El miedo al abandono es un temor intenso a que una persona importante se aleje, deje de querernos, pierda el interés o termine la relación. Puede manifestarse como ansiedad cuando alguien tarda en responder, necesidad constante de confirmación, celos, dificultad para poner límites, miedo a estar solo o, paradójicamente, tendencia a evitar relaciones profundas para no correr el riesgo de perderlas.

Sentir cierta inquietud ante la posibilidad de perder a alguien que queremos es normal. El problema aparece cuando esa posibilidad se convierte en una amenaza permanente y empezamos a organizar nuestra conducta alrededor de impedir que ocurra.

En ese momento podemos comenzar a vigilar señales de rechazo, interpretar pequeños cambios como indicios de una ruptura, pedir reiteradamente garantías de amor o renunciar a nuestras necesidades para conservar el vínculo.

El miedo al abandono puede relacionarse con experiencias infantiles y con determinados patrones de apego, pero no siempre tiene su origen en la infancia. Una ruptura traumática, una infidelidad, una relación imprevisible o una pérdida importante en la edad adulta también pueden desencadenarlo.

¿Qué es exactamente el miedo al abandono?

El miedo al abandono es una respuesta emocional ante la posibilidad, real o imaginada, de perder un vínculo significativo.

Puede referirse a diferentes experiencias:

  • Que nuestra pareja termine la relación.
  • Que alguien deje de querernos.
  • Que otra persona resulte más importante que nosotros.
  • Que una amistad se distancie.
  • Que una persona querida muera o desaparezca.
  • Que nuestra pareja necesite más independencia.
  • Que un conflicto termine provocando una ruptura.
  • Que expresar nuestras necesidades haga que alguien se aleje.

Conviene aclarar que expresiones como “síndrome del abandono” o “herida de abandono” son frecuentes en psicología divulgativa, pero no constituyen por sí mismas diagnósticos psicológicos reconocidos.

El miedo al abandono puede aparecer asociado a diferentes problemas o patrones psicológicos y también puede existir sin que haya ningún trastorno mental.

¿Cómo se comporta una persona con miedo al abandono?

No todas las personas reaccionan de la misma manera. Algunas intentan mantener a los demás extremadamente cerca; otras hacen justamente lo contrario y evitan implicarse demasiado.

Estas son algunas de las manifestaciones más habituales.

Necesidad constante de confirmación

La persona puede necesitar escuchar repetidamente que todo está bien, que sigue siendo querida o que la relación no está en peligro.

Puede preguntar con frecuencia:

“¿Te pasa algo conmigo?”, “¿sigues queriéndome?”, “¿estás enfadado?”, “¿seguro que estamos bien?”.

El problema no está en pedir afecto o aclaraciones. Eso es perfectamente legítimo. La dificultad aparece cuando ninguna respuesta consigue proporcionar seguridad durante mucho tiempo.

La confirmación produce alivio durante unos minutos o unas horas, pero posteriormente surge una nueva duda y es necesario volver a preguntar.

Hipervigilancia ante cualquier señal de distancia

Cuando existe miedo al abandono, el sistema emocional puede funcionar como un radar especialmente sensible a cualquier posible señal de rechazo.

Un mensaje más corto, una llamada no respondida, un cambio de tono, una tarde en la que nuestra pareja está menos comunicativa o la aparición de una nueva amistad pueden adquirir un significado enorme.

La mente intenta anticiparse al posible abandono:

“Está más distante. Algo ocurre. Puede que haya dejado de quererme.”

El problema es que una mente orientada a detectar amenazas tiende a encontrar precisamente aquello que está buscando.

Ansiedad cuando la otra persona necesita espacio

En una relación sana es normal que existan momentos de proximidad y momentos de autonomía.

Sin embargo, cuando existe miedo al abandono, la distancia física puede interpretarse automáticamente como distancia emocional.

Un viaje, unas vacaciones por separado, una tarde con amigos o simplemente unas horas sin mensajes pueden activar una ansiedad intensa.

Celos y comparaciones

También es frecuente compararse con exparejas, amistades, compañeros de trabajo o personas que aparecen en redes sociales.

Detrás de estas comparaciones suele existir una preocupación:

“¿Qué tiene esa persona que yo no tenga?”

Pero los celos no deben interpretarse siempre como un problema individual. Si existen mentiras, infidelidades anteriores, ambigüedad o incumplimiento de acuerdos, la inseguridad puede estar respondiendo a acontecimientos reales.

