Durante el embarazo pueden aparecer pensamientos que resultan especialmente difíciles de contar: “¿y si pierdo el control y hago algo que pueda dañar al bebé?”, “¿y si este pensamiento significa que en realidad quiero hacerlo?” o “¿y si un día no puedo controlar mis impulsos?”.
Cuando estas ideas aparecen de manera involuntaria, provocan miedo intenso y son completamente contrarias a lo que la persona desea, podemos estar ante lo que habitualmente se denomina fobia de impulsión.
Una fobia de impulsión durante el embarazo no significa que la mujer desee hacer daño a su bebé. Habitualmente ocurre precisamente lo contrario: el pensamiento resulta tan angustiante porque entra en conflicto con sus valores, su deseo de proteger al bebé y la importancia que concede a su seguridad.
El problema comienza cuando la mente interpreta la aparición del pensamiento como una posible señal de peligro y la persona empieza a intentar conseguir la certeza absoluta de que nunca perderá el control. Esa búsqueda de seguridad puede alimentar un círculo de ansiedad, comprobaciones, evitación y nuevos pensamientos intrusivos.
¿Qué son las fobias de impulsión durante el embarazo?
El término fobia de impulsión se utiliza en la práctica clínica para describir el miedo intenso a realizar involuntariamente una acción que la persona considera terrible, peligrosa o completamente contraria a sus valores.
No constituye por sí mismo un diagnóstico independiente en las principales clasificaciones diagnósticas. Con frecuencia aparece asociado a pensamientos intrusivos, síntomas obsesivos o trastorno obsesivo-compulsivo (TOC).
Durante el embarazo, el contenido de estas intrusiones puede concentrarse especialmente en la seguridad del bebé. La persona no quiere que ocurra nada malo; precisamente por eso cualquier pensamiento relacionado con esa posibilidad adquiere una enorme capacidad para generar ansiedad.
Algunos ejemplos pueden ser:
- “¿Y si pierdo el control y hago algo que perjudique al bebé?”.
- “¿Y si tomo una decisión equivocada y le ocurre algo?”.
- “¿Y si un día hago algo impulsivamente sin querer?”.
- “¿Y si este pensamiento significa que soy peligrosa?”.
- “¿Y si en realidad deseo algo que conscientemente rechazo?”.
- “¿Cómo puedo estar completamente segura de que nunca haría nada parecido?”.
También pueden aparecer imágenes mentales repentinas, sensaciones subjetivas de impulso o dudas acerca de la propia capacidad para mantener el control.
En Ícaro hemos explicado con más detalle qué son los pensamientos intrusivos y por qué pueden aparecer asociados a la ansiedad.
¿Por qué pueden aparecer pensamientos de hacer daño durante el embarazo?
El embarazo supone una transición vital importante. A los cambios físicos y hormonales se suman nuevas responsabilidades, incertidumbre, revisiones médicas, expectativas sobre la maternidad y una preocupación comprensible por el bienestar del futuro bebé.
La mente comienza a prestar mucha más atención a cualquier posible amenaza.
Esto tiene una lógica adaptativa: cuando algo nos importa especialmente, el cerebro intenta anticipar aquello que podría ponerlo en peligro.
El problema aparece cuando este sistema de protección se vuelve excesivamente sensible.
La mente puede generar una posibilidad extremadamente desagradable precisamente porque representa aquello que la persona más desea evitar:
“Lo peor que podría ocurrir sería que yo misma hiciera algo que dañara a mi bebé”.
El pensamiento aparece automáticamente y la reacción inmediata puede ser:
“¿Por qué he pensado eso?”.
Esta segunda pregunta suele ser mucho más importante que el pensamiento inicial.
Tener un pensamiento no es lo mismo que querer hacerlo
Uno de los mecanismos psicológicos centrales en las fobias de impulsión es confundir tres fenómenos diferentes:
- pensar algo;
- sentir miedo de hacerlo;
- tener intención de hacerlo.
No son equivalentes.
La mente humana genera continuamente pensamientos automáticos, imágenes, recuerdos, asociaciones y escenarios hipotéticos que no hemos elegido conscientemente.
Un pensamiento puede aparecer sin expresar ninguna intención.
Sin embargo, cuando una persona está muy ansiosa puede empezar a interpretar:
“Si mi mente ha sido capaz de imaginarlo, quizá sea porque en algún nivel quiero hacerlo”.
