El miedo al rechazo es el temor intenso a no ser aceptado, querido, elegido o valorado por otras personas. Puede hacer que evitemos mostrar interés, expresar opiniones, poner límites, pedir ayuda o mostrarnos tal y como somos. Aunque sentir cierta preocupación ante el rechazo es completamente normal, se convierte en un problema cuando empezamos a organizar nuestra vida alrededor de evitarlo.

En algunas personas se manifiesta como timidez o evitación. En otras adopta formas menos evidentes: perfeccionismo, necesidad de agradar, dificultad para decir “no”, búsqueda constante de aprobación, dependencia emocional o incluso una aparente autosuficiencia.

Superar el miedo al rechazo no significa conseguir que deje de dolernos que alguien nos rechace. Significa poder tolerar esa posibilidad sin que determine nuestras decisiones, nuestra autoestima o la forma en la que nos relacionamos.

¿Qué es el miedo al rechazo?

El miedo al rechazo es la anticipación de que otra persona pueda criticarnos, excluirnos, dejar de querernos, no elegirnos o considerarnos insuficientes. El problema no suele estar únicamente en la posibilidad de recibir un “no”, sino en el significado que damos a esa respuesta.

Por ejemplo, ante una negativa pueden aparecer pensamientos como:

  • “Si no me elige, significa que no soy suficientemente bueno”.
  • “Si digo lo que pienso, dejarán de quererme”.
  • “Si me conoce de verdad, descubrirá que no valgo tanto”.
  • “Si cometo un error, perderán el respeto por mí”.
  • “Si pongo un límite, pensarán que soy egoísta”.
  • “Si alguien se aleja, tiene que haber algo malo en mí”.

Así, una experiencia concreta puede transformarse psicológicamente en un juicio global sobre uno mismo.

“Esta persona no quiere tener una relación conmigo” se convierte en “nadie me querrá”.

“No han seleccionado mi propuesta” se convierte en “soy incompetente”.

“No está de acuerdo conmigo” se convierte en “me rechaza como persona”.

Esta diferencia resulta fundamental para comprender por qué algunas personas pueden tolerar relativamente bien una negativa mientras que otras la experimentan como una amenaza intensa a su propia identidad.

¿Es normal tener miedo a ser rechazado?

Sí. Tener cierta sensibilidad al rechazo es normal. Las personas somos seres sociales y la necesidad de pertenecer y mantener vínculos significativos constituye una motivación humana muy importante.

Por eso es comprensible sentir nervios antes de:

  • invitar a alguien a salir;
  • acudir a una entrevista de trabajo;
  • entrar en un grupo nuevo;
  • defender una opinión;
  • pedir ayuda;
  • presentar una propuesta;
  • poner un límite;
  • mostrar nuestros sentimientos.

La cuestión clínica no es si existe miedo, sino cuánto condiciona nuestra conducta.

¿Cuándo el miedo al rechazo empieza a ser un problema?

Puede resultar problemático cuando:

  • evitas oportunidades importantes por miedo a recibir un “no”;
  • necesitas agradar constantemente;
  • te cuesta mucho expresar desacuerdo;
  • cambias de opinión para adaptarte a los demás;
  • tu autoestima depende excesivamente de la aprobación externa;
  • analizas durante horas lo que has dicho o hecho;
  • interpretas fácilmente gestos ambiguos como señales de rechazo;
  • necesitas comprobar repetidamente que los demás no están enfadados contigo;
  • permaneces en relaciones dañinas por miedo a quedarte solo;
  • la preocupación interfiere en tus relaciones, estudios o trabajo.

¿Cómo saber si tengo miedo al rechazo?

No siempre se manifiesta como timidez. Una persona puede parecer sociable, competente o independiente y, sin embargo, organizar gran parte de su comportamiento alrededor de evitar la desaprobación.

1. Necesitas agradar a casi todo el mundo

Intentas adaptar tu forma de hablar, comportarte o incluso pensar a aquello que crees que los demás esperan de ti.

Puedes asentir cuando no estás de acuerdo, aceptar planes que no quieres o reír comentarios que no te hacen gracia.

El problema no está en ser amable, sino en sentir que la aceptación de los demás depende de ocultar partes de ti mismo.

2. Te cuesta mucho decir “no”

Negarte a una petición puede activar pensamientos como:

  • “Se va a enfadar”.
  • “Voy a decepcionarle”.
  • “Ya no contará conmigo”.
  • “Pensará que soy egoísta”.