Una buena evaluación psicológica debe diferenciar entre el miedo generado fundamentalmente por interpretaciones internas y una relación que realmente está proporcionando poca seguridad.

Dificultad para poner límites

Para algunas personas decir “no” equivale emocionalmente a correr el riesgo de ser rechazadas.

Por eso pueden aceptar situaciones que no desean, evitar mostrar desacuerdo, ocultar sus necesidades o adaptarse constantemente a la otra persona.

La lógica implícita es:

“Si no creo problemas y consigo que esté contento conmigo, será menos probable que me deje.”

Intentar ser imprescindible

Otra estrategia consiste en cuidar excesivamente a los demás.

La persona resuelve problemas, está siempre disponible, renuncia a sus necesidades y se convierte en el principal apoyo de la pareja.

Cuidar no es problemático. Lo es cuando deja de ser una elección y se convierte en una forma de asegurarnos de que alguien nos necesita.

Permanecer en relaciones que hacen daño

El miedo a quedarse solo puede hacer que una persona permanezca en relaciones insatisfactorias, muy desequilibradas o incluso abusivas.

La pérdida se imagina como algo tan doloroso que el sufrimiento conocido parece más soportable que enfrentarse a una separación.

Cuando existen maltrato, violencia, intimidación o control coercitivo, no conviene interpretar el problema únicamente desde el miedo al abandono. La prioridad debe ser siempre la seguridad.

Conductas impulsivas para recuperar la cercanía

Ante la sensación de que una relación está amenazada pueden aparecer conductas de protesta: enviar muchos mensajes, provocar discusiones, amenazar con terminar, bloquear y desbloquear, retirar el afecto o intentar provocar celos.

En ocasiones estas conductas buscan obtener una señal inequívoca de que la otra persona sigue interesada.

Paradójicamente, pueden generar tensión y provocar precisamente el distanciamiento que se intentaba evitar.

Evitar las relaciones para no ser abandonado

No todas las personas con este miedo buscan proximidad excesiva.

Algunas desarrollan una aparente autosuficiencia: evitan comprometerse, mantienen cierta distancia emocional o rompen las relaciones cuando comienzan a sentirse vulnerables.

La estrategia puede resumirse así:

“Si no necesito demasiado a nadie, nadie podrá hacerme demasiado daño.”

Por eso una persona puede tener miedo al abandono y, al mismo tiempo, parecer muy independiente.

¿Cuáles son las causas del miedo al abandono?

No existe una única causa del miedo al abandono. Habitualmente intervienen varios factores relacionados con la historia personal, las experiencias de apego, las pérdidas, el temperamento y las relaciones actuales.

Cuidados afectivos imprevisibles durante la infancia

Cuando las figuras de cuidado responden algunas veces de manera cercana y otras de manera distante o imprevisible, el niño puede aprender que la disponibilidad de los demás no está garantizada.

Puede desarrollar una especial sensibilidad hacia cualquier señal que indique que el adulto se está alejando.

En la edad adulta, este aprendizaje puede aparecer como necesidad de confirmación, sensibilidad al rechazo o dificultad para confiar de forma estable en el vínculo.

Este funcionamiento se relaciona especialmente con lo que denominamos apego ansioso o ansioso-ambivalente.

Pérdidas o separaciones importantes

La muerte de una persona querida, separaciones familiares, hospitalizaciones prolongadas, migraciones u otras pérdidas pueden aumentar posteriormente la sensibilidad ante la posibilidad de nuevas separaciones.

Sin embargo, experimentar una pérdida durante la infancia no significa necesariamente desarrollar miedo al abandono. Influyen también la edad, el acompañamiento recibido, las explicaciones proporcionadas y la posibilidad de elaborar emocionalmente lo sucedido.

Abandono o negligencia emocional

No es necesario que alguien desaparezca físicamente para que exista una experiencia de abandono.

Un niño puede tener padres presentes y, sin embargo, experimentar poca disponibilidad emocional, escasa validación o una respuesta sistemáticamente negativa cuando expresa malestar.

Puede aprender entonces ideas como:

“Mis necesidades molestan”, “si muestro demasiado lo que siento me rechazarán” o “tengo que adaptarme para que me quieran”.

Rechazo, humillación o exclusión

El acoso escolar, el rechazo social, las críticas constantes o sentirse excluido de forma repetida también pueden contribuir a desarrollar una elevada sensibilidad ante el rechazo.

Rupturas sentimentales traumáticas

El miedo al abandono también puede aparecer por primera vez en la edad adulta.

