Trauma y ataques de pánico: ¿Cómo se relacionan?

Sí, una experiencia traumática puede aumentar la vulnerabilidad a sufrir ataques de pánico, aunque haber vivido un trauma no significa necesariamente que vayan a aparecer. Después de una experiencia percibida como muy amenazante, algunas personas permanecen especialmente sensibles a señales de peligro, recuerdos, situaciones o sensaciones corporales que pueden activar intensamente el sistema de alarma.

En otras ocasiones, la persona no relaciona directamente el primer ataque de pánico con lo vivido. Puede aparecer semanas, meses o incluso más tarde, y sentirse como si hubiera surgido «de la nada».

Para comprender esta relación conviene diferenciar tres conceptos: trauma psicológico, ataque de pánico y trastorno de estrés postraumático. Están relacionados, pero no son equivalentes.

¿Puede un trauma provocar ataques de pánico?

Puede contribuir a su aparición, pero no existe una relación automática de causa y efecto.

Después de una experiencia traumática pueden aparecer distintas reacciones: miedo, recuerdos intrusivos, evitación, problemas de sueño, irritabilidad, sobresaltos, sensación de inseguridad o hipervigilancia.

En algunas personas también aparecen episodios de miedo intenso acompañados de síntomas físicos compatibles con un ataque de pánico.

El National Institute of Mental Health señala que las personas con trastorno por estrés postraumático pueden presentar también otros problemas, incluidos trastornos de pánico, depresión o consumo de sustancias.

La Organización Mundial de la Salud también recuerda que la mayoría de las personas expuestas a acontecimientos potencialmente traumáticos no desarrollan TEPT, aunque algunas pueden presentar posteriormente trastornos de ansiedad u otras dificultades de salud mental.

¿Qué es exactamente un ataque de pánico?

Un ataque de pánico es una aparición brusca de miedo o malestar intenso acompañada de síntomas físicos y cognitivos.

Pueden aparecer:

  • palpitaciones o aceleración del corazón;
  • sensación de falta de aire;
  • opresión o molestias torácicas;
  • mareo;
  • temblor;
  • sudoración;
  • hormigueos;
  • náuseas;
  • sensación de irrealidad;
  • miedo a perder el control;
  • miedo a morir o a que esté ocurriendo algo grave.

Un ataque aislado no equivale a tener un trastorno de pánico. Este último implica ataques recurrentes y una preocupación persistente por que vuelvan a producirse o cambios importantes de comportamiento destinados a evitarlos.

¿Por qué un trauma puede dejar al sistema de alarma más sensible?

Cuando vivimos una situación que percibimos como gravemente amenazante, el organismo moviliza mecanismos de supervivencia.

Aumenta la activación fisiológica, se estrecha la atención hacia posibles peligros y el cerebro concede prioridad a la información relacionada con la amenaza.

Una vez terminado el acontecimiento, este sistema debería recuperar progresivamente su flexibilidad.

Sin embargo, en algunas personas permanece especialmente reactivo.

Es como si el organismo hubiera aprendido:

«Esto ocurrió una vez. Tengo que estar preparado para que vuelva a ocurrir.»

Puede aparecer entonces un estado persistente de alerta, sobresalto fácil y sensibilidad a estímulos que recuerdan directa o indirectamente a lo sucedido.

La hipervigilancia como puente entre trauma y pánico

Uno de los mecanismos que puede conectar ambas experiencias es la hipervigilancia.

Después de un trauma, la persona puede permanecer pendiente de posibles indicios de peligro:

  • ruidos;
  • movimientos;
  • personas;
  • lugares;
  • cambios en el ambiente;
  • sensaciones corporales;
  • pensamientos o recuerdos.

Este patrón forma parte de lo que describimos como hipervigilancia o estado de hiperalerta.

Cuanto más activado está el sistema de alarma, más fácil resulta que una señal ambigua sea interpretada como peligrosa y desencadene una respuesta intensa de miedo.

Cuando el cuerpo se convierte en una señal de peligro

Existe otro mecanismo importante.

Durante un acontecimiento traumático pueden producirse sensaciones muy intensas:

  • corazón acelerado;
  • respiración rápida;
  • mareo;
  • tensión muscular;
  • temblor;
  • sensación de irrealidad.

Más adelante, sensaciones similares pueden convertirse en recordatorios internos del peligro.

Por ejemplo, una persona que experimentó una fuerte taquicardia durante un accidente puede asustarse al notar el corazón acelerado haciendo ejercicio.

