Sentir que el aire no entra completamente, necesitar suspirar una y otra vez, notar mareo, hormigueo en las manos, presión en el pecho o la sensación de que podemos desmayarnos son síntomas relativamente frecuentes durante los episodios de ansiedad intensa e hiperventilación.

La experiencia resulta especialmente desconcertante porque parece existir una contradicción: cuanto más intentamos respirar, más sensación tenemos de que nos falta el aire.

Sin embargo, durante muchos episodios de hiperventilación asociados a ansiedad el problema no consiste en que esté llegando poco oxígeno. Lo que ocurre es que respiramos más rápido o más profundamente de lo que nuestro organismo necesita y eliminamos demasiado dióxido de carbono (CO₂).

Esta modificación puede producir mareo, hormigueo, sensación de irrealidad, tensión muscular, opresión torácica y otras sensaciones que, al interpretarse como peligrosas, pueden aumentar todavía más la ansiedad.

Respuesta rápida: la hiperventilación por ansiedad aparece cuando respiramos por encima de las necesidades metabólicas del organismo. Esto reduce temporalmente el CO₂ sanguíneo y puede producir síntomas físicos muy intensos. El problema puede mantenerse cuando esas sensaciones se interpretan como señales de peligro y la persona intenta controlar constantemente su respiración.

¿Qué es exactamente la hiperventilación?

Hiperventilar significa ventilar los pulmones más de lo que el metabolismo del organismo necesita en ese momento.

Puede ocurrir porque respiramos:

  • demasiado rápido;
  • demasiado profundamente;
  • combinando respiraciones rápidas y profundas;
  • realizando continuamente grandes inspiraciones;
  • suspirando repetidamente;
  • o manteniendo una respiración ligeramente excesiva durante un periodo prolongado.

Esto significa que no siempre veremos a una persona respirar de una forma evidentemente agitada.

Algunas personas hiperventilan de una manera mucho más sutil. Pueden pasar el día intentando conseguir una inspiración “completa”, suspirando, bostezando o comprobando si son capaces de llenar totalmente los pulmones.

¿Qué ocurre con el oxígeno y el CO₂ cuando hiperventilamos?

Una idea fundamental es que hiperventilación no significa necesariamente falta de oxígeno.

Durante muchos episodios relacionados con ansiedad existe suficiente oxigenación, pero la ventilación excesiva provoca que eliminemos dióxido de carbono más rápidamente de lo necesario.

La disminución del CO₂ puede alterar temporalmente el equilibrio ácido-base de la sangre y producir cambios fisiológicos y neuromusculares.

Entre las consecuencias subjetivas pueden aparecer:

  • mareo;
  • sensación de cabeza ligera;
  • inestabilidad;
  • hormigueo;
  • entumecimiento;
  • tensión muscular;
  • sensación de falta de aire;
  • molestias torácicas;
  • visión extraña;
  • despersonalización o desrealización.

Por tanto, los síntomas son reales. Que puedan estar provocados por ansiedad e hiperventilación no significa que sean imaginarios.

¿Por qué la ansiedad puede producir hiperventilación?

La ansiedad prepara al organismo para responder a una posible amenaza.

Cuando el cerebro interpreta que algo puede ser peligroso se producen cambios automáticos:

  • aumenta la activación fisiológica;
  • puede acelerarse el corazón;
  • se tensan los músculos;
  • cambia la atención;
  • puede modificarse el patrón respiratorio.

Desde una perspectiva adaptativa, esto resulta comprensible. Si tuviéramos que escapar físicamente de un peligro, nuestro organismo necesitaría modificar rápidamente su funcionamiento.

Sin embargo, el sistema de alarma también puede activarse ante amenazas psicológicas.

Por ejemplo:

  • una preocupación;
  • un pensamiento;
  • una situación social;
  • conducir;
  • viajar en transporte público;
  • entrar en un lugar muy concurrido;
  • notar una palpitación;
  • pensar en la posibilidad de sufrir un ataque de pánico.

El organismo puede reaccionar como si necesitara actuar físicamente aunque permanezcamos quietos.

¿Cuáles son los síntomas de la hiperventilación por ansiedad?

No todas las personas experimentan exactamente lo mismo, pero existen algunos síntomas especialmente frecuentes.

Sensación de falta de aire

Es probablemente el síntoma que genera más confusión.