Una infidelidad, una ruptura inesperada, el ghosting o una relación marcada por sucesivos acercamientos y desapariciones pueden hacer que nuevas relaciones se vivan desde la vigilancia.

Después de haber aprendido que una relación aparentemente segura puede terminar de forma brusca, el cerebro intenta anticiparse para evitar que vuelva a ocurrir.

Relaciones actuales imprevisibles

Este punto es especialmente importante.

No siempre existe únicamente una “herida interna”. A veces la relación presente es realmente inestable.

Una pareja que combina grandes demostraciones de afecto con desapariciones, amenazas de ruptura, engaños o cambios constantes de compromiso puede mantener activado el miedo.

La terapia no debe utilizarse para enseñar a alguien a tolerar indefinidamente una relación que objetivamente proporciona inseguridad.

Baja autoestima

Cuando una persona piensa que no es suficientemente valiosa, atractiva o interesante, puede asumir fácilmente que otra persona será preferible.

Por eso trabajar en mejorar la autoestima puede formar parte del tratamiento.

El objetivo no consiste en convencernos de que nadie nos abandonará, sino en desarrollar la confianza de que nuestro valor personal no depende de que una determinada relación continúe.

¿El miedo al abandono siempre procede de la infancia?

No.

Las experiencias infantiles pueden influir considerablemente en nuestra forma de vincularnos, pero atribuir automáticamente cualquier miedo al abandono a la infancia es una simplificación.

Una persona puede haber tenido relaciones familiares suficientemente seguras y desarrollar miedo después de una infidelidad, una relación abusiva, una pérdida inesperada o varias rupturas especialmente dolorosas.

También puede ocurrir lo contrario: haber vivido experiencias difíciles durante la infancia y desarrollar posteriormente relaciones adultas estables y seguras.

Por eso en terapia no preguntamos solamente “¿qué ocurrió durante tu infancia?”.

También necesitamos preguntarnos:

“¿Qué está ocurriendo actualmente y qué mantiene hoy este miedo?”

Miedo al abandono y apego ansioso

El miedo al abandono aparece frecuentemente asociado al apego ansioso.

Las investigaciones sobre apego adulto muestran que las personas con mayor ansiedad de apego tienden a experimentar más preocupación por la disponibilidad de las figuras significativas y pueden reaccionar con una mayor activación emocional ante situaciones que amenazan el vínculo.

Pero tener miedo a ser abandonado no significa automáticamente tener apego ansioso.

Los patrones de apego son dimensiones complejas y además pueden variar parcialmente según la relación y las experiencias posteriores.

Por otra parte, no deben considerarse etiquetas permanentes. Nuevas experiencias relacionales y la psicoterapia pueden favorecer formas de vinculación progresivamente más seguras.

Miedo al abandono en la pareja

Las relaciones amorosas suelen ser uno de los contextos en los que el miedo aparece con mayor intensidad porque implican proximidad, dependencia interpersonal y vulnerabilidad.

Una persona puede comenzar a interpretar cualquier cambio como amenaza:

“Está menos cariñoso”, “ya no me escribe como antes”, “prefiere estar con sus amigos”, “quizá se está cansando de mí”.

Cuando estos pensamientos generan mucha ansiedad, aparecen intentos de recuperar seguridad.

La persona pregunta, comprueba, reclama o busca más contacto. La pareja puede sentirse presionada y pedir espacio. Ese alejamiento aumenta todavía más el miedo inicial.

Así se forma un círculo:

distancia percibida → miedo → búsqueda urgente de seguridad → presión interpersonal → mayor distancia → confirmación aparente del miedo.

Comprender este ciclo es una de las claves del tratamiento.

Miedo al abandono y dependencia emocional: ¿son lo mismo?

No.

El miedo al abandono puede favorecer la dependencia emocional, pero no son conceptos idénticos.

Una persona puede tener miedo a perder a su pareja y mantener, aun así, amistades, proyectos propios, capacidad para establecer límites y una identidad relativamente independiente.

En la dependencia emocional, por el contrario, una parte muy importante de la autoestima, la estabilidad emocional y el sentido vital queda organizada alrededor de la relación.

El objetivo terapéutico tampoco consiste en alcanzar una independencia afectiva absoluta. Los seres humanos necesitamos relaciones.

Una vinculación saludable permite simultáneamente intimidad, apoyo, dependencia flexible y autonomía.