La sensación actual no es el trauma, pero puede activar una memoria de amenaza:

«La última vez que sentí algo parecido ocurrió algo terrible.»

Si además la persona comienza a vigilar continuamente el cuerpo, puede aparecer un patrón de hipervigilancia corporal y autoobservación.

El condicionamiento: cuando una señal actual recuerda al peligro pasado

Nuestro sistema de aprendizaje puede asociar determinados estímulos con una experiencia amenazante.

Después de un accidente de tráfico, por ejemplo, pueden generar ansiedad:

  • el sonido de una frenada;
  • una determinada carretera;
  • conducir de noche;
  • una sensación de velocidad;
  • incluso una determinada postura dentro del vehículo.

Algo similar puede ocurrir después de una agresión, una hospitalización, una catástrofe o una experiencia interpersonal muy amenazante.

El estímulo actual no tiene por qué ser peligroso. Lo que ocurre es que ha quedado asociado a una experiencia previa de amenaza.

¿Por qué a veces el ataque parece aparecer sin motivo?

Porque no siempre somos conscientes del desencadenante.

Una respuesta de alarma puede activarse por:

  • una sensación corporal;
  • un olor;
  • una imagen;
  • un tono de voz;
  • una situación parecida;
  • un pensamiento fugaz;
  • una fecha;
  • un estado de cansancio o estrés.

Si la persona no identifica esa asociación, la experiencia subjetiva puede ser:

«Estaba perfectamente y de repente me dio un ataque de pánico.»

Esto no significa que siempre exista un trauma oculto detrás de un ataque de pánico. Muchos ataques aparecen sin relación con experiencias traumáticas previas.

Trauma, TEPT y ataques de pánico no son lo mismo

Es importante diferenciarlos.

Experiencia traumática

Hace referencia a un acontecimiento o conjunto de acontecimientos que sobrepasan los recursos de afrontamiento de una persona y generan una intensa sensación de amenaza, indefensión o pérdida de control.

Trastorno de estrés postraumático

Es un diagnóstico clínico concreto que puede aparecer después de determinados acontecimientos traumáticos y que incluye grupos de síntomas como recuerdos intrusivos, evitación, cambios cognitivos y emocionales y aumento de la activación y reactividad.

La hipervigilancia y el sobresalto exagerado pueden formar parte de ese patrón.

Ataque de pánico

Es un episodio agudo de miedo o malestar intenso.

Puede aparecer dentro de diferentes problemas psicológicos y también en personas que no cumplen criterios para ningún trastorno.

Por tanto:

se puede haber sufrido un trauma sin tener TEPT, tener ataques de pánico sin haber sufrido un trauma y presentar TEPT sin experimentar ataques de pánico recurrentes.

¿Cómo diferenciar un ataque de pánico relacionado con trauma de un trastorno de pánico?

No siempre puede hacerse solo observando el episodio. Por eso es importante evaluar qué ocurre antes, durante y después.

En un trastorno de pánico, el miedo puede quedar especialmente centrado en las propias sensaciones:

  • «voy a tener un infarto»;
  • «voy a desmayarme»;
  • «voy a perder el control»;
  • «me va a volver a dar otro ataque».

Cuando existe un componente traumático relevante, puede haber además:

  • recuerdos intrusivos;
  • pesadillas;
  • evitación de recordatorios;
  • reacciones intensas ante estímulos asociados;
  • hipervigilancia persistente;
  • sensación de inseguridad incluso cuando la situación actual es segura.

La evaluación clínica permite determinar qué proceso está dominando el problema y orientar mejor el tratamiento.

¿Qué papel tiene el miedo a las propias sensaciones?

Después de uno o varios ataques puede desarrollarse un segundo problema:

el miedo a volver a sentir miedo.

La persona empieza a observar:

  • su respiración;
  • su frecuencia cardíaca;
  • si está mareándose;
  • si nota la cabeza extraña;
  • si empieza a sentirse desconectada.

Este patrón puede mantener el pánico aunque el desencadenante inicial estuviera relacionado con un trauma.

En estos casos puede ser útil trabajar específicamente el miedo a las sensaciones mediante procedimientos como la exposición interoceptiva, cuando esté clínicamente indicada.

¿Puede aparecer desrealización o despersonalización?

Sí. Tanto durante estados intensos de ansiedad como en determinados problemas relacionados con trauma pueden aparecer experiencias de despersonalización o desrealización.

