cortisol

Cómo bajar el cortisol: 7 estrategias para regular el estrés

Para reducir