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Sentir ansiedad de vez en cuando no significa necesariamente que necesitemos tratamiento psicológico. La ansiedad forma parte de nuestro sistema natural de protección: puede aparecer ante un examen, una decisión importante, una situación incierta, un problema familiar o una etapa de mucho estrés.

La cuestión cambia cuando la ansiedad deja de ser una reacción puntual y empieza a condicionar nuestra forma de vivir: dejamos de hacer determinadas cosas, necesitamos comprobar constantemente que todo está bien, anticipamos problemas durante horas, dormimos peor, evitamos lugares o vivimos excesivamente pendientes de nuestras sensaciones corporales.

¿Cuándo conviene ir al psicólogo por ansiedad? Una buena referencia es plantearse pedir ayuda cuando la ansiedad se mantiene en el tiempo, produce un malestar significativo, interfiere en la vida cotidiana o empieza a generar evitaciones y cambios de comportamiento destinados a sentirnos seguros.

No es necesario esperar a encontrarse al límite ni cumplir todos los criterios de un trastorno de ansiedad para consultar con un profesional.

¿Cómo saber si mi ansiedad necesita tratamiento psicológico?

No existe una frontera exacta que permita dividir toda ansiedad entre “normal” y “patológica”. En psicología nos interesa especialmente analizar la intensidad, la frecuencia, la duración y, sobre todo, el impacto que está teniendo sobre la vida de la persona.

Dos personas pueden experimentar síntomas parecidos y, sin embargo, encontrarse en situaciones muy diferentes. Tener cierta activación antes de una reunión laboral importante probablemente no tenga el mismo significado que evitar reuniones, presentaciones, viajes o encuentros sociales durante meses por miedo a experimentar ansiedad.

Por eso, más que preguntarnos únicamente:

“¿Tengo mucha ansiedad?”

puede ser más útil preguntarnos:

“¿Cuánto está cambiando mi vida la ansiedad?”

En Ícaro Psicología trabajamos específicamente con diferentes problemas de ansiedad y su tratamiento psicológico, tanto cuando existe un trastorno claramente identificable como cuando la ansiedad todavía no tiene una etiqueta diagnóstica concreta pero está produciendo un sufrimiento significativo.

10 señales de que puede ser el momento de consultar a un psicólogo por ansiedad

1. La ansiedad empieza a decidir lo que haces y lo que no haces

Una de las señales más importantes no es cuánto miedo sentimos, sino cuántas decisiones comenzamos a tomar para evitar sentirlo.

Podemos empezar a:

  • evitar conducir, viajar o utilizar transporte público;
  • rechazar reuniones o acontecimientos sociales;
  • evitar hablar en público;
  • dejar de hacer deporte por miedo a las sensaciones corporales;
  • no alejarnos demasiado de casa;
  • evitar lugares donde pensamos que sería difícil salir;
  • aplazar decisiones importantes;
  • necesitar ir acompañados a determinados sitios.

A corto plazo, evitar suele funcionar: si no afrontamos aquello que tememos, la ansiedad disminuye.

El problema aparece a medio y largo plazo. Nuestro cerebro puede aprender:

“He estado seguro porque lo he evitado”.

La evitación termina entonces reforzando la percepción de peligro. Poco a poco podemos necesitar evitar cada vez más situaciones.

Por eso, cuando nuestra vida empieza a hacerse progresivamente más pequeña para mantener la ansiedad bajo control, merece la pena valorar ayuda profesional.

2. Pasas gran parte del día anticipando cosas que podrían ocurrir

Algunas personas no experimentan grandes crisis de ansiedad. Su principal problema es vivir mentalmente instaladas en el futuro.

La mente empieza a producir continuamente escenarios:

  • “¿Y si sale mal?”
  • “¿Y si me pasa algo?”
  • “¿Y si no sé reaccionar?”
  • “¿Y si me pongo nervioso?”
  • “¿Y si decepciono a alguien?”
  • “¿Y si tengo una enfermedad?”

Intentamos entonces resolver por adelantado problemas que todavía no existen.

Esta ansiedad anticipatoria puede resultar especialmente agotadora porque mantiene al organismo preparado para responder a amenazas que quizá nunca lleguen a producirse.

Cuando preocuparse ocupa una parte considerable del día, interfiere con la concentración o resulta muy difícil desconectar de las posibilidades negativas, puede ser conveniente realizar una evaluación psicológica.