Por eso puedes terminar aceptando responsabilidades que no deseas o tolerando situaciones que sobrepasan tus límites.

Si este patrón te resulta familiar, puedes ampliar información en nuestro artículo sobre por qué cuesta decir “no” y cómo aprender a poner límites.

3. Buscas aprobación constantemente

Preguntas con frecuencia:

  • “¿Lo he hecho bien?”.
  • “¿Seguro que no estás enfadado?”.
  • “¿Te ha molestado lo que he dicho?”.
  • “¿Crees que les he caído bien?”.

La confirmación puede tranquilizar durante unos minutos, pero la duda vuelve a aparecer. Así se crea un ciclo en el que necesitamos cada vez más seguridad externa.

Este mecanismo se desarrolla con mayor profundidad en cómo dejar de necesitar constantemente la aprobación de los demás.

4. Analizas demasiado las conversaciones

Después de una interacción puedes reconstruir mentalmente cada detalle:

  • “¿Por qué he dicho eso?”.
  • “He debido parecer raro”.
  • “Seguro que se ha aburrido conmigo”.
  • “Tendría que haber contestado de otra manera”.

Esta rumiación posterior suele buscar certeza, pero frecuentemente genera todavía más inseguridad.

5. Interpretas señales ambiguas como rechazo

Una respuesta breve, una mirada seria, un mensaje que tarda en llegar o un cambio de tono pueden adquirir inmediatamente un significado negativo.

El hecho observable puede ser:

“Ha tardado cuatro horas en contestarme”.

Pero nuestra interpretación puede ser:

“Está perdiendo el interés por mí”.

Cuando existe una elevada sensibilidad al rechazo, la mente tiende a completar la información que falta utilizando precisamente aquello que más teme.

6. Intentas ser perfecto

El perfeccionismo también puede ser una estrategia interpersonal.

La lógica implícita es:

“Si no cometo errores, nadie tendrá motivos para criticarme o rechazarme”.

El problema es que ningún nivel de perfección puede garantizar la aceptación de los demás. Por eso esta estrategia suele generar más presión, no más seguridad.

7. Evitas mostrar interés

Algunas personas se protegen evitando dar el primer paso:

  • no envían un mensaje;
  • no proponen quedar;
  • no expresan interés romántico;
  • no piden una oportunidad profesional;
  • no cuentan algo personal.

De esta manera evitan una posible respuesta negativa, pero también eliminan la posibilidad de obtener una respuesta positiva.

8. Rechazas antes de poder ser rechazado

El miedo al rechazo no siempre produce acercamiento excesivo. También puede generar distancia.

Una persona puede mostrarse fría, terminar una relación cuando empieza a ser importante o fingir desinterés para protegerse de la vulnerabilidad.

La estrategia sería algo parecido a:

“Si me alejo primero, no podrán abandonarme”.

¿Por qué aparece el miedo al rechazo?

No existe una única causa del miedo al rechazo. Generalmente surge de la combinación de experiencias personales, aprendizaje, características emocionales y circunstancias actuales.

Experiencias de crítica o rechazo

Crecer recibiendo críticas frecuentes, comparaciones, burlas o mensajes de desaprobación puede favorecer la idea de que la aceptación depende de cumplir determinadas expectativas.

La persona puede aprender reglas como:

  • “Tengo que hacerlo todo bien”.
  • “No debo molestar”.
  • “No debo mostrar debilidad”.
  • “Tengo que ser útil para que me quieran”.

Afecto percibido como condicionado

Cuando una persona siente que recibe cariño fundamentalmente cuando cumple determinadas expectativas, puede aprender a priorizar lo que los demás quieren frente a sus propias necesidades.

Acoso escolar, humillaciones o exclusión social

El bullying, las burlas, la discriminación o experiencias repetidas de exclusión pueden aumentar posteriormente la vigilancia ante cualquier posible señal de rechazo.

Rupturas o relaciones sentimentales dolorosas

Una infidelidad, una ruptura inesperada, el abandono emocional o una relación marcada por críticas pueden favorecer generalizaciones del tipo:

“Si ocurrió una vez, volverá a ocurrir”.

Autoestima muy dependiente de la valoración externa

Cuando nuestro valor personal depende excesivamente de cómo reaccionan los demás, cualquier negativa puede sentirse como una evaluación global de quiénes somos.

Apego inseguro

Las experiencias relacionales pueden influir en la forma en que buscamos cercanía y seguridad emocional.