La persona puede sentir:

  • que no consigue introducir suficiente aire;
  • que la inspiración se detiene a mitad;
  • que necesita bostezar;
  • que necesita suspirar;
  • que tiene que realizar una inspiración muy profunda para encontrarse satisfecha.

Esto puede llevar a una conducta aparentemente lógica:

“Si siento que me falta aire, tengo que respirar todavía más profundamente”.

Pero si ya existe hiperventilación, realizar repetidamente grandes inspiraciones puede contribuir a mantener el problema.

“No puedo respirar profundamente”: por qué ocurre con la ansiedad

Muchas personas describen exactamente esta experiencia:

“Puedo respirar, pero siento que la inspiración no llega hasta el final”.

Entonces realizan una gran inspiración.

No resulta completamente satisfactoria.

Prueban otra.

Después suspiran.

Quizá bostezan buscando la sensación de que finalmente los pulmones se han llenado por completo.

Cuando consiguen una respiración que consideran satisfactoria sienten alivio durante algunos segundos.

Pero pronto vuelven a comprobar.

Puede desarrollarse así un círculo de comprobación respiratoria:

sensación de falta de aire → gran inspiración → alivio breve → nueva comprobación → otra inspiración.

Cuanto más controlamos conscientemente una función que normalmente funciona de manera automática, más sensibles podemos hacernos a cualquier pequeña variación.

Suspirar mucho por ansiedad

Suspirar ocasionalmente es completamente normal.

Sin embargo, algunas personas con ansiedad empiezan a suspirar repetidamente porque sienten que necesitan introducir más aire.

Cada suspiro puede proporcionar una sensación momentánea de alivio.

Ese alivio refuerza el comportamiento:

sensación incómoda → suspiro → alivio → vuelve la sensación → nuevo suspiro.

Con el tiempo, la persona puede empezar a permanecer excesivamente pendiente de su respiración.

Mareo por hiperventilación

La reducción del CO₂ puede producir sensación de:

  • cabeza ligera;
  • mareo;
  • inestabilidad;
  • visión extraña;
  • debilidad subjetiva.

La interpretación habitual puede ser:

“Voy a desmayarme”.

Ese pensamiento genera más miedo, aumenta la activación y puede modificar todavía más la respiración.

¿La hiperventilación puede provocar hormigueo?

Sí.

El hormigueo puede aparecer especialmente alrededor de:

  • las manos;
  • los dedos;
  • los brazos;
  • los pies;
  • la cara;
  • los labios.

Cuando la persona desconoce la relación entre respiración y síntomas físicos puede interpretar estas sensaciones como signos de una enfermedad neurológica.

Esta interpretación aumenta nuevamente la ansiedad.

Presión en el pecho y ansiedad

La ansiedad puede combinar:

  • cambios respiratorios;
  • aumento de la tensión de la musculatura torácica;
  • mayor sensibilidad hacia las sensaciones corporales;
  • incremento de la frecuencia cardíaca.

Por ello pueden aparecer:

  • presión;
  • opresión;
  • pinchazos;
  • sensación de peso;
  • dificultad subjetiva para expandir el pecho.

Sin embargo, no debe darse por supuesto que cualquier dolor o presión torácica sea ansiedad. Los síntomas nuevos, intensos o diferentes del patrón habitual requieren valoración sanitaria.

Palpitaciones e hiperventilación

Durante una respuesta de ansiedad puede aumentar también la frecuencia cardíaca.

Cuando coinciden:

  • palpitaciones;
  • respiración extraña;
  • mareo;
  • presión torácica;

la experiencia puede parecer especialmente amenazante.

Si las palpitaciones constituyen uno de tus síntomas principales, puedes ampliar información en nuestro artículo sobre taquicardias por ansiedad y cómo superarlas.

Hiperventilación y sensación de irrealidad

Durante estados de elevada ansiedad algunas personas pueden experimentar despersonalización o desrealización.

Pueden describirlo como:

  • “todo parece diferente”;
  • “parece que estoy dentro de una película”;
  • “el mundo se siente extraño”;
  • “me siento separado de mi cuerpo”;
  • “siento que no soy yo”.

Estas experiencias pueden aumentar enormemente el miedo, pero no implican automáticamente que la persona esté desarrollando una psicosis o perdiendo el control.

El círculo entre hiperventilación y ansiedad

Uno de los aspectos más importantes desde el punto de vista psicológico es el círculo entre activación corporal, interpretación y miedo.

Puede representarse así:

ansiedad → respiración excesiva → síntomas físicos → interpretación catastrófica → miedo → mayor activación → más cambios respiratorios.

