La hiperventilación por ansiedad es una reacción frecuente durante los episodios de ansiedad intensa, las crisis de pánico o los periodos prolongados de estrés. Puede producir sensaciones físicas muy llamativas: mareo, hormigueo, sensación de falta de aire, presión en el pecho, palpitaciones, visión extraña o incluso la impresión de que vamos a desmayarnos.

Estas sensaciones pueden resultar especialmente desconcertantes porque parece existir una contradicción: respiramos más, pero sentimos que nos falta el aire.

Sin embargo, la hiperventilación no suele aparecer porque esté entrando poco oxígeno en el organismo. El problema está principalmente en que respiramos más rápido o más profundamente de lo que el cuerpo necesita, alterando temporalmente el equilibrio de dióxido de carbono (CO₂) en la sangre.

Comprender este mecanismo es importante porque permite interpretar correctamente las sensaciones y romper el círculo entre ansiedad, respiración, síntomas físicos y miedo.

¿Qué es la hiperventilación?

Hiperventilar significa que la ventilación pulmonar supera las necesidades metabólicas del organismo.

Puede ocurrir porque respiramos:

  • demasiado rápido;
  • demasiado profundamente;
  • combinando ambas cosas;
  • o manteniendo durante bastante tiempo una respiración ligeramente excesiva sin ser conscientes de ello.

No siempre se manifiesta como una respiración espectacularmente acelerada. Algunas personas realizan respiraciones profundas repetidas, suspiran constantemente, bostezan o sienten la necesidad de “llenar completamente los pulmones”.

Durante un episodio de ansiedad este patrón respiratorio puede modificarse y provocar una eliminación excesiva de CO₂. Esta reducción genera cambios fisiológicos transitorios capaces de explicar buena parte de los síntomas asociados a la hiperventilación.

¿Por qué la ansiedad provoca hiperventilación?

La ansiedad activa los sistemas de respuesta del organismo frente a posibles amenazas. Nuestro cerebro prepara al cuerpo para reaccionar: aumenta la activación fisiológica, cambia el ritmo cardíaco, incrementa la tensión muscular y puede alterar la respiración.

Desde una perspectiva evolutiva, esta respuesta tiene sentido. Si realmente tuviéramos que escapar de un peligro, nuestros músculos necesitarían aumentar rápidamente su actividad.

El problema aparece cuando la respuesta de alarma se activa ante situaciones que no requieren una reacción física intensa.

Puede ocurrir, por ejemplo, ante:

  • una preocupación;
  • una sensación corporal;
  • una situación social;
  • conducir;
  • viajar en transporte público;
  • entrar en un lugar concurrido;
  • pensar que podemos sufrir una crisis de ansiedad;
  • notar nuestro propio corazón.

El organismo se prepara para actuar aunque físicamente permanezcamos quietos.

Además, cuando una persona tiene miedo a sus propias sensaciones de ansiedad puede comenzar a vigilar constantemente su respiración.

Pueden aparecer pensamientos como:

“¿Estoy respirando bien?”

“¿Por qué no puedo llenar los pulmones?”

“Necesito respirar más profundamente.”

“Me estoy quedando sin aire.”

Paradójicamente, intentar introducir continuamente más aire puede aumentar todavía más la hiperventilación.

¿Qué ocurre en el cuerpo cuando hiperventilamos?

Una de las ideas más importantes para comprender este fenómeno es que hiperventilar no significa necesariamente tener poco oxígeno.

En muchas situaciones relacionadas con la ansiedad, la persona está respirando suficientemente, pero elimina CO₂ demasiado deprisa.

Al disminuir la concentración de dióxido de carbono se producen cambios temporales en el equilibrio ácido-base de la sangre y en determinados procesos vasculares y neuromusculares.

Esto puede provocar:

  • mareo;
  • sensación de inestabilidad;
  • hormigueo;
  • entumecimiento;
  • tensión muscular;
  • visión borrosa o extraña;
  • sensación de irrealidad;
  • palpitaciones;
  • presión torácica.

Estas sensaciones son reales. Que estén relacionadas con la ansiedad no significa que sean imaginarias. Existen mecanismos fisiológicos que pueden explicarlas.

Síntomas de la hiperventilación por ansiedad

La hiperventilación puede producir síntomas diferentes dependiendo de cada persona.

Sensación de falta de aire

Es probablemente uno de los síntomas más desconcertantes.