En algunos patrones de apego aparece una elevada vigilancia ante posibles señales de distancia; en otros, la persona protege su vulnerabilidad evitando depender emocionalmente de los demás.

Puedes ampliar esta cuestión en nuestro artículo sobre apego inseguro y cómo trabajarlo en terapia.

Entornos actuales realmente críticos

Existe una precisión importante: no todo miedo al rechazo es irracional.

Algunas personas viven actualmente en relaciones, familias o ambientes laborales donde realmente se ridiculizan las diferencias, se castiga poner límites o se utiliza la retirada de afecto como mecanismo de control.

En estos casos, la terapia no debería limitarse a intentar cambiar la interpretación de la persona. También puede ser necesario evaluar el contexto, establecer límites o reconsiderar determinados vínculos.

¿Qué es la sensibilidad al rechazo?

La sensibilidad al rechazo es la tendencia a esperar ansiosamente el rechazo, detectarlo con facilidad y reaccionar intensamente ante posibles señales de exclusión o desaprobación.

Cuando esta sensibilidad es elevada, pueden ocurrir tres cosas:

  1. Esperamos que el rechazo ocurra.
  2. Interpretamos señales ambiguas como pruebas de rechazo.
  3. Reaccionamos intensamente ante esas señales.

Esto puede crear una especie de profecía interpersonal.

Imaginemos que nuestra pareja responde de forma especialmente breve a un mensaje. Podemos interpretar inmediatamente que está enfadada, enviar varios mensajes preguntando qué ocurre y mostrar irritación ante la falta de respuesta.

La otra persona se siente presionada y se distancia.

Finalmente interpretamos esa distancia como:

“Lo sabía. Se está alejando de mí”.

El miedo inicial no solo ha interpretado la relación: también ha influido en ella.

¿Cuál es la diferencia entre miedo al rechazo, miedo al abandono y ansiedad social?

Problema Miedo principal Situación habitual
Miedo al rechazo No ser aceptado, elegido o valorado Relaciones, trabajo, amistades, opiniones, citas
Miedo al abandono Perder un vínculo significativo Especialmente relaciones afectivas ya establecidas
Ansiedad social Ser observado, evaluado negativamente o hacer el ridículo Conversaciones, grupos, reuniones y situaciones de desempeño

Los tres fenómenos pueden coexistir, pero no son exactamente lo mismo.

Por ejemplo, una persona puede desenvolverse perfectamente hablando en público y, sin embargo, sentir un enorme miedo a expresar interés sentimental. Otra puede no temer especialmente el abandono de sus relaciones cercanas pero experimentar intensa ansiedad social ante desconocidos.

¿Por qué el miedo al rechazo se mantiene?

Uno de los mecanismos más importantes es la evitación.

  1. Aparece una situación con posibilidad de evaluación.
  2. Pensamos que podemos ser rechazados.
  3. Aparecen ansiedad, vergüenza o inseguridad.
  4. Evitamos la situación o utilizamos estrategias para protegernos.
  5. Sentimos alivio.
  6. No descubrimos qué habría ocurrido sin esas estrategias.
  7. La próxima vez volvemos a sentir miedo.

Entre las llamadas conductas de seguridad pueden aparecer:

  • preparar mentalmente cada conversación;
  • revisar un mensaje numerosas veces;
  • hablar poco para no equivocarse;
  • pedir disculpas constantemente;
  • vigilar las expresiones de los demás;
  • evitar discrepancias;
  • buscar confirmación después de una conversación;
  • intentar resultar siempre útil;
  • utilizar el móvil para evitar interactuar.

Estas estrategias funcionan a corto plazo porque reducen la ansiedad. Sin embargo, pueden impedir desarrollar una experiencia más importante:

“Puedo mostrarme como soy y afrontar la incertidumbre sobre cómo responderán los demás”.

¿Cómo se supera el miedo al rechazo en terapia?

El tratamiento psicológico no pretende garantizar que nadie vuelva a rechazarnos. Pretende aumentar nuestra capacidad para tolerar la desaprobación, reducir la evitación y construir una autoestima menos dependiente de las respuestas externas.

El trabajo concreto depende de cada caso.

1. Comprender qué significa el rechazo para esa persona

En terapia se analiza:

  • qué situaciones activan el miedo;
  • qué pensamos que ocurrirá;
  • qué significado tendría recibir un “no”;
  • qué emociones aparecen;
  • cómo reaccionamos;
  • qué hacemos para protegernos;
  • qué experiencias anteriores pueden estar influyendo.