Por ejemplo:

  1. La persona nota que respira de forma extraña.
  2. Piensa: “me estoy quedando sin aire”.
  3. Realiza varias inspiraciones profundas.
  4. Aumenta la hiperventilación.
  5. Comienza a sentirse mareada.
  6. Piensa: “voy a desmayarme”.
  7. Aumenta el miedo.
  8. El corazón se acelera.
  9. Aparece hormigueo.
  10. Piensa: “me está pasando algo grave”.

En pocos minutos esta secuencia puede evolucionar hacia un ataque de pánico.

Hiperventilación y ataques de pánico

La hiperventilación puede aparecer durante una crisis de pánico, aunque no todos los ataques de pánico están provocados exclusivamente por hiperventilación.

Durante una crisis pueden presentarse:

  • palpitaciones;
  • sudoración;
  • temblores;
  • sensación de ahogo;
  • presión torácica;
  • mareo;
  • náuseas;
  • hormigueo;
  • sensación de calor o frío;
  • despersonalización o desrealización;
  • miedo a perder el control;
  • miedo a morir.

Después de varios ataques puede aparecer lo que habitualmente denominamos miedo al miedo.

La persona deja de temer únicamente la situación en la que ocurrió la primera crisis y empieza a temer sus propias sensaciones.

Puede ampliar esta cuestión en nuestro artículo sobre cómo reconocer y manejar un ataque de pánico.

¿Por qué vigilar la respiración puede empeorar el problema?

Después de experimentar una crisis intensa es comprensible empezar a comprobar:

“¿Estoy respirando bien?”

“¿Tengo suficiente aire?”

“¿Estoy respirando demasiado rápido?”

“¿Puedo llenar completamente los pulmones?”

El problema es que esta vigilancia puede aumentar la percepción de cualquier pequeña variación respiratoria.

Entonces la respiración pasa de ser una función automática a convertirse en una especie de examen continuo.

La persona ya no simplemente respira.

Comprueba que respira.

Y cada irregularidad parece importante.

Cuando las técnicas respiratorias se convierten en una conducta de seguridad

Las técnicas respiratorias pueden ser útiles, pero también pueden utilizarse de una manera contraproducente.

Por ejemplo, si una persona desarrolla la creencia:

“Solo estoy a salvo mientras controle perfectamente mi respiración”.

la técnica puede convertirse en una conducta de seguridad.

Puede necesitar hacer respiraciones controladas para:

  • entrar en un supermercado;
  • viajar en metro;
  • conducir;
  • permanecer en una reunión;
  • hacer ejercicio;
  • quedarse sola;
  • viajar.

La persona acaba aprendiendo:

“La situación era peligrosa y solo pude soportarla porque controlé mi respiración”.

El tratamiento psicológico persigue un aprendizaje diferente:

“Puedo experimentar activación y determinadas sensaciones corporales sin que ocurra necesariamente la catástrofe que temo”.

¿La hiperventilación puede hacer que me desmaye?

La hiperventilación puede provocar una intensa sensación de mareo y hacer que parezca inminente una pérdida de conocimiento.

Sin embargo, sentir que vamos a desmayarnos no significa necesariamente que vayamos a hacerlo.

Durante numerosos ataques de ansiedad la persona permanece consciente a pesar de percibir mareo intenso.

Esto no significa que debamos atribuir cualquier pérdida real de conocimiento a ansiedad.

Si existe un desmayo verdadero, especialmente si es el primero, se repite o aparece sin una explicación conocida, debe realizarse una valoración médica.

¿La hiperventilación por ansiedad es peligrosa?

Cuando realmente está provocada por ansiedad, la hiperventilación suele ser transitoria y reversible.

Pero existe una precaución fundamental:

no podemos asumir que cualquier dificultad respiratoria sea ansiedad.

La respiración rápida o la sensación de falta de aire también pueden aparecer asociadas a problemas respiratorios, cardiovasculares, metabólicos, infecciones y otras condiciones médicas.

¿Cuándo consultar a un médico por falta de aire?

Debe considerarse una valoración sanitaria especialmente cuando:

  • es la primera vez que aparece una dificultad respiratoria intensa;
  • existe un dolor torácico importante o diferente al habitual;
  • hay pérdida de conocimiento;
  • la dificultad para respirar es intensa o progresiva;
  • los síntomas aparecen durante esfuerzo físico;
  • hay fiebre u otros síntomas relevantes;
  • existen antecedentes cardíacos o respiratorios;
  • el patrón habitual ha cambiado;
  • existen dudas razonables sobre el origen de los síntomas.