La persona puede sentir:

  • que el aire no entra;
  • que la respiración se queda a medias;
  • que necesita bostezar;
  • que necesita suspirar;
  • que no consigue completar una inspiración satisfactoria.

Esto suele provocar un comportamiento aparentemente lógico: intentar realizar inspiraciones cada vez mayores.

Sin embargo, repetir constantemente grandes inspiraciones puede mantener el patrón de hiperventilación.

Mareo e inestabilidad

La disminución del CO₂ puede provocar una sensación de mareo, ligereza en la cabeza o inestabilidad.

La persona puede interpretar inmediatamente:

“Voy a desmayarme.”

Este pensamiento aumenta la ansiedad y puede acelerar todavía más la respiración.

Hormigueo en manos, pies o alrededor de la boca

El hormigueo es otro síntoma frecuente.

Puede aparecer en:

  • dedos;
  • manos;
  • brazos;
  • pies;
  • piernas;
  • cara;
  • labios.

Cuando la persona desconoce el mecanismo de la hiperventilación puede interpretar estas sensaciones como señales de un problema neurológico o cardiovascular.

Presión u opresión en el pecho

La ansiedad puede producir simultáneamente cambios respiratorios y tensión en la musculatura del tórax.

Por ello pueden aparecer:

  • presión;
  • pinchazos;
  • sensación de peso;
  • dificultad subjetiva para expandir el pecho.

La interpretación de estas sensaciones como una amenaza puede intensificar rápidamente el miedo.

Palpitaciones o taquicardia

Durante la respuesta de ansiedad también puede aumentar la frecuencia cardíaca.

Notar simultáneamente respiración extraña, mareo y palpitaciones puede resultar especialmente alarmante.

Si este es uno de tus síntomas predominantes, puede resultarte útil nuestro artículo sobre taquicardias por ansiedad y cómo superarlas.

Sensación de irrealidad

Algunas personas experimentan desrealización o despersonalización.

Pueden describirlo como:

  • “todo parece extraño”;
  • “parece que estoy dentro de una película”;
  • “me siento desconectado”;
  • “mi cuerpo parece diferente”;
  • “siento que no soy yo”.

Estas experiencias pueden aparecer durante estados de ansiedad intensa y, aunque resulten desagradables, no implican necesariamente que la persona esté perdiendo el control mental.

El círculo de la hiperventilación y la ansiedad

Uno de los mecanismos psicológicos más importantes es el círculo de retroalimentación entre las sensaciones físicas y la interpretación de peligro.

Ansiedad → cambio en la respiración → hiperventilación → sensaciones físicas → interpretación catastrófica → más miedo → mayor hiperventilación.

Por ejemplo, una persona nota cierta dificultad respiratoria y piensa:

“Me estoy quedando sin aire.”

Intenta respirar profundamente.

Aumenta la eliminación de CO₂.

Aparece mareo.

Entonces piensa:

“Algo grave está pasando.”

Su ansiedad aumenta y comienza a respirar todavía más rápido.

Aparecen hormigueo y palpitaciones.

Ahora interpreta:

“Voy a desmayarme o me está dando algo.”

La respuesta de alarma aumenta todavía más.

Este mecanismo puede desarrollarse en pocos minutos y convertirse en una crisis de pánico.

Hiperventilación y ataques de pánico

La hiperventilación puede aparecer durante los ataques de pánico, aunque no todas las crisis de pánico implican necesariamente una hiperventilación marcada.

Durante una crisis pueden aparecer:

  • miedo intenso;
  • taquicardia;
  • sensación de ahogo;
  • temblores;
  • sudoración;
  • presión torácica;
  • mareo;
  • náuseas;
  • hormigueo;
  • escalofríos o sensación de calor;
  • desrealización;
  • miedo a perder el control;
  • miedo a morir.

En Ícaro Psicología puedes encontrar información específica sobre el trastorno de angustia y los ataques de pánico.

Después de una crisis intensa puede aparecer además el denominado miedo al miedo: la persona deja de temer únicamente una determinada situación y comienza a temer la posibilidad de volver a experimentar esas mismas sensaciones.

“No puedo respirar profundamente”: una sensación frecuente en la ansiedad

Muchas personas con ansiedad describen una experiencia muy concreta:

“Intento respirar profundamente, pero siento que el aire no llega hasta el final.”

Entonces realizan otra inspiración profunda.