Dos personas pueden evitar hablar en una reunión por razones completamente diferentes.

Una puede pensar:

“Voy a quedarme en blanco”.

Otra:

“Si digo algo absurdo, dejarán de respetarme”.

Comprender esta diferencia permite individualizar el tratamiento.

2. Diferenciar rechazo y valor personal

Uno de los cambios más importantes consiste en separar una respuesta externa de nuestra identidad.

  • “No me han seleccionado” ≠ “soy incompetente”.
  • “No quiere salir conmigo” ≠ “nadie puede quererme”.
  • “No está de acuerdo conmigo” ≠ “me desprecia”.
  • “Mi límite le ha molestado” ≠ “poner límites está mal”.

No se trata de pensar positivamente, sino de construir interpretaciones más precisas.

3. Trabajar pensamientos automáticos

Desde enfoques cognitivo-conductuales pueden identificarse patrones como:

  • lectura de mente: “seguro que piensa que soy aburrido”;
  • catastrofismo: “si me rechaza será insoportable”;
  • generalización: “me rechazó una persona, siempre me ocurrirá”;
  • personalización: “está serio por algo que he hecho”;
  • pensamiento dicotómico: “o les encanto o soy un fracaso”.

El objetivo no consiste en sustituirlos por pensamientos artificialmente positivos, sino en ganar flexibilidad para considerar explicaciones alternativas.

4. Exposición gradual

Evitar sistemáticamente aquello que tememos mantiene el miedo. Por ello, cuando está indicado, puede utilizarse exposición progresiva a situaciones de evaluación, discrepancia o posible negativa.

Por ejemplo:

  1. expresar una preferencia sencilla;
  2. hacer una pequeña petición;
  3. enviar un mensaje sin revisarlo cinco veces;
  4. mostrar desacuerdo;
  5. decir “no”;
  6. pedir ayuda;
  7. participar en una reunión;
  8. invitar a alguien a realizar una actividad;
  9. presentar una propuesta profesional;
  10. mostrar interés afectivo sin conocer previamente la respuesta.

El aprendizaje importante no es únicamente descubrir que muchas veces no somos rechazados.

También es comprobar:

“Puedo recibir una negativa, sentir malestar y continuar adelante”.

5. Reducir las conductas de seguridad

La exposición resulta más útil cuando progresivamente dejamos de utilizar las estrategias que nos hacen atribuir el éxito a nuestra protección.

Por ejemplo:

  • hablar sin memorizar cada frase;
  • dejar de pedir perdón cuando no hemos hecho nada incorrecto;
  • tolerar silencios;
  • no comprobar inmediatamente si alguien está enfadado;
  • expresar desacuerdo sin justificarlo durante diez minutos.

6. Aprender asertividad y límites

La asertividad permite expresar deseos, necesidades y opiniones respetando tanto a los demás como a nosotros mismos.

Frases aparentemente sencillas pueden constituir un importante trabajo terapéutico:

  • “No puedo hacerlo esta vez”.
  • “Prefiero otro plan”.
  • “No estoy de acuerdo”.
  • “Ese comentario me ha molestado”.
  • “Necesito pensarlo antes de responder”.

La clave está en comprender que poner un límite no garantiza que el otro vaya a reaccionar bien.

La seguridad psicológica consiste precisamente en aprender que podemos soportar cierto desacuerdo sin abandonar automáticamente nuestras necesidades.

7. Trabajar desde la Terapia de Aceptación y Compromiso

La Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) puede ser especialmente útil cuando dedicamos una enorme cantidad de energía a intentar eliminar pensamientos y emociones antes de actuar.

En lugar de esperar:

“Cuando deje de tener miedo, mostraré interés”.

El trabajo puede dirigirse hacia:

“Puedo sentir miedo y, aun así, actuar de acuerdo con aquello que me importa”.

Esto permite orientar nuestra conducta hacia valores como:

  • autenticidad;
  • intimidad;
  • amistad;
  • crecimiento;
  • participación;
  • respeto;
  • autonomía.

El objetivo no es conseguir primero una seguridad absoluta. Es poder vivir sin esperar permanentemente a sentirla.

8. Construir una autoestima menos dependiente de la aprobación

Una autoestima saludable no consiste en pensar que somos extraordinarios.