La persona puede describirlas como:

  • «parece que estoy en una película»;
  • «todo me resulta extraño»;
  • «me siento desconectado de mí mismo»;
  • «parece que el mundo no es real».

Estas sensaciones pueden resultar muy alarmantes y convertirse posteriormente en objeto de vigilancia y miedo.

Cuando ocurre esto, es importante entender el fenómeno en su contexto y no interpretar automáticamente la sensación como evidencia de estar «perdiendo la cabeza».

¿Por qué unas personas desarrollan problemas después de un trauma y otras no?

No existe una única explicación.

Influyen factores relacionados con:

  • la naturaleza e intensidad del acontecimiento;
  • la duración o repetición de la exposición;
  • experiencias traumáticas previas;
  • recursos de afrontamiento;
  • apoyo social;
  • otros acontecimientos estresantes posteriores;
  • vulnerabilidades previas;
  • significado personal de lo sucedido.

La OMS señala precisamente que la mayoría de las personas expuestas a sucesos potencialmente traumáticos no desarrollan TEPT y destaca el apoyo social como uno de los factores asociados a un menor riesgo.

Por eso conviene evitar dos extremos: pensar que cualquier experiencia difícil genera inevitablemente un trauma psicológico o asumir que una reacción persistente significa falta de fortaleza.

¿Cómo se tratan los ataques de pánico cuando existe trauma?

El tratamiento depende de qué mecanismos estén manteniendo el problema.

No todas las personas que han vivido una experiencia traumática necesitan exactamente la misma intervención.

Terapia cognitivo-conductual para el pánico

Cuando el problema principal es el miedo a las propias sensaciones, las interpretaciones catastróficas y la evitación, la terapia cognitivo-conductual puede trabajar sobre:

  • interpretación de síntomas;
  • miedo anticipatorio;
  • conductas de seguridad;
  • evitación;
  • exposición a situaciones;
  • exposición interoceptiva.

El NIMH incluye la terapia cognitivo-conductual entre los tratamientos psicológicos utilizados habitualmente para el trastorno de pánico.

Tratamientos centrados en trauma

Cuando existe un TEPT o recuerdos traumáticos claramente relacionados con las respuestas actuales, puede ser necesario trabajar directamente sobre el trauma.

La OMS identifica entre las intervenciones psicológicas con mayor respaldo para TEPT la terapia cognitivo-conductual centrada en trauma y el EMDR.

Esto no significa que toda persona que haya sufrido un ataque de pánico necesite EMDR ni que detrás de todo pánico exista un trauma no procesado.

La elección de la intervención debe partir de una evaluación clínica.

Trabajar la hipervigilancia

Cuando el organismo permanece continuamente preparado para detectar peligro, también puede ser necesario trabajar sobre:

  • atención selectiva hacia amenazas;
  • comprobaciones;
  • evitación;
  • regulación fisiológica;
  • tolerancia a las sensaciones;
  • recuperación progresiva de contextos percibidos como seguros.

¿Qué no conviene hacer?

Hay varias simplificaciones que pueden generar confusión.

No asumir que todo ataque de pánico procede de un trauma

El trastorno de pánico puede aparecer sin una historia traumática identificable.

No intentar encontrar a toda costa «el trauma oculto»

Buscar retrospectivamente un acontecimiento que explique cualquier síntoma puede aumentar la rumiación y generar interpretaciones poco fiables.

No exponerse de forma brusca a recuerdos traumáticos sin criterio terapéutico

El tratamiento del trauma debe hacerse de forma estructurada, considerando la estabilidad, el contexto y las características de cada persona.

No atribuir automáticamente síntomas físicos nuevos a ansiedad

Cuando aparecen síntomas físicos nuevos, intensos o preocupantes es necesario realizar la valoración sanitaria que corresponda.

Cómo lo vemos en consulta

En ocasiones la persona llega diciendo:

  • «Desde aquello mi cuerpo reacciona por cualquier cosa».
  • «Antes del accidente nunca había tenido ataques de pánico».
  • «Sé que ahora estoy seguro, pero mi cuerpo parece no saberlo».
  • «Cuando noto el corazón acelerado me viene todo de nuevo».
  • «No sé por qué me asusto si racionalmente sé que no pasa nada».

Una de las preguntas más útiles es:

«¿Qué significa para ti esa sensación cuando aparece?»