Después otra.

Quizá bostezan o suspiran buscando una respiración que resulte completamente satisfactoria.

Cuando finalmente consiguen una inspiración que perciben como “completa”, sienten alivio durante unos segundos.

Pero posteriormente vuelve la necesidad de repetirla.

Así puede aparecer un patrón de comprobación respiratoria.

Cuanto más intentamos controlar una función que normalmente funciona automáticamente, más conscientes podemos hacernos de cualquier pequeña irregularidad.

Suspirar constantemente por ansiedad

Los suspiros repetidos también pueden formar parte de este problema.

Suspirar ocasionalmente es completamente normal. Sin embargo, algunas personas con ansiedad comienzan a hacerlo constantemente porque sienten que necesitan “meter más aire”.

Cada suspiro produce un pequeño alivio.

Ese alivio puede reforzar el comportamiento:

sensación desagradable → suspiro → alivio → nueva sensación → nuevo suspiro.

Con el tiempo puede desarrollarse una atención excesiva hacia la respiración.

¿Puede la hiperventilación provocar un desmayo?

El mareo producido por la hiperventilación puede generar una sensación muy convincente de que vamos a perder el conocimiento.

Sin embargo, sentir que vamos a desmayarnos y desmayarnos realmente no son lo mismo.

Durante muchas crisis de ansiedad existe una elevada activación fisiológica y la persona permanece consciente a pesar de experimentar un intenso mareo.

Esto no significa que un desmayo real deba atribuirse automáticamente a la ansiedad. Si existe pérdida de conocimiento, especialmente si es nueva, recurrente o no tiene una explicación conocida, es recomendable realizar una valoración médica.

¿La hiperventilación por ansiedad es peligrosa?

En el contexto habitual de la ansiedad, la hiperventilación suele ser transitoria y reversible.

No obstante, no debemos asumir que cualquier dificultad respiratoria es ansiedad.

Los síntomas respiratorios pueden aparecer también por problemas médicos, incluidos determinados trastornos respiratorios o cardiovasculares.

Es especialmente importante consultar con un profesional sanitario cuando:

  • los síntomas aparecen por primera vez y son intensos;
  • existe dolor torácico importante o diferente al habitual;
  • hay pérdida de conocimiento;
  • aparece una dificultad respiratoria intensa;
  • los síntomas ocurren durante un esfuerzo físico;
  • existen antecedentes cardiovasculares o respiratorios relevantes;
  • el patrón habitual de síntomas ha cambiado;
  • existen dudas razonables sobre su origen.

Una vez descartadas las causas médicas relevantes, comprender el papel de la ansiedad permite trabajar psicológicamente sobre el problema.

¿Qué hacer cuando estás hiperventilando por ansiedad?

El objetivo no debería consistir en conseguir inmediatamente una “respiración perfecta”. De hecho, perseguir constantemente una respiración perfecta puede convertirse en parte del problema.

1. Identifica lo que está ocurriendo

Puedes recordar:

“Mi respiración se ha acelerado porque estoy ansioso. Estas sensaciones pueden estar relacionadas con la hiperventilación.”

Comprender lo que ocurre reduce la interpretación catastrófica.

2. Evita intentar llenar continuamente los pulmones

Si realizas inspiraciones profundas repetidamente para comprobar que puedes respirar, puedes estar manteniendo involuntariamente el problema.

En lugar de buscar grandes bocanadas de aire, permite que la respiración vaya recuperando gradualmente un patrón más tranquilo.

3. Reduce suavemente el ritmo respiratorio

Puede ayudar realizar una respiración cómoda, relativamente lenta y sin forzar.

La clave no consiste en introducir enormes cantidades de aire, sino en permitir una respiración suave y natural.

4. Evita comprobar continuamente la respiración

Preguntarte repetidamente si estás respirando correctamente mantiene la atención centrada en las sensaciones corporales.

Puede ser útil dirigir progresivamente la atención hacia elementos externos:

  • una conversación;
  • los objetos que tienes delante;
  • los sonidos del entorno;
  • una actividad concreta.

5. Permite las sensaciones

Intentar eliminar inmediatamente cada sensación puede transmitir implícitamente al cerebro el mensaje de que esa sensación es peligrosa.

Una alternativa terapéutica consiste en aprender a experimentar determinadas sensaciones sin interpretarlas automáticamente como amenazas.

¿Es recomendable respirar dentro de una bolsa de papel?