Consiste, entre otras cosas, en que nuestro valor no desaparezca cada vez que:

  • nos equivocamos;
  • alguien nos critica;
  • una relación termina;
  • no obtenemos un trabajo;
  • alguien no corresponde a nuestro interés.

9. Trabajar la autocompasión

Cuando sufrimos un rechazo podemos añadir una segunda capa de sufrimiento mediante la autocrítica.

Por ejemplo:

“Era evidente. ¿Quién iba a querer estar conmigo?”.

Una respuesta más autocompasiva podría ser:

“Esto me ha dolido porque era importante para mí. Puedo sentir esta decepción sin convertirla en una definición de quién soy”.

Autocompasión no significa evitar responsabilidades ni convencernos de que nunca hacemos nada mal. Significa no transformar cada error o rechazo en un ataque contra nuestra identidad.

10. Procesar experiencias previas cuando sea necesario

Cuando existe una historia de acoso, humillación, negligencia emocional, abandono o experiencias traumáticas, puede resultar necesario abordar esas experiencias directamente.

Dependiendo del caso, el psicólogo puede valorar intervenciones centradas en trauma, EMDR u otros procedimientos integrados dentro de un tratamiento individualizado.

¿Qué puedo hacer para empezar a superar el miedo al rechazo?

Ejercicio 1. Diferencia hechos e interpretaciones

Cuando notes miedo, escribe dos columnas.

Hecho: “Ha leído el mensaje y no ha contestado”.

Interpretación: “Ya no quiere hablar conmigo”.

Pregúntate después:

¿Qué otras explicaciones son compatibles con los mismos hechos?

Ejercicio 2. Detecta tus conductas de seguridad

Durante una semana observa si:

  • revisas excesivamente mensajes;
  • pides perdón sin necesidad;
  • buscas aprobación;
  • ocultas opiniones;
  • evitas mostrar interés;
  • te justificas excesivamente.

No necesitas eliminarlas todas inmediatamente. Primero aprende a reconocerlas.

Ejercicio 3. Practica pequeños desacuerdos

Empieza en situaciones de bajo riesgo:

  • elige una película diferente;
  • propón otro restaurante;
  • di que una fecha no te viene bien;
  • expresa una preferencia distinta.

Después observa qué ocurre realmente.

Ejercicio 4. Practica recibir pequeños “no”

Haz peticiones razonables cuya respuesta no puedas controlar.

El objetivo no consiste en obtener lo que quieres, sino en aprender que una negativa genera incomodidad, no una catástrofe.

Ejercicio 5. Pregúntate qué harías sin poder controlar la opinión de los demás

Ante una decisión puedes preguntarte:

“Si supiera que no puedo controlar completamente lo que los demás piensen de mí, ¿qué elección sería más coherente con mis valores?”

¿Qué no suele ayudar a superar el miedo al rechazo?

  • Intentar gustar a todo el mundo: es imposible garantizar la aprobación universal.
  • Evitar cualquier crítica: refuerza la idea de que no podríamos soportarla.
  • Analizar permanentemente lo que otros piensan: aumenta la vigilancia sin proporcionar certeza.
  • Repetirse afirmaciones poco creíbles: no es necesario convencerse de que “todo el mundo me quiere”.
  • Convertirse en completamente autosuficiente: superar el miedo al rechazo no significa dejar de necesitar vínculos.
  • Exponerse de golpe a la situación más difícil: suele resultar preferible un trabajo gradual y planificado.

¿Cuándo acudir a terapia por miedo al rechazo?

Puede ser recomendable consultar con un psicólogo cuando el miedo al rechazo empieza a limitar significativamente tus relaciones, decisiones o calidad de vida.

Especialmente si:

  • evitas relaciones u oportunidades importantes;
  • vives pendiente de la opinión de los demás;
  • te resulta extremadamente difícil poner límites;
  • una crítica altera intensamente tu autoestima;
  • rumias durante horas después de las conversaciones;
  • necesitas confirmación constante;
  • permaneces en relaciones dañinas por miedo a estar solo;
  • el perfeccionismo provoca bloqueo o agotamiento;
  • experiencias antiguas de rechazo siguen condicionando tu presente.

¿Se puede superar realmente el miedo al rechazo?

Sí, puede reducirse significativamente hasta dejar de dirigir nuestra conducta.

Esto no significa convertirnos en personas indiferentes ni conseguir que una ruptura, una crítica o una negativa dejen de doler.

Significa desarrollar la capacidad de pensar:

“Preferiría que me aceptaran, pero no necesito garantizarlo para poder expresarme, relacionarme y tomar decisiones”.