3. Necesitas comprobar continuamente que todo está bien

La ansiedad no siempre produce evitación. A veces genera un intento constante de obtener seguridad.

Por ejemplo:

  • buscar síntomas repetidamente en Internet;
  • preguntar a otras personas si creen que ocurrirá algo malo;
  • consultar reiteradamente si hemos hecho algo correctamente;
  • revisar mensajes o conversaciones;
  • controlar las pulsaciones, la respiración o la tensión;
  • planificar excesivamente;
  • consultar continuamente previsiones, rutas, horarios o posibles problemas.

Estas conductas pueden aliviar momentáneamente la ansiedad, pero presentan una dificultad: cada comprobación puede enseñar a nuestro cerebro que necesitábamos comprobar para estar seguros.

El alivio dura poco y aparece una nueva duda.

En terapia, una parte importante del trabajo puede consistir precisamente en aprender a tolerar cierto grado de incertidumbre sin necesitar resolverla continuamente.

4. Los síntomas físicos de ansiedad ocupan gran parte de tu atención

La ansiedad puede generar síntomas físicos muy intensos:

  • taquicardia o palpitaciones;
  • sensación de falta de aire;
  • opresión en el pecho;
  • mareo;
  • hormigueo;
  • temblores;
  • tensión muscular;
  • molestias digestivas;
  • sudoración;
  • sensación de irrealidad;
  • sensación de inestabilidad.

Sentir estos síntomas no implica automáticamente que su origen sea psicológico. Los síntomas físicos nuevos, intensos o preocupantes deben recibir la valoración médica que corresponda.

Sin embargo, una vez descartadas razonablemente otras causas, puede aparecer otro problema: empezar a vigilar continuamente el cuerpo buscando señales de que algo va mal.

Cuanto más observamos una sensación, más fácil resulta detectarla. Y cuanto más peligrosa creemos que es, mayor activación produce.

Puede establecerse así un círculo:

sensación física → interpretación de peligro → ansiedad → mayor activación fisiológica → nuevas sensaciones → mayor vigilancia.

Este mecanismo aparece con frecuencia en los ataques de pánico y en distintos problemas de ansiedad.

5. Has tenido ataques de pánico o miedo intenso a que vuelvan a aparecer

Una crisis de pánico puede resultar extremadamente alarmante. Algunas personas llegan a pensar que están sufriendo un infarto, que van a desmayarse, que perderán el control o que podrían morir.

Después de una experiencia así puede aparecer un problema adicional: el miedo al propio miedo.

La persona comienza a preguntarse:

“¿Y si me vuelve a pasar?”

Y empieza a vigilar cualquier aumento del ritmo cardíaco, pequeño mareo o cambio en la respiración.

En ocasiones el principal problema acaba dejando de ser la crisis inicial y pasa a ser todo lo que hacemos para evitar otra: no viajar, no hacer ejercicio, evitar determinados lugares, llevar medicación “por si acaso”, sentarse cerca de las salidas o necesitar estar acompañado.

Cuando existe miedo persistente a nuevas crisis o nuestra conducta empieza a cambiar para prevenirlas, puede ser especialmente útil consultar con un psicólogo.

6. La ansiedad está interfiriendo con tu sueño

La noche elimina muchas de las distracciones que utilizamos durante el día. Cuando disminuyen los estímulos externos, algunas personas empiezan a prestar mucha más atención a sus pensamientos.

Aparecen preocupaciones sobre el trabajo, la salud, los hijos, la economía, las relaciones o el día siguiente.

También puede aparecer un segundo problema:

“Tengo que dormir.”

“Mañana voy a estar fatal.”

“Solo me quedan cinco horas.”

Intentar dormir deliberadamente puede aumentar la vigilancia y la activación, dificultando precisamente aquello que queremos conseguir.

Si las dificultades para dormir están vinculadas a preocupación, anticipación o activación frecuente, abordar la ansiedad puede formar parte importante del tratamiento.

7. Te cuesta concentrarte porque tu mente está siempre resolviendo posibles amenazas

La ansiedad consume recursos atencionales.

Una parte de nuestra capacidad mental queda dedicada a detectar riesgos, anticipar consecuencias y encontrar soluciones.