Respirar dentro de una bolsa de papel es una recomendación tradicional que todavía aparece ocasionalmente cuando se habla de hiperventilación.

Sin embargo, no es una estrategia aconsejable de forma general. Si la dificultad respiratoria tuviera otra causa médica, limitar deliberadamente la entrada de aire podría resultar contraproducente.

Por ello es preferible utilizar estrategias respiratorias adecuadas y trabajar sobre los mecanismos psicológicos que están manteniendo la ansiedad.

Cuando controlar la respiración se convierte en parte del problema

Las técnicas respiratorias pueden ser útiles, pero existe una paradoja importante.

Algunas personas terminan desarrollando la creencia:

“Si no controlo mi respiración, tendré una crisis.”

Entonces la respiración deja de ser únicamente una herramienta y se convierte en una conducta de seguridad.

La persona puede necesitar controlar cómo respira para:

  • entrar en un supermercado;
  • viajar en metro;
  • conducir;
  • permanecer en una reunión;
  • ir al cine;
  • quedarse sola;
  • hacer ejercicio.

Desde el punto de vista terapéutico, el objetivo no debería limitarse a enseñar a respirar de determinada manera.

También necesitamos que la persona recupere la confianza en que puede experimentar ansiedad y determinadas sensaciones corporales sin que ocurra la catástrofe que teme.

El miedo a las sensaciones corporales

En muchos casos, el problema central no es la hiperventilación en sí misma, sino el significado que damos a sus síntomas.

Una persona puede interpretar:

Mareo = voy a desmayarme.

Palpitaciones = tengo un problema cardíaco.

Falta de aire = voy a asfixiarme.

Desrealización = estoy perdiendo el control.

Hormigueo = tengo un problema neurológico.

Cuando estas interpretaciones aparecen automáticamente, las sensaciones corporales se convierten en señales de amenaza.

La persona comienza entonces a vigilarse.

Y cuanto más se vigila, más sensaciones detecta.

La ansiedad anticipatoria puede mantener la hiperventilación

Después de haber sufrido uno o varios episodios intensos, algunas personas comienzan a preocuparse incluso antes de enfrentarse a determinadas situaciones.

Pueden pensar:

“¿Y si vuelvo a hiperventilar?”

“¿Y si me ocurre cuando estoy conduciendo?”

“¿Y si me pasa y no puedo salir de allí?”

“¿Y si esta vez no consigo controlarlo?”

Esta anticipación puede aumentar la activación fisiológica antes incluso de que ocurra nada, facilitando precisamente la aparición de los síntomas que la persona teme.

Este mecanismo se explica con mayor detalle en nuestro artículo sobre terapia para la ansiedad anticipatoria.

Evitar situaciones puede mantener el problema

Después de experimentar una crisis intensa es comprensible intentar evitar aquello que asociamos con ella.

La persona puede comenzar a evitar:

  • conducir;
  • ascensores;
  • transporte público;
  • centros comerciales;
  • restaurantes;
  • hacer deporte;
  • lugares concurridos;
  • quedarse sola;
  • alejarse de hospitales;
  • viajar.

A corto plazo, evitar reduce la ansiedad.

Precisamente por eso resulta tan fácil que la evitación se consolide.

Sin embargo, a largo plazo puede reforzar la idea:

“No ocurrió nada porque escapé.”

La persona no tiene oportunidad de descubrir que quizá podría haber permanecido en la situación y comprobar cómo la ansiedad disminuía progresivamente.

Tratamiento psicológico de la hiperventilación por ansiedad

Cuando los episodios son frecuentes, provocan miedo intenso o están limitando la vida cotidiana, la terapia psicológica puede resultar especialmente útil.

El tratamiento dependerá de cada caso, pero puede incluir diferentes componentes.

Psicoeducación

Comprender qué es la ansiedad y cómo funciona la hiperventilación puede modificar radicalmente la interpretación de las sensaciones.

Saber por qué aparecen el mareo, el hormigueo o la sensación de irrealidad reduce su carácter misterioso y amenazante.

Terapia cognitivo-conductual

La terapia cognitivo-conductual permite identificar las interpretaciones que intensifican la respuesta de miedo.

Por ejemplo:

Sensación: noto presión en el pecho.

Interpretación automática: “me está pasando algo grave”.

Emoción: miedo intenso.