Esta distinción cambia profundamente nuestra relación con el miedo.

Terapia para el miedo al rechazo en Ícaro Psicología

En Ícaro Psicología realizamos una evaluación individualizada para comprender qué factores están detrás del miedo al rechazo de cada persona.

Dependiendo del caso, el tratamiento puede integrar procedimientos de terapia cognitivo-conductual, Terapia de Aceptación y Compromiso, mindfulness, entrenamiento en asertividad, trabajo con autoestima y apego y, cuando existe una historia relevante de experiencias traumáticas, técnicas específicas orientadas al trauma.

El objetivo de la terapia no es conseguir que nunca vuelvas a sentir miedo al rechazo. Es que puedas relacionarte, expresar tus necesidades, poner límites y buscar aquello que deseas sin necesitar controlar permanentemente cómo responderán los demás.

Puedes realizar terapia presencial en nuestros centros de Madrid o valorar la modalidad de terapia psicológica online.

Preguntas frecuentes sobre el miedo al rechazo

¿El miedo al rechazo es un trastorno psicológico?

No necesariamente. El miedo al rechazo es una experiencia humana y no constituye por sí mismo un diagnóstico. Puede, sin embargo, aparecer asociado a problemas como ansiedad social, dificultades de autoestima, determinados patrones de apego o experiencias traumáticas.

¿Por qué me afecta tanto que alguien no me responda?

Porque la ausencia de respuesta genera incertidumbre. Cuando existe una elevada sensibilidad al rechazo, la mente puede interpretar esa incertidumbre utilizando la hipótesis más amenazante: “está enfadado”, “ya no le intereso” o “he hecho algo mal”.

¿El miedo al rechazo se debe a una baja autoestima?

No siempre, aunque pueden estar relacionados. Una autoestima muy dependiente de la aprobación hace que una negativa resulte especialmente amenazante. Pero también pueden presentar miedo al rechazo personas seguras en otras áreas que han vivido experiencias concretas de humillación, abandono o exclusión.

¿El miedo al rechazo es lo mismo que la timidez?

No. Una persona tímida puede necesitar más tiempo para sentirse cómoda en determinadas situaciones sin interpretar necesariamente la interacción como una amenaza. El miedo al rechazo se refiere específicamente a la preocupación por no ser aceptado, elegido o valorado.

¿Por qué intento agradar siempre a los demás?

Complacer puede funcionar como una estrategia para reducir el riesgo de conflicto, crítica o abandono. El problema aparece cuando mantener la aceptación de los demás exige renunciar repetidamente a nuestras propias necesidades.

¿Poner límites puede hacer que algunas personas se alejen?

Sí. No podemos garantizar que todo el mundo acepte nuestros límites. Parte del trabajo psicológico consiste precisamente en aprender que una relación saludable no debería depender sistemáticamente de renunciar a nuestras necesidades para impedir que la otra persona se marche.

¿La exposición significa buscar deliberadamente que me rechacen?

No. La exposición psicológica consiste en afrontar progresivamente situaciones que evitábamos por miedo, aceptando que la respuesta de los demás no puede controlarse completamente. No consiste en buscar humillaciones ni exponerse a situaciones peligrosas.

¿Cuánto tiempo se tarda en superar el miedo al rechazo?

No existe un plazo universal. Dependerá de la intensidad del miedo, cuánto tiempo lleva presente, la cantidad de situaciones evitadas, la existencia de problemas asociados y las experiencias personales que hayan contribuido a desarrollarlo.

¿La terapia online sirve para trabajar el miedo al rechazo?

Sí. Muchos de los componentes del tratamiento —evaluación, trabajo cognitivo, ACT, planificación de exposiciones, entrenamiento en asertividad y revisión de situaciones reales— pueden trabajarse mediante terapia online. La elección entre modalidad presencial u online debe adaptarse a cada persona.

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Autor: Psicólogo José Álvarez

Director de Ícaro Psicología. Psicólogo colegiado M-25.234. Licenciado en Psicología por la Universidad Complutense de Madrid y psicólogo con más de 20 años de experiencia profesional. Formación en psicoterapia integradora, Terapia Gestalt, modelo sistémico-relacional, trauma y EMDR, mindfulness, teoría del apego y otros enfoques aplicados a la psicoterapia.

Este artículo tiene carácter divulgativo y no sustituye una evaluación psicológica individualizada.

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