Por eso algunas personas describen:

  • dificultad para leer;
  • pérdidas frecuentes del hilo de una conversación;
  • problemas para trabajar;
  • olvidos;
  • indecisión;
  • sensación de saturación mental.

No siempre significa que tengamos un problema de memoria. A veces el problema es que nuestra atención está permanentemente dividida entre lo que hacemos y aquello que nos preocupa.

8. Has probado muchas estrategias para controlar la ansiedad, pero cada vez necesitas hacer más

Respirar, relajarse, hacer ejercicio, dormir adecuadamente o practicar mindfulness pueden resultar herramientas útiles.

Pero existe una diferencia importante entre utilizar una estrategia para cuidarnos y sentir que tenemos que utilizarla obligatoriamente para impedir que ocurra algo malo.

Por ejemplo:

“Si no hago esta respiración voy a tener una crisis.”

“No puedo salir sin llevar mi medicación aunque nunca la utilice.”

“Necesito distraerme en cuanto aparece un pensamiento.”

“Tengo que controlar mis pulsaciones para asegurarme de que todo está bien.”

Cuando nuestra vida comienza a organizarse alrededor de la necesidad de controlar la ansiedad, el propio intento de control puede convertirse en parte del problema.

9. La ansiedad lleva semanas o meses repitiéndose

No hace falta que la ansiedad esté presente todos los días para valorar tratamiento.

Pero cuando existe un patrón que se repite durante semanas o meses —aunque haya periodos mejores— conviene preguntarse qué lo está manteniendo.

En algunas personas predomina la preocupación constante. En otras aparecen crisis. Otras personas viven fundamentalmente situaciones de evitación, pensamientos obsesivos, temor a enfermar o miedo intenso a determinadas situaciones.

Cuando la preocupación es excesiva, afecta a diferentes ámbitos y resulta difícil de controlar durante un periodo prolongado, puede ser necesario evaluar, entre otras posibilidades, la presencia de un trastorno de ansiedad generalizada (TAG).

El diagnóstico, no obstante, debe realizarlo un profesional tras evaluar el conjunto de síntomas y circunstancias de la persona.

10. Sientes que puedes seguir funcionando, pero mantenerlo te está costando demasiado

Esta señal resulta especialmente importante porque puede pasar desapercibida.

Hay personas con ansiedad que continúan trabajando, cuidando de sus hijos, manteniendo relaciones sociales y cumpliendo con sus obligaciones.

Desde fuera parece que funcionan perfectamente.

Pero hacerlo les exige un enorme esfuerzo interno.

Pueden pasar horas anticipando problemas, ensayando conversaciones, repasando errores, preparando escenarios o intentando tranquilizarse.

Poder seguir funcionando no significa necesariamente estar bien.

La interferencia de la ansiedad también puede medirse por la energía que necesitamos invertir para hacer cosas que antes realizábamos con naturalidad.

¿Tengo que esperar a que la ansiedad sea muy grave para ir al psicólogo?

No.

Este es probablemente uno de los errores más frecuentes.

No es necesario:

  • haber sufrido un ataque de pánico;
  • haber dejado de trabajar;
  • tener un diagnóstico;
  • tomar medicación;
  • estar incapacitado para realizar actividades cotidianas;
  • haber llegado “al límite”.

La intervención psicológica también puede ser útil cuando empezamos a detectar patrones que están restringiendo nuestra vida.

De hecho, pedir ayuda antes de que la evitación se haya generalizado puede facilitar el tratamiento.

¿Cuánto tiempo debería intentar controlar la ansiedad por mi cuenta?

No existe un número de días aplicable a todas las personas.

La duración es importante, pero no es el único criterio.

Por ejemplo, una reacción de ansiedad intensa durante varias semanas después de una situación vital especialmente difícil puede formar parte de un proceso de adaptación.

Por el contrario, una ansiedad que lleva menos tiempo pero provoca ataques de pánico, abandono de actividades importantes o una evitación creciente puede justificar consultar antes.

Por tanto, es más útil valorar conjuntamente:

  • cuánto tiempo lleva ocurriendo;
  • con qué frecuencia aparece;
  • qué intensidad alcanza;
  • qué cosas hemos dejado de hacer;
  • cuánto tiempo dedicamos a preocuparnos;
  • cuánto esfuerzo necesitamos para controlar el malestar;
  • cómo está afectando al sueño, trabajo, estudios o relaciones.