Conducta: comprobar el pulso, respirar profundamente y abandonar el lugar.

Durante la terapia se trabaja sobre esta secuencia y sobre aquellas conductas que pueden estar manteniendo el problema.

Exposición interoceptiva

La exposición interoceptiva puede utilizarse en determinados problemas relacionados con el pánico y el miedo a las sensaciones corporales.

Consiste en experimentar de manera planificada y terapéuticamente supervisada determinadas sensaciones temidas para modificar progresivamente la relación con ellas.

El objetivo no es provocar sufrimiento, sino permitir un nuevo aprendizaje:

“Puedo experimentar estas sensaciones sin que ocurra lo que temo.”

Exposición a situaciones evitadas

Si la persona ha dejado de realizar determinadas actividades por miedo a hiperventilar o sufrir una crisis, puede establecerse una exposición gradual.

Por ejemplo:

  1. permanecer durante unos minutos en una situación ligeramente incómoda;
  2. aumentar progresivamente el tiempo;
  3. reducir determinadas conductas de seguridad;
  4. avanzar hacia situaciones más difíciles.

El proceso debe adaptarse individualmente a cada persona.

Mindfulness y aceptación de sensaciones

El mindfulness y las intervenciones basadas en aceptación pueden ayudar a desarrollar una relación diferente con las experiencias internas.

En lugar de luchar constantemente contra cada cambio respiratorio podemos aprender a observar:

“Hay presión.”

“Hay mareo.”

“Mi mente está diciendo que esto es peligroso.”

Esta forma de relacionarnos con la experiencia permite introducir cierta distancia respecto a las interpretaciones automáticas y reducir la lucha constante contra las sensaciones.

¿Cuándo acudir a un psicólogo?

Puede ser recomendable solicitar ayuda psicológica cuando:

  • tienes episodios frecuentes de hiperventilación;
  • has sufrido ataques de pánico;
  • tienes miedo constante a volver a experimentar una crisis;
  • evitas lugares o actividades;
  • necesitas controlar continuamente tu respiración;
  • compruebas repetidamente tus constantes físicas;
  • buscas tranquilidad constantemente;
  • las sensaciones corporales ocupan gran parte de tus pensamientos;
  • la ansiedad está interfiriendo con tu trabajo, relaciones o vida cotidiana.

La intervención psicológica no debería limitarse únicamente a enseñar una técnica para “cortar” las crisis.

El objetivo es comprender qué mecanismos están manteniendo el problema y recuperar progresivamente la libertad para realizar actividades sin permanecer pendiente constantemente de la respiración o de la posibilidad de experimentar ansiedad.

Psicólogos para hiperventilación y ansiedad en Madrid

En Ícaro Psicología trabajamos con personas que experimentan ansiedad, crisis de pánico, miedo a las sensaciones físicas, hipervigilancia corporal y otras dificultades relacionadas con la regulación emocional.

La terapia permite evaluar qué ocurre específicamente en cada caso y diseñar una intervención individualizada.

Porque aunque dos personas puedan decir “me falta el aire cuando tengo ansiedad”, los mecanismos que mantienen el problema pueden ser diferentes.

En algunas personas predomina el miedo a sufrir una enfermedad.

En otras, el miedo a perder el control.

En otras, la anticipación constante de nuevas crisis.

Y en otras se desarrolla una combinación de hipervigilancia corporal, evitación y conductas de seguridad.

Por eso el tratamiento debe adaptarse a la persona y no únicamente al síntoma.

Superar la hiperventilación por ansiedad

Si has experimentado hiperventilación durante mucho tiempo, probablemente hayas dedicado una gran cantidad de esfuerzo a intentar no sentir determinadas sensaciones.

Pero superar el problema no siempre consiste en conseguir que nunca vuelva a aparecer una sensación extraña.

Con frecuencia, el cambio más importante ocurre cuando dejamos de interpretar automáticamente cada variación de nuestra respiración como una amenaza.

La respiración puede acelerarse.

El corazón puede latir más deprisa.

Podemos sentir mareo.

La ansiedad puede aparecer.

Y podemos aprender progresivamente que tener estas sensaciones no significa necesariamente estar en peligro.

Cuando disminuye el miedo a las propias sensaciones, suele disminuir también la necesidad de vigilarlas, controlarlas y evitarlas.

Ese cambio puede romper uno de los principales mecanismos que mantienen el círculo de la hiperventilación por ansiedad.

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