Miedo al abandono y trastorno límite de la personalidad

El miedo intenso al abandono puede aparecer en personas con trastorno límite de la personalidad (TLP), y los esfuerzos por evitar abandonos reales o imaginados forman parte de los criterios considerados en su evaluación clínica.

Pero es fundamental evitar una conclusión equivocada:

tener miedo al abandono no significa tener un trastorno límite de la personalidad.

El TLP es un patrón psicológico mucho más amplio que requiere valorar múltiples características, su persistencia, intensidad, aparición en diferentes situaciones y repercusión sobre el funcionamiento de la persona.

El miedo al abandono aislado puede aparecer en personas sin ningún trastorno de personalidad, en personas con apego inseguro, después de experiencias traumáticas o simplemente durante determinadas circunstancias vitales.

Por este motivo no es apropiado establecer un diagnóstico basándose únicamente en este síntoma.

¿Existe algún test para saber si tengo miedo al abandono?

No existe un “test del miedo al abandono” que permita establecer por sí solo un diagnóstico.

En psicología sí disponemos de instrumentos que evalúan variables relacionadas.

En población española, por ejemplo, se han desarrollado instrumentos para evaluar dimensiones del apego adulto y también escalas para valorar la ansiedad por separación en adultos.

Entre ellos se encuentran el Cuestionario de Apego Adulto desarrollado por Melero y Cantero y la Escala Abreviada para la Evaluación de la Ansiedad por Separación en Adultos (ASA-10).

No obstante, un cuestionario nunca debe interpretarse aisladamente.

La evaluación clínica debe analizar qué situaciones desencadenan el miedo, qué significado tienen para la persona, qué pensamientos aparecen, qué conductas se realizan para recuperar seguridad, cómo afecta a las relaciones y qué experiencias actuales o pasadas pueden estar influyendo.

Cómo superar el miedo al abandono

Superar el miedo al abandono no significa conseguir la certeza de que nunca perderemos a alguien. Esa garantía no existe.

El objetivo consiste en desarrollar suficiente seguridad emocional para relacionarnos sin que la posibilidad de una pérdida determine constantemente nuestras decisiones.

1. Diferenciar los hechos de las interpretaciones

Uno de los primeros aprendizajes consiste en distinguir lo que sabemos de lo que nuestra ansiedad está anticipando.

Hecho: “No ha respondido al mensaje desde hace dos horas”.

Interpretación: “Se está cansando de mí y me va a dejar”.

No necesitamos convencernos de que todo está perfectamente bien. Basta con reconocer que todavía no disponemos de información suficiente para conocer la explicación.

2. Aprender a regular la activación antes de actuar

Cuando aparece una amenaza de abandono, el impulso suele pedir una respuesta inmediata.

Escribir otro mensaje. Preguntar. Comprobar. Llamar. Discutir.

Aprender a reconocer la emoción y esperar antes de actuar permite recuperar capacidad de elección.

La respiración, el mindfulness y otras estrategias de regulación pueden ayudar, pero su objetivo no es eliminar instantáneamente la ansiedad.

Se trata de aprender que podemos experimentar miedo sin obedecer automáticamente cada impulso que genera.

3. Reducir la búsqueda compulsiva de seguridad

Preguntar a nuestra pareja cómo se encuentra la relación puede ser completamente saludable.

El problema surge cuando recibimos una respuesta clara y necesitamos volver a preguntar poco después.

En ese momento la confirmación deja de proporcionar información y pasa a funcionar como una estrategia para aliviar ansiedad.

Ese alivio inmediato puede reforzar el ciclo y hacer que cada vez necesitemos más garantías externas.

4. Aprender a tolerar cierta incertidumbre

Ningún vínculo interpersonal ofrece garantías absolutas.

Intentar conseguirlas mediante control, vigilancia o promesas constantes suele producir más ansiedad, no menos.

En terapia podemos trabajar gradualmente la tolerancia a pequeñas situaciones de incertidumbre: esperar antes de comprobar el teléfono, permitir espacios individuales, realizar actividades sin la pareja o no solucionar inmediatamente cada duda interpersonal.

5. Recuperar una identidad propia

Cuanto más concentrada esté toda nuestra seguridad emocional en una única persona, mayor será el miedo a perderla.

Por eso resulta importante recuperar amistades, intereses, decisiones propias, proyectos personales y espacios individuales.

Esto no significa alejarse de la pareja.

Significa conseguir que la relación forme parte de nuestra vida sin convertirse en toda nuestra vida.

6. Aprender a poner límites

Una relación segura debe poder tolerar diferencias.