A veces descubrimos miedo a una catástrofe física. Otras veces aparece miedo a revivir lo ocurrido, perder el control, quedar atrapado o volver a encontrarse indefenso.

Distinguir estos procesos permite que el tratamiento sea mucho más específico.

¿Cuándo conviene pedir ayuda psicológica?

Puede ser recomendable consultar cuando después de una experiencia traumática:

  • aparecen ataques de pánico repetidos;
  • existe miedo persistente a que vuelva a ocurrir;
  • se evitan lugares o situaciones importantes;
  • hay recuerdos intrusivos o pesadillas;
  • se vive en estado de alerta constante;
  • existe una fuerte vigilancia de las sensaciones corporales;
  • los síntomas interfieren en el trabajo, las relaciones, el sueño o la vida cotidiana.

Preguntas frecuentes sobre trauma y ataques de pánico

¿Un trauma puede provocar un ataque de pánico años después?

Puede existir una relación incluso cuando ha pasado tiempo, especialmente si determinados recuerdos, situaciones o sensaciones continúan asociados a amenaza. Sin embargo, no debe asumirse automáticamente que cualquier ataque de pánico tardío procede de un trauma previo.

¿Tener ataques de pánico significa que tengo TEPT?

No. Los ataques de pánico pueden aparecer en diferentes problemas psicológicos y también de manera aislada. El TEPT requiere un conjunto específico de síntomas relacionados con una experiencia traumática.

¿Por qué mi cuerpo reacciona si sé que ya no estoy en peligro?

Porque el aprendizaje emocional y fisiológico no depende únicamente del razonamiento consciente. Determinadas señales pueden seguir activando respuestas de alarma aunque intelectualmente sepamos que la situación actual es segura.

¿El trauma puede causar hipervigilancia?

Sí. La hipervigilancia puede aparecer dentro de problemas relacionados con trauma y consiste en mantener una atención excesiva hacia posibles señales de peligro. Sin embargo, también puede aparecer en otros trastornos de ansiedad y no implica necesariamente haber sufrido un trauma.

¿EMDR sirve para los ataques de pánico?

EMDR cuenta con respaldo para el tratamiento del trastorno de estrés postraumático. Cuando los ataques de pánico están estrechamente relacionados con experiencias traumáticas puede formar parte de un plan terapéutico, pero no es el tratamiento indicado automáticamente para cualquier ataque de pánico.

¿Cuál es el tratamiento más adecuado?

Depende de qué esté manteniendo los síntomas. Si predomina el miedo a las sensaciones y a nuevos ataques, puede ser prioritario tratar el pánico. Si existe un trastorno relacionado con trauma, puede ser necesario trabajar además los recuerdos, la evitación y la hipervigilancia traumática.

El objetivo no es olvidar, sino dejar de vivir como si el peligro siguiera presente

Una experiencia traumática puede modificar profundamente nuestra sensación de seguridad.

El cuerpo puede reaccionar ante señales que antes eran neutrales y determinados recuerdos o sensaciones pueden desencadenar una alarma muy intensa.

Pero una respuesta aprendida también puede modificarse.

El tratamiento psicológico busca que la persona pueda recordar sin revivir constantemente, sentir sensaciones corporales sin interpretarlas automáticamente como una catástrofe y volver a relacionarse con el presente desde una percepción de seguridad más ajustada.

En Ícaro Psicología trabajamos los problemas de ansiedad, ataques de pánico y trauma mediante una evaluación individualizada que permita distinguir qué mecanismos están manteniendo los síntomas en cada caso.

Autor

Rafael Gómez , psicólogo general sanitario de Ícaro Psicología, especializado en trauma, apego y disociación.

Referencias bibliográficas

  • Bados López, A. (2017). Trastorno por estrés postraumático: naturaleza, evaluación y tratamiento. Universitat de Barcelona. https://hdl.handle.net/2445/115725
  • Asociación Americana de Psiquiatría. (2023). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales: DSM-5-TR (5.ª ed., texto revisado). Editorial Médica Panamericana.
  • National Institute of Mental Health. (s. f.). El trastorno de pánico: lo que usted debe saber.
  • National Institute of Mental Health. (s. f.). Trastorno por estrés postraumático.
  • Organización Mundial de la Salud. (2024). Trastorno de estrés postraumático.
  • Clark, D. M. (1986). A cognitive approach to panic. Behaviour Research and Therapy, 24(4), 461–470.
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