¿Qué ocurre en una primera consulta psicológica por ansiedad?

La primera sesión no consiste simplemente en decirnos que debemos “pensar en positivo” o enseñarnos una técnica de relajación.

Una evaluación psicológica adecuada intenta entender cómo funciona específicamente la ansiedad en cada persona.

El psicólogo puede explorar, entre otros aspectos:

  • cuándo comenzaron los síntomas;
  • qué situaciones los desencadenan;
  • qué pensamientos aparecen;
  • qué sensaciones físicas se producen;
  • qué hacemos para intentar controlarlas;
  • qué situaciones estamos evitando;
  • qué impacto tiene el problema sobre nuestra vida;
  • qué factores pueden estar manteniéndolo.

Dos personas con “ansiedad” pueden necesitar intervenciones bastante diferentes.

Por eso el objetivo inicial no debería ser solamente colocar una etiqueta diagnóstica, sino construir una explicación comprensible de qué está ocurriendo y qué procesos están manteniendo el problema.

¿Cómo se trata la ansiedad en terapia?

El tratamiento depende del problema concreto y de la evaluación individual.

Entre las intervenciones psicológicas con mayor respaldo para numerosos trastornos de ansiedad se encuentra la terapia cognitivo-conductual (TCC). Dependiendo del caso, el tratamiento puede incorporar además técnicas de exposición, trabajo sobre preocupación e intolerancia a la incertidumbre, prevención de respuestas de seguridad, entrenamiento atencional, Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), mindfulness u otras intervenciones basadas en la evidencia.

Un aspecto fundamental consiste en identificar qué estrategias que utilizamos para protegernos están produciendo alivio a corto plazo pero manteniendo el problema a largo plazo.

Por ejemplo:

Ansiedad → evitación → alivio inmediato → mayor percepción futura de peligro.

O bien:

Duda → comprobación → tranquilidad momentánea → nueva duda → nueva comprobación.

La terapia busca modificar estos círculos de mantenimiento y aumentar progresivamente nuestra capacidad para afrontar el malestar, la incertidumbre y aquellas situaciones que hemos empezado a temer.

¿La terapia para la ansiedad puede hacerse online?

Sí. Muchos problemas de ansiedad pueden tratarse mediante terapia psicológica online cuando las características del caso lo permiten.

La elección entre terapia presencial y online puede depender de factores clínicos, preferencias personales, disponibilidad, lugar de residencia y circunstancias concretas de cada paciente.

Lo relevante es que exista una evaluación adecuada y un tratamiento estructurado adaptado al problema.

¿Cuándo debería acudir primero al médico?

Que una persona tenga ansiedad no significa que cualquier síntoma físico deba atribuirse automáticamente a ella.

Especialmente ante síntomas físicos nuevos, intensos, persistentes o atípicos, puede ser necesaria una evaluación médica para descartar otras causas.

Una vez realizada la valoración correspondiente, si existe una relación importante entre las sensaciones físicas, la preocupación, la vigilancia corporal o el miedo, el tratamiento psicológico puede ayudar a trabajar estos procesos.

¿Cuándo necesita la ansiedad atención urgente?

Además de las situaciones anteriores, existen circunstancias que requieren una valoración profesional especialmente rápida.

Por ejemplo, si aparecen ideas de hacerse daño o de no querer seguir viviendo, una pérdida importante de contacto con la realidad, una incapacidad grave para cuidarse o una crisis en la que existe peligro inmediato para la persona o para otras personas, no debería esperarse a una consulta psicológica ordinaria.

En una situación de riesgo inmediato debe contactarse con los servicios de emergencias correspondientes. En España puede llamarse al 112. Ante conducta o ideación suicida también está disponible la línea 024 del Ministerio de Sanidad.

Preguntas frecuentes sobre cuándo acudir al psicólogo por ansiedad

¿Puedo ir al psicólogo aunque no tenga un trastorno de ansiedad?

Sí. No es necesario disponer de un diagnóstico para consultar. Un psicólogo puede ayudarte a determinar si la ansiedad entra dentro de una respuesta adaptativa a una situación concreta o si existe un patrón que merece intervención.

¿Cómo sé si mi ansiedad es normal?