Decir que algo nos ha molestado, expresar una necesidad o rechazar una petición no debería equivaler automáticamente a arriesgarnos a perder el vínculo.

Aprender asertividad ayuda a comprobar que el conflicto y el abandono son fenómenos diferentes.

7. Trabajar las experiencias que originaron el miedo

Cuando existe una historia de pérdidas, negligencia, experiencias traumáticas, infidelidad o relaciones abusivas, puede ser necesario procesar esas experiencias.

El objetivo no es olvidar lo sucedido.

Es conseguir que una experiencia anterior deje de funcionar como si siguiera ocurriendo cada vez que aparece una situación vagamente parecida.

Tratamiento psicológico del miedo al abandono

El tratamiento debe adaptarse a cada persona. No existe una única terapia específicamente diseñada para cualquier miedo al abandono.

Dependiendo de su origen y de los mecanismos que lo mantienen pueden emplearse diferentes intervenciones.

Terapia cognitivo-conductual

La terapia cognitivo-conductual puede ayudar a identificar las interpretaciones automáticas que convierten señales ambiguas en pruebas de abandono y a modificar las conductas que mantienen el miedo.

Trabajo desde la teoría del apego

Permite comprender cómo hemos aprendido a buscar seguridad en nuestras relaciones y reconocer los patrones que aparecen cuando sentimos amenazada una conexión importante.

Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT)

ACT permite trabajar de una manera diferente con pensamientos como “me va a dejar” o “no soportaría estar solo”.

No es necesario demostrar continuamente que esos pensamientos son falsos. Podemos aprender a reconocerlos como acontecimientos mentales y continuar actuando de acuerdo con valores como el respeto, el afecto, la autonomía y la honestidad.

EMDR y terapias centradas en el trauma

Cuando existen experiencias traumáticas relacionadas con abandono, negligencia, violencia, pérdidas o rupturas especialmente dolorosas, puede ser útil trabajar directamente con esos recuerdos y sus asociaciones emocionales.

Terapia de pareja

En determinadas situaciones también puede ser útil trabajar con ambos miembros de la pareja.

Especialmente cuando se ha desarrollado un círculo repetitivo en el que una persona busca cada vez más proximidad mientras la otra responde distanciándose.

La terapia puede ayudar a expresar necesidades sin recurrir al control y a pedir espacio sin responder mediante desapariciones, desprecio o amenazas.

¿Qué puede hacer la pareja de una persona con miedo al abandono?

La pareja no puede eliminar por sí sola el miedo, pero sí puede contribuir a crear un vínculo más previsible.

La comunicación clara, el cumplimiento de acuerdos y la capacidad de expresar la necesidad de espacio sin utilizar amenazas innecesarias pueden aportar seguridad.

Al mismo tiempo, validar el miedo no significa aceptar comprobaciones ilimitadas, control del teléfono, vigilancia o renuncia a los propios límites.

Una respuesta saludable podría ser:

“Entiendo que esta situación te esté generando inseguridad y podemos hablar de ella, pero necesito que también podamos respetar nuestros espacios.”

¿Cuándo conviene acudir a terapia?

Conviene consultar con un psicólogo cuando el miedo aparece con frecuencia, provoca un sufrimiento importante o comienza a condicionar nuestras relaciones.

Especialmente cuando necesitamos constantemente confirmación, aparecen discusiones repetidas por miedo a una ruptura, los celos deterioran la confianza, resulta muy difícil estar solo, renunciamos a necesidades importantes para conservar la relación o repetimos patrones similares con distintas parejas.

También conviene pedir ayuda cuando una experiencia de abandono, pérdida o ruptura anterior continúa activándose con mucha intensidad en el presente.

Terapia para el miedo al abandono en Ícaro Psicología

En Ícaro Psicología abordamos el miedo al abandono desde una perspectiva integradora, teniendo en cuenta tanto la historia de la persona como sus relaciones actuales y los mecanismos psicológicos que mantienen el problema.

Dependiendo de cada caso, el tratamiento puede incorporar terapia cognitivo-conductual, teoría del apego, Terapia de Aceptación y Compromiso, mindfulness, regulación emocional, EMDR y otros enfoques centrados en el trauma.

Nuestro objetivo no es conseguir que una persona deje de necesitar afecto o se vuelva completamente independiente.

Necesitar a los demás forma parte de nuestra naturaleza.

La meta es desarrollar una forma de vincularnos en la que podamos querer, confiar y necesitar sin vivir permanentemente pendientes de la posibilidad de perder al otro.