A esta forma de interpretar los pensamientos se la relaciona con fenómenos estudiados en el TOC como la fusión pensamiento-acción: conceder al hecho de pensar algo una importancia similar a realizarlo o creer que pensarlo aumenta la probabilidad de que suceda.
¿Por qué el pensamiento produce tanto miedo?
Precisamente porque resulta incompatible con aquello que la persona quiere.
Una mujer que valora profundamente proteger a su bebé puede reaccionar con enorme alarma ante cualquier pensamiento que sugiera lo contrario.
En psicología hablamos de pensamientos egodistónicos cuando su contenido resulta extraño, rechazado e incompatible con los deseos, valores o identidad de quien los experimenta.
En las fobias de impulsión suele aparecer una reacción inmediata de rechazo:
- “Yo jamás querría hacer eso”.
- “Me horroriza haberlo pensado”.
- “¿Qué clase de madre piensa algo así?”.
- “Necesito saber por qué se me ha ocurrido”.
La angustia puede aumentar precisamente porque la maternidad tiene una enorme relevancia emocional.
El círculo de las fobias de impulsión en el embarazo
El problema puede mantenerse mediante un ciclo bastante reconocible:
- Aparece espontáneamente un pensamiento, imagen o sensación intrusiva.
- La persona interpreta que ese pensamiento podría significar algo peligroso.
- Aumentan el miedo, la culpa y la activación fisiológica.
- Intenta demostrar que nunca haría aquello que ha pensado.
- Analiza sus emociones y reacciones.
- Evita situaciones que puedan activar nuevamente el pensamiento.
- Busca tranquilidad preguntando a otras personas o consultando información.
- Obtiene alivio durante unos minutos.
- La duda reaparece.
De este modo, la mente aprende que aquella intrusión necesitaba ser neutralizada.
La próxima vez que aparezca, recibe todavía más atención.
En Ícaro desarrollamos específicamente este mecanismo en nuestro artículo sobre TOC y miedo a hacer daño o fobia de impulsión.
Compulsiones que pueden pasar desapercibidas
Cuando pensamos en un TOC solemos imaginar rituales visibles, como lavarse repetidamente las manos o comprobar varias veces una puerta.
Sin embargo, muchas compulsiones relacionadas con las fobias de impulsión son completamente mentales.
Analizar el pensamiento
La persona intenta determinar exactamente por qué apareció:
“¿Lo pensé porque tengo miedo o porque una parte de mí lo desea?”.
Comprobar las propias emociones
Puede preguntarse:
“¿Sentí suficiente rechazo cuando apareció?”.
O vigilar constantemente si aparece alguna emoción que pueda interpretar como peligrosa.
Buscar certeza
Preguntar repetidamente a la pareja, familiares o profesionales:
“Tú sabes que yo nunca haría algo así, ¿verdad?”.
Buscar información en Internet
Leer durante horas testimonios o información sobre pensamientos intrusivos intentando encontrar una garantía definitiva.
Revisar recuerdos
Analizar situaciones anteriores para comprobar si alguna vez se ha perdido el control.
Evitar
Puede comenzar a evitar determinados objetos, situaciones, lugares o quedarse sola por miedo a que aparezca el pensamiento.
Aunque todas estas estrategias reducen temporalmente la ansiedad, a largo plazo pueden reforzar la creencia de que existe un peligro real que necesita ser controlado.
Fobias de impulsión y TOC perinatal
Las fobias de impulsión pueden formar parte del denominado TOC perinatal, es decir, síntomas obsesivo-compulsivos que aparecen o se intensifican durante el embarazo o el periodo posterior al nacimiento.
La investigación sobre TOC perinatal señala que en esta etapa pueden adquirir especial relevancia las obsesiones relacionadas con:
- el daño al bebé;
- la contaminación;
- la enfermedad;
- la responsabilidad por posibles daños;
- la necesidad de realizar correctamente determinados cuidados;
- la incertidumbre respecto al bienestar del bebé.
No obstante, tener ocasionalmente un pensamiento intrusivo no significa padecer TOC.
Para valorar clínicamente el problema hay que analizar, entre otras cuestiones, la frecuencia de las obsesiones, el grado de sufrimiento, la existencia de compulsiones, las evitaciones y la interferencia que producen en la vida cotidiana.