La ansiedad normal suele estar relacionada con una situación comprensible, fluctúa y no limita significativamente nuestra vida. Conviene prestar más atención cuando la ansiedad es persistente, desproporcionada, difícil de controlar o genera evitación e interferencia.

¿Ir al psicólogo significa que tendré que tomar medicación?

No. La psicoterapia y el tratamiento farmacológico son intervenciones diferentes. Dependiendo de la gravedad y características del problema puede recomendarse valoración médica o psiquiátrica, pero muchos problemas de ansiedad se trabajan mediante psicoterapia sin que acudir al psicólogo implique automáticamente tomar medicación.

¿Cuándo debería preocuparme por la ansiedad?

Más que “preocuparte” por tener ansiedad, conviene observar su impacto. Si modifica significativamente tus decisiones, relaciones, descanso, trabajo, estudios o actividades cotidianas, o necesitas dedicar cada vez más esfuerzos a mantenerla bajo control, puede ser un buen momento para pedir ayuda.

¿Qué pasa si dejo pasar la ansiedad?

Algunos episodios de ansiedad disminuyen espontáneamente cuando desaparece el factor que los desencadena. Otros pueden mantenerse debido a procesos como evitación, preocupación, hipervigilancia o búsqueda constante de seguridad. Por ello no puede afirmarse que toda ansiedad vaya a desaparecer simplemente esperando.

¿Qué tipo de psicólogo trata la ansiedad?

Los problemas de ansiedad deben ser evaluados por profesionales de la psicología habilitados para la práctica sanitaria. Además de la habilitación profesional, puede resultar relevante valorar su formación y experiencia específica en trastornos de ansiedad y en tratamientos psicológicos basados en la evidencia.

Pedir ayuda no significa que la ansiedad haya ganado

A veces retrasamos la consulta porque pensamos:

“Debería poder solucionarlo solo.”

“Hay personas que están mucho peor.”

“Quizá no sea suficientemente grave.”

“Voy a esperar un poco más.”

Pero el criterio para pedir ayuda no debería ser haber llegado al máximo nivel posible de sufrimiento.

Una pregunta mucho más útil puede ser:

“¿Estoy organizando cada vez más mi vida para no sentir ansiedad?”

Si la respuesta empieza a ser afirmativa, merece la pena entender qué está ocurriendo.

Psicólogos especialistas en ansiedad en Madrid y terapia online

En Ícaro Psicología trabajamos con personas que presentan distintos problemas relacionados con la ansiedad: preocupación persistente, ansiedad anticipatoria, ataques de pánico, miedos, evitación, ansiedad social, obsesiones, hipervigilancia o síntomas físicos asociados a estados de elevada activación.

El primer objetivo no es simplemente intentar eliminar rápidamente los síntomas, sino comprender qué tipo de ansiedad estás experimentando, qué la desencadena y qué procesos pueden estar manteniéndola. A partir de esa evaluación puede establecerse un plan de tratamiento individualizado.

Ícaro Psicología ofrece atención psicológica presencial en Madrid y terapia online.

Si llevas tiempo preguntándote si tu ansiedad es suficientemente importante como para consultar, esa propia duda puede ser una buena razón para realizar una primera valoración.

Solicitar una primera consulta no te obliga a iniciar un tratamiento: puede servir para comprender qué está ocurriendo y valorar qué opciones son más adecuadas para tu caso.

Consulta nuestro servicio de tratamiento psicológico para la ansiedad.


Autor: Ignacio Calvo, psicólogo y director de Ícaro Psicología. Psicólogo colegiado M-17.577 y Experto en Intervención en Ansiedad y Estrés por la Universidad Complutense de Madrid.

Referencias

  • American Psychiatric Association. (2022). Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders (5th ed., text rev.; DSM-5-TR). American Psychiatric Association Publishing.
  • Carpenter, J. K., Andrews, L. A., Witcraft, S. M., Powers, M. B., Smits, J. A. J., & Hofmann, S. G. (2018). Cognitive behavioral therapy for anxiety and related disorders: A meta-analysis of randomized placebo-controlled trials. Depression and Anxiety, 35(6), 502–514.
  • National Institute for Health and Care Excellence. (2011, updated 2020). Generalised anxiety disorder and panic disorder in adults: management (CG113). NICE.
  • World Health Organization. (2023). Anxiety disorders. World Health Organization.