Una vez descartadas las causas médicas relevantes, puede estudiarse con mayor seguridad el papel de la ansiedad y los mecanismos psicológicos.

¿Qué hacer durante una hiperventilación por ansiedad?

1. Identifica lo que puede estar ocurriendo

Cuando ya existe una valoración adecuada y reconoces tu patrón, puedes recordar:

“Estoy sintiendo ansiedad y mi respiración se ha alterado. El mareo y el hormigueo pueden estar relacionados con este cambio respiratorio”.

Poner nombre al proceso ayuda a reducir su carácter misterioso.

2. No persigas una respiración perfecta

Intentar conseguir inmediatamente una inspiración totalmente satisfactoria puede mantener la vigilancia.

La respiración no necesita sentirse perfecta para funcionar correctamente.

3. Evita las grandes bocanadas repetidas

Si ya estás respirando por encima de las necesidades del organismo, realizar grandes inspiraciones repetidas puede mantener el patrón.

4. Permite que la respiración vaya reduciendo gradualmente su intensidad

Puede resultar útil favorecer una respiración cómoda, suave y relativamente lenta, sin intentar llenar al máximo los pulmones.

El objetivo no es ejecutar técnicamente una respiración perfecta, sino abandonar progresivamente el patrón de respiración excesiva.

5. Reduce las comprobaciones

En lugar de permanecer exclusivamente pendiente del pecho y del aire, dirige gradualmente la atención hacia:

  • la conversación que mantienes;
  • los objetos que tienes delante;
  • los sonidos;
  • el lugar en el que estás;
  • la actividad que estabas realizando.

6. No luches contra cada sensación

Intentar eliminar urgentemente cada pequeño mareo, latido o cambio respiratorio puede transmitir implícitamente una idea:

“Esta sensación es peligrosa y tiene que desaparecer inmediatamente”.

En terapia buscamos desarrollar progresivamente una respuesta más flexible:

“Es incómodo. Mi mente lo interpreta como peligroso. Puedo permitir que esté aquí durante un momento sin reaccionar automáticamente”.

¿Debo respirar dentro de una bolsa de papel?

No debería utilizarse como recomendación general para tratar una supuesta hiperventilación.

El problema es que una persona con sensación de falta de aire puede estar experimentando una condición médica diferente a la ansiedad.

Por eso es preferible no utilizar técnicas que impliquen limitar deliberadamente la disponibilidad de aire sin una valoración adecuada.

El miedo a las sensaciones corporales

En muchas personas, el problema principal deja de ser la respiración y pasa a ser el significado atribuido a las sensaciones.

Por ejemplo:

Mareo = “voy a desmayarme”.

Palpitaciones = “me está dando un infarto”.

Falta de aire = “voy a asfixiarme”.

Hormigueo = “tengo un problema neurológico”.

Desrealización = “estoy perdiendo la cabeza”.

Cuando estas asociaciones se automatizan, cualquier cambio corporal puede convertirse en una señal de alarma.

La persona comienza a vigilarse.

Cuanto más se vigila, más sensaciones encuentra.

Y cuanto más las encuentra, más peligro les atribuye.

Este fenómeno se explica también en nuestro artículo sobre cómo diferenciar las señales corporales normales de la alarma ansiosa.

Ansiedad anticipatoria: “¿y si vuelvo a hiperventilar?”

Después de uno o varios episodios intensos puede aparecer preocupación antes incluso de entrar en una situación.

Por ejemplo:

“¿Y si me pasa conduciendo?”

“¿Y si empiezo a marearme en el metro?”

“¿Y si estoy lejos de casa y no consigo controlarlo?”

“¿Y si esta vez es diferente?”.

Esta anticipación aumenta la activación fisiológica antes de que haya ocurrido nada.

Paradójicamente, el miedo a hiperventilar puede facilitar precisamente los cambios respiratorios que se intentan evitar.

Evitación: cuando la vida empieza a hacerse más pequeña

Después de una crisis puede resultar tentador evitar todo aquello que asociamos con los síntomas.

Algunas personas empiezan a evitar:

  • conducir;
  • hacer deporte;
  • ascensores;
  • el metro;
  • restaurantes;
  • centros comerciales;
  • lugares concurridos;
  • viajar;
  • alejarse de casa;
  • quedarse solas.