En nuestro artículo sobre TOC perinatal durante el embarazo explicamos con mayor profundidad este cuadro.
¿Por qué intentar no pensar en ello puede empeorarlo?
Una reacción completamente comprensible ante un pensamiento desagradable es intentar expulsarlo inmediatamente:
“No quiero volver a pensar eso”.
Sin embargo, controlar activamente la aparición de determinados pensamientos puede producir el efecto contrario.
Para comprobar que estamos evitando un pensamiento, nuestro cerebro necesita seguir vigilando si ese pensamiento aparece.
Y cuanto más vigilamos su aparición, más fácilmente lo detectamos.
Se genera entonces una paradoja:
cuanto más importante se vuelve no tener determinado pensamiento, mayor presencia adquiere ese pensamiento.
El objetivo terapéutico no suele ser conseguir una mente en la que nunca aparezcan pensamientos extraños o desagradables. Esa meta sería poco realista.
El objetivo consiste en aprender a experimentar esos eventos mentales sin interpretarlos automáticamente como señales de peligro.
“¿Y si realmente pierdo el control?”
Esta es probablemente la pregunta central de una fobia de impulsión.
La persona intenta resolverla buscando una certeza del 100 %:
“Necesito estar completamente segura de que jamás podría ocurrir”.
Pero ninguna persona puede obtener certeza absoluta acerca de todos los acontecimientos futuros.
Cuando existe un mecanismo obsesivo, intentar alcanzar esa garantía absoluta suele alimentar nuevas preguntas:
- “¿Y si esta vez es diferente?”.
- “¿Y si antes podía controlarme pero ahora no?”.
- “¿Y si el embarazo me cambia?”.
- “¿Y si mi ansiedad significa que estoy cerca de perder el control?”.
La terapia no busca responder infinitamente a estas preguntas. Busca modificar el proceso psicológico que obliga a responderlas.
Fobias de impulsión y psicosis: no son lo mismo
Esta diferencia es especialmente importante en salud mental perinatal.
En las obsesiones de daño propias del TOC o las fobias de impulsión suele conservarse el juicio de realidad. La persona reconoce el pensamiento como propio pero no deseado, siente miedo ante su contenido y trata precisamente de evitar que aquello ocurra.
En una alteración psicótica pueden existir delirios, alucinaciones, pérdida significativa del juicio de realidad o convicciones que la persona no experimenta simplemente como pensamientos absurdos e indeseados.
Son situaciones clínicas diferentes y requieren una evaluación diferente.
Por ese motivo, ante pensamientos relacionados con hacerse daño o dañar a otra persona no conviene realizar autodiagnósticos exclusivamente a través de Internet. Es importante valorar cómo se experimenta el pensamiento, si existe intención, el grado de insight, la presencia de compulsiones y el resto del estado psicológico.
¿Cuándo debe pedirse ayuda urgente?
Debe solicitarse valoración sanitaria urgente cuando exista intención real de hacerse daño o hacer daño a otra persona, un plan para hacerlo, pérdida importante del contacto con la realidad, delirios, alucinaciones, voces que indiquen realizar determinadas acciones, desorganización intensa o incapacidad para garantizar la propia seguridad.
Estas situaciones no deben confundirse con una simple fobia de impulsión y requieren atención clínica inmediata.
¿Cómo se tratan las fobias de impulsión durante el embarazo?
Cuando existe un patrón obsesivo, uno de los tratamientos psicológicos con mayor respaldo es la Terapia Cognitivo-Conductual (TCC), especialmente mediante exposición con prevención de respuesta (EPR).
El tratamiento debe individualizarse y adaptarse al embarazo.
1. Psicoeducación sobre pensamientos intrusivos
Comprender cómo funcionan las intrusiones suele ser un primer paso importante.
La persona aprende a diferenciar entre:
- pensamiento;
- imagen mental;
- sensación subjetiva de impulso;
- intención;
- conducta.
También comienza a reconocer cómo las comprobaciones y la búsqueda de seguridad pueden mantener el problema.
2. Detectar compulsiones
No basta con identificar aquello que provoca miedo.
Hay que analizar qué hace la persona después de sentirlo.
Por ejemplo:
- preguntar a su pareja;
- buscar información;
- repasar mentalmente;
- comprobar sus emociones;
- evitar situaciones;
- repetirse frases tranquilizadoras;
- intentar eliminar inmediatamente el pensamiento.