Una relación segura no es aquella en la que sabemos con certeza que nunca habrá una pérdida. Es aquella en la que podemos cuidar el vínculo, expresar nuestras necesidades, reconocer los problemas reales y mantener nuestra propia estabilidad incluso cuando aparece cierta incertidumbre.

Preguntas frecuentes sobre el miedo al abandono

¿Qué es la herida del abandono?

“Herida de abandono” es una expresión divulgativa utilizada para describir las consecuencias emocionales que determinadas experiencias de pérdida, rechazo, negligencia o falta de disponibilidad afectiva pueden dejar en una persona. No constituye un diagnóstico psicológico independiente.

¿Cuáles son los principales síntomas del miedo al abandono?

Los más frecuentes son ansiedad ante la distancia, necesidad constante de confirmación, hipervigilancia hacia señales de rechazo, celos, dificultad para poner límites, miedo a estar solo, conductas de control o, en algunas personas, evitación de la intimidad.

¿El miedo al abandono tiene siempre su origen en la infancia?

No. Puede relacionarse con experiencias tempranas de apego, pero también puede aparecer tras una ruptura traumática, una infidelidad, una pérdida importante o una relación adulta marcada por la inestabilidad.

¿Cómo saber si tengo miedo al abandono?

Puede existir un problema cuando la posibilidad de perder una relación genera una ansiedad desproporcionada y provoca conductas destinadas constantemente a impedir una separación: comprobar, pedir garantías, controlar, renunciar a necesidades propias o evitar la intimidad.

¿Existe un test del miedo al abandono?

No existe un test que permita diagnosticar por sí solo el miedo al abandono. Los psicólogos pueden utilizar entrevistas clínicas y cuestionarios sobre apego, ansiedad por separación y otras variables relacionadas para comprender mejor el patrón.

¿Tener miedo al abandono significa tener apego ansioso?

No necesariamente. Existe una relación frecuente entre ambos fenómenos, pero el miedo al abandono también puede aparecer después de pérdidas, rupturas, infidelidades o relaciones inseguras sin que exista un patrón general de apego ansioso.

¿Tener miedo al abandono significa tener TLP?

No. El miedo al abandono puede aparecer en el trastorno límite de la personalidad, pero un único síntoma nunca permite establecer este diagnóstico. Es necesaria una evaluación clínica global.

¿Se puede superar el miedo al abandono?

Sí. La intensidad del miedo puede reducirse considerablemente y es posible desarrollar relaciones más seguras. Superarlo no significa no experimentar nunca temor a perder a alguien, sino poder reconocer ese miedo y responder sin recurrir automáticamente al control, la sumisión, la comprobación constante o la huida.

¿Por qué me angustia tanto que mi pareja necesite espacio?

Porque la distancia puede haberse asociado psicológicamente con rechazo o pérdida. Una de las tareas terapéuticas consiste en aprender a diferenciar “mi pareja necesita espacio” de “mi pareja está abandonándome”.

Referencias bibliográficas

Melero, R., & Cantero, M. J. (2008). Los estilos afectivos en la población española: un cuestionario de evaluación del apego adulto. Clínica y Salud, 19(1), 83-100. Texto completo.

Ruiz-García, A., Jiménez, O., Resurrección, D. M., & Fenollar-Cortés, J. (2021). Escala abreviada para la evaluación de la ansiedad por separación en adultos (ASA-10) en población española. Revista Iberoamericana de Diagnóstico y Evaluación – e Avaliação Psicológica, 3(60), 133-143.

Yárnoz-Yaben, S., & Comino, P. (2011). Evaluación del apego adulto: análisis de la convergencia entre diferentes instrumentos. Acción Psicológica, 8(2), 67-85.

Gómez-Zapiain, J. (2009). Apego y sexualidad: entre el vínculo afectivo y el deseo sexual. Alianza Editorial.

Organización Mundial de la Salud. (2022). Clasificación Internacional de Enfermedades, 11.ª revisión (CIE-11). Organización Mundial de la Salud. Consulta en línea.

Autor: José Álvarez, psicólogo en Ícaro Psicología.

We use cookies

Usamos cookies en nuestro sitio web. Algunas de ellas son esenciales para el funcionamiento del sitio, mientras que otras nos ayudan a mejorar el sitio web y también la experiencia del usuario (cookies de rastreo). Puedes decidir por ti mismo si quieres permitir el uso de las cookies. Ten en cuenta que si las rechazas, puede que no puedas usar todas las funcionalidades del sitio web.