La evitación produce alivio inmediato.

Precisamente por eso se aprende con tanta rapidez.

Pero puede impedir comprobar que la persona quizá habría podido permanecer en la situación y tolerar las sensaciones sin que sucediera lo que temía.

Tratamiento psicológico de la hiperventilación por ansiedad

Cuando la hiperventilación aparece repetidamente, provoca ataques de pánico, lleva a evitar situaciones o hace que la persona permanezca continuamente pendiente de su respiración, puede ser recomendable realizar un tratamiento psicológico.

La intervención debe adaptarse a cada caso.

Psicoeducación

Comprender la fisiología de la hiperventilación y la respuesta de ansiedad permite reinterpretar síntomas que anteriormente parecían inexplicables.

Entender por qué aparecen mareo, hormigueo o sensación de irrealidad puede reducir el miedo que los acompaña.

Terapia Cognitivo-Conductual (TCC)

La Terapia Cognitivo-Conductual es uno de los tratamientos con mayor respaldo para el trastorno de pánico.

Permite trabajar sobre:

  • interpretaciones catastróficas;
  • miedo a las sensaciones;
  • conductas de seguridad;
  • comprobaciones;
  • evitación;
  • ansiedad anticipatoria.

Por ejemplo:

Sensación: presión en el pecho.

Pensamiento: “me está pasando algo grave”.

Emoción: miedo.

Conducta: comprobar el pulso, respirar profundamente y abandonar la situación.

La terapia analiza esta secuencia e intenta introducir nuevos aprendizajes.

Exposición interoceptiva

La exposición interoceptiva constituye una técnica especialmente relevante cuando existe miedo a las propias sensaciones físicas.

Consiste en experimentar de una manera planificada y controlada algunas de las sensaciones que la persona teme para aprender que pueden tolerarse y que no necesariamente producen las consecuencias catastróficas anticipadas.

Dependiendo del problema y de la valoración profesional pueden trabajarse sensaciones como:

  • aceleración cardíaca;
  • mareo;
  • sensación de falta de aire;
  • calor;
  • inestabilidad.

El objetivo no es simplemente “habituarse” ni provocar sufrimiento, sino facilitar un aprendizaje correctivo:

“Puedo sentir esto y no ocurre necesariamente aquello que temo”.

Exposición a situaciones evitadas

Cuando el miedo ha reducido la vida cotidiana, puede resultar necesario recuperar progresivamente situaciones como:

  • transporte público;
  • conducción;
  • ejercicio;
  • restaurantes;
  • viajes;
  • lugares concurridos.

La exposición se diseña de forma individualizada y suele implicar también una reducción progresiva de las conductas de seguridad.

ACT y aceptación de las sensaciones

La Terapia de Aceptación y Compromiso puede resultar útil cuando la persona ha desarrollado una intensa lucha contra cualquier cambio físico.

El objetivo no es resignarse a la ansiedad, sino evitar que toda la vida se organice alrededor de:

“No debo marearme”.

“Tengo que controlar mi respiración”.

“No puedo notar el corazón”.

“Tengo que sentirme tranquilo antes de salir”.

Se trabaja progresivamente para permitir determinadas experiencias internas mientras la persona continúa avanzando hacia actividades importantes.

Mindfulness

El mindfulness puede complementar el tratamiento ayudando a distinguir entre:

“Estoy notando una sensación de presión”

y:

“Esta presión demuestra que algo grave está ocurriendo”.

La primera frase describe una experiencia.

La segunda añade una interpretación.

Aprender a diferenciar ambas puede reducir parte de la escalada de ansiedad.

¿Cuándo acudir a un psicólogo?

Puede ser recomendable solicitar ayuda profesional cuando:

  • experimentas episodios frecuentes de hiperventilación;
  • has sufrido uno o varios ataques de pánico;
  • tienes miedo constante a que se repitan;
  • evitas lugares o actividades;
  • necesitas controlar continuamente la respiración;
  • compruebas constantemente pulso, oxígeno u otras constantes;
  • buscas repetidamente tranquilidad en médicos, familiares o Internet;
  • las sensaciones corporales ocupan gran parte de tus pensamientos;
  • la ansiedad está interfiriendo con tu vida cotidiana.

Preguntas frecuentes sobre hiperventilación y ansiedad

¿La ansiedad puede hacer que sienta que me falta el aire?

Sí. La ansiedad puede modificar la respiración, aumentar la tensión muscular y dirigir la atención hacia las sensaciones respiratorias. Sin embargo, una dificultad respiratoria nueva o intensa siempre debe valorarse médicamente cuando existan dudas sobre su origen.

¿Puedo tener sensación de ahogo aunque tenga suficiente oxígeno?

Sí. Durante algunos episodios de hiperventilación relacionados con ansiedad puede existir una oxigenación adecuada y, aun así, experimentar una intensa sensación subjetiva de falta de aire.

¿Por qué cuanto más profundamente respiro peor me encuentro?

Si ya estás hiperventilando, realizar grandes inspiraciones repetidamente puede aumentar la eliminación de CO₂ y contribuir al mareo, hormigueo y otras sensaciones.

¿El hormigueo de la ansiedad puede aparecer alrededor de la boca?

Sí. La hiperventilación puede producir parestesias u hormigueo especialmente en manos, dedos y zona perioral.

¿Hiperventilar significa que voy a desmayarme?

No necesariamente. Puede producir una intensa sensación de mareo sin que exista pérdida de conciencia. Un desmayo verdadero debe valorarse adecuadamente.

¿Debo controlar constantemente mi respiración?

No. En algunas personas la monitorización permanente acaba formando parte del problema. Una intervención psicológica puede enseñar a utilizar las estrategias respiratorias sin convertirlas en una conducta de seguridad.

¿La hiperventilación puede desencadenar un ataque de pánico?

Puede contribuir a generar sensaciones que posteriormente se interpretan como amenazantes y facilitar una escalada de miedo, aunque los ataques de pánico son fenómenos más complejos y no dependen exclusivamente de la hiperventilación.

¿Se trata la hiperventilación con terapia psicológica?

, cuando está asociada a ansiedad o pánico. El tratamiento puede incluir psicoeducación, TCC, exposición interoceptiva, exposición a situaciones evitadas y estrategias basadas en aceptación.

Psicólogos para hiperventilación y ansiedad en Madrid

En Ícaro Psicología trabajamos con personas que presentan ansiedad, ataques de pánico, miedo a las sensaciones físicas, hipervigilancia corporal, ansiedad anticipatoria y evitación.

El tratamiento comienza analizando qué está manteniendo específicamente el problema.

Dos personas pueden afirmar:

“Siento que me falta el aire cuando tengo ansiedad”.

Sin embargo, los mecanismos pueden ser distintos.

En una persona puede predominar el miedo a sufrir un problema médico.

En otra, el temor a perder el control.

En otra, la comprobación constante de la respiración.

Y en otra, la ansiedad anticipatoria y la evitación de lugares en los que sería difícil escapar.

Por ello, el tratamiento psicológico debe adaptarse a la persona y no limitarse a enseñar una técnica de respiración.

Superar la hiperventilación: recuperar la confianza en el cuerpo

Cuando llevamos mucho tiempo preocupados por la respiración podemos terminar dedicando una enorme cantidad de energía a intentar no sentir determinadas sensaciones.

Pero el cambio terapéutico no siempre consiste en conseguir que el cuerpo permanezca constantemente tranquilo.

El corazón puede acelerarse.

La respiración puede cambiar.

Puede aparecer un pequeño mareo.

Podemos notar tensión.

La ansiedad puede surgir.

El aprendizaje importante consiste en dejar de interpretar automáticamente cada variación corporal como una amenaza.

Cuando disminuye el miedo a las propias sensaciones suele disminuir también la necesidad de controlarlas, comprobarlas y evitarlas.

Y esa reducción del miedo puede ayudar a romper el círculo que mantiene la hiperventilación por ansiedad.

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Sobre el autor

Ignacio Calvo es psicólogo, director de Ícaro Psicología y psicólogo colegiado M-17.577. Es Licenciado en Psicología por la Universidad Autónoma de Madrid y Experto en Intervención en Ansiedad y Estrés por la Universidad Complutense de Madrid.

Cuenta con más de 20 años de experiencia profesional y formación en Psicología de la Salud, mindfulness, terapias cognitivo-conductuales, terapias de tercera generación y EMDR. Actualmente desarrolla también su investigación doctoral en Psicología.

Puedes consultar su formación y trayectoria profesional en el perfil profesional de Ignacio Calvo en Ícaro Psicología.

Este artículo tiene finalidad informativa y divulgativa y no sustituye una valoración psicológica, médica o psiquiátrica individualizada.

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