3. Exposición con prevención de respuesta
La exposición no significa realizar ninguna conducta peligrosa.
En el contexto del embarazo, además, cualquier ejercicio debe respetar siempre las recomendaciones médicas y la seguridad real de la madre y del bebé.
El objetivo consiste en exponerse progresivamente a la incertidumbre, a determinados desencadenantes inocuos o a la presencia del pensamiento sin realizar posteriormente las compulsiones utilizadas para conseguir certeza.
La persona aprende:
“Puedo experimentar esta duda sin tener que resolverla”.
Gradualmente, el cerebro deja de responder ante la intrusión como si fuera una emergencia.
4. Trabajar la intolerancia a la incertidumbre
Una pregunta frecuente es:
“¿Cómo puedo saber con absoluta certeza que nunca perderé el control?”.
La terapia ayuda a abandonar la búsqueda imposible de certeza absoluta y desarrollar mayor capacidad para convivir con niveles normales de incertidumbre.
5. Reducir la fusión entre pensamientos e identidad
Una persona puede aprender a sustituir:
“Si he pensado esto significa que soy peligrosa”.
por una interpretación más ajustada:
“Mi mente acaba de generar un pensamiento que me resulta especialmente amenazante”.
6. Terapia de Aceptación y Compromiso
Determinadas estrategias procedentes de la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT) también pueden utilizarse para aprender a relacionarse de otro modo con los pensamientos.
La defusión cognitiva ayuda a observarlos como acontecimientos mentales y no como instrucciones, revelaciones o predicciones.
El objetivo es que el comportamiento vuelva a estar dirigido por los propios valores y no por los intentos constantes de evitar la ansiedad.
7. Mindfulness como herramienta complementaria
El mindfulness puede ayudar a desarrollar una actitud menos reactiva frente a pensamientos y sensaciones internas.
No se utiliza para intentar conseguir que los pensamientos desaparezcan, sino para observar su aparición sin entrar automáticamente en una lucha con ellos.
¿Y si la ansiedad aparece durante gran parte del día?
En los cuadros más intensos, la persona puede acabar dedicando muchas horas a analizar el significado de sus pensamientos.
Esto puede afectar al sueño, la relación de pareja, el trabajo, las actividades cotidianas y la propia experiencia del embarazo.
Algunas mujeres comienzan incluso a sentir culpa porque creen que deberían estar disfrutando plenamente de esta etapa.
Pero el embarazo no protege frente a los problemas de ansiedad.
La presión social por experimentar únicamente felicidad puede hacer todavía más difícil reconocer el sufrimiento y pedir ayuda.
Qué puede hacer la pareja
La pareja puede desempeñar un papel importante, aunque conviene evitar convertirse involuntariamente en parte de las compulsiones.
Cuando se pregunta por décima vez:
“¿Tú crees que yo sería capaz de hacer algo así?”.
responder repetidamente:
“No, te prometo que nunca ocurrirá”.
puede proporcionar alivio inmediato.
Pero si existe TOC, ese reaseguro puede reforzar la necesidad de volver a preguntar la próxima vez.
El trabajo terapéutico puede enseñar a la pareja a acompañar emocionalmente sin participar continuamente en la búsqueda de certeza.
Qué no suele ayudar
Algunas estrategias comprensibles pueden mantener involuntariamente el problema:
- intentar demostrar continuamente que el pensamiento es imposible;
- buscar testimonios similares durante horas;
- pedir garantías una y otra vez;
- analizar cada sensación corporal o emocional;
- comprobar si todavía se siente rechazo ante el pensamiento;
- evitar progresivamente más situaciones;
- intentar controlar absolutamente todo lo que pasa por la mente.
La cuestión terapéutica fundamental no suele ser demostrar que determinado pensamiento es falso, sino dejar de tratar cada aparición del pensamiento como un problema que necesita ser resuelto inmediatamente.
Preguntas frecuentes sobre las fobias de impulsión durante el embarazo
¿Es normal tener pensamientos intrusivos durante el embarazo?
Los pensamientos intrusivos pueden aparecer durante el embarazo y el periodo perinatal sin que exista necesariamente un trastorno psicológico. El problema clínico aparece cuando provocan un sufrimiento intenso, ocupan mucho tiempo, generan compulsiones o producen una interferencia significativa en la vida cotidiana.
