periódicamente para evaluar qué está emergiendo.

  3. Desbloqueo de redes: aparecen recuerdos olvidados, asociaciones nuevas, cambios emocionales. El sistema adaptativo va reorganizando la experiencia.

  4. Instalación de la creencia positiva: una vez procesado el recuerdo, se trabaja para reforzar una creencia positiva, realista y fortalecedora (ej. “hice lo mejor que pude”, “ahora estoy a salvo”).

  5. Exploración corporal: se verifica que el cuerpo esté en calma, sin rastros de tensión ligados al recuerdo.

¿Qué tipos de problemas se benefician del modelo PAI y de EMDR?

Aunque su origen fue el tratamiento del TEPT, EMDR ha demostrado ser eficaz en:

  • Trastornos de ansiedad (fobias, pánico, ansiedad social)

  • Duelo complicado

  • Traumas relacionales

  • Trastornos de apego

  • Trastornos disociativos

  • Dolor crónico

  • Trastornos alimentarios

  • Adicciones (en combinación con otros enfoques)

En todos estos casos, el Modelo PAI ofrece una mirada integradora: detrás de cada síntoma puede haber una experiencia que no se integró correctamente y que puede ser reprocesada con éxito.

Reflexión final: la esperanza de un sistema que quiere sanar

El Modelo de Procesamiento Adaptativo de la Información no solo aporta una teoría sobre el trauma: ofrece una visión profundamente esperanzadora del ser humano. Nos dice que incluso cuando todo parece roto, hay una parte de nuestra mente que sigue buscando sanar, que no se rinde.

EMDR no implanta ideas ni borra recuerdos. Facilita que el propio sistema encuentre una vía hacia la integración. Y lo hace respetando el ritmo, la experiencia y la historia personal de cada individuo.

En un mundo donde muchas veces se medicaliza el sufrimiento o se tapa con distracciones, el modelo PAI y la terapia EMDR nos invitan a hacer algo revolucionario: mirar al trauma a los ojos, procesarlo con compasión y liberarlo para siempre.

Autor: Psicólogo Ignacio Calvo

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