¿Pensar que puedo hacer daño al bebé significa que quiero hacerlo?
No. Un pensamiento intrusivo y una intención son fenómenos diferentes. En las fobias de impulsión, el pensamiento suele experimentarse precisamente como no deseado y contrario a los valores de la persona. No obstante, cualquier situación en la que existan dudas sobre una intención real debe evaluarse clínicamente.
¿Las fobias de impulsión son un TOC?
No necesariamente. El término fobia de impulsión no constituye un diagnóstico independiente. Puede aparecer dentro de un TOC, asociarse a otros problemas de ansiedad o presentarse como pensamientos intrusivos sin que se cumplan criterios para ningún trastorno. Una evaluación psicológica permite diferenciar estas posibilidades.
¿Por qué aparecen justo cuando más quiero proteger al bebé?
Porque los pensamientos intrusivos suelen centrarse precisamente en aquello que resulta emocionalmente importante. Cuanto mayor es el valor concedido a proteger al bebé, más amenazante puede resultar cualquier pensamiento relacionado con la posibilidad contraria.
¿Intentar expulsar los pensamientos ayuda?
Normalmente no. La supresión deliberada puede aumentar la vigilancia sobre el pensamiento y favorecer que vuelva a detectarse. En terapia se trabaja para cambiar la relación con la intrusión en lugar de intentar conseguir que nunca vuelva a aparecer.
¿Se pueden tratar durante el embarazo?
Sí. La intervención psicológica puede realizarse durante el embarazo. Cuando existe TOC, la Terapia Cognitivo-Conductual con exposición y prevención de respuesta es una de las intervenciones de referencia. El tratamiento debe adaptarse siempre a las circunstancias médicas y psicológicas de cada persona.
¿Puede necesitarse medicación?
En algunos casos puede valorarse tratamiento farmacológico, especialmente cuando los síntomas son intensos o existe otra psicopatología asociada. Durante el embarazo, cualquier decisión sobre medicación debe realizarse individualmente con los profesionales médicos y psiquiátricos correspondientes, valorando riesgos y beneficios tanto del tratamiento como de mantener un trastorno significativo sin tratar.
Terapia para las fobias de impulsión durante el embarazo en Ícaro Psicología
Las fobias de impulsión pueden producir un sufrimiento muy intenso porque atacan precisamente aquello que más importa a la persona.
Una mujer puede llegar a preguntarse una y otra vez si es buena madre, si puede confiar en sí misma o si la aparición de determinado pensamiento revela algo oculto sobre ella.
La terapia permite comprender qué está ocurriendo y diferenciar un pensamiento intrusivo de una intención, pero también algo todavía más importante: dejar de organizar la vida alrededor de la necesidad de demostrar constantemente que ese pensamiento no significa nada.
En Ícaro Psicología trabajamos los problemas de ansiedad, los pensamientos intrusivos y los síntomas obsesivo-compulsivos desde una evaluación individualizada, seleccionando las estrategias terapéuticas más adecuadas para cada caso.
Si durante el embarazo los pensamientos de perder el control, hacer daño o cometer alguna acción involuntaria están ocupando una parte importante de tu día, generan evitación o te obligan a comprobar continuamente si puedes confiar en ti misma, puede ser recomendable realizar una valoración psicológica.
Referencias bibliográficas
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- Hudepohl, N., MacLean, J. V., & Osborne, L. M. (2022). Perinatal obsessive-compulsive disorder: Epidemiology, phenomenology, etiology, and treatment. Current Psychiatry Reports, 24(4), 229–237. https://doi.org/10.1007/s11920-022-01333-4
- Mulcahy, M., Long, C., Morrow, T., Galbally, M., Rees, C., & Anderson, R. (2023). Consensus recommendations for the assessment and treatment of perinatal obsessive-compulsive disorder (OCD): A Delphi study. Archives of Women's Mental Health, 26, 389–399. https://doi.org/10.1007/s00737-023-01315-2
Artículo creado por Ignacio Calvo, psicólogo y director de Ícaro Psicología, colegiado M-17.577, especialista en intervención en ansiedad y estrés.
Este contenido tiene carácter divulgativo y no sustituye una evaluación psicológica, psiquiátrica o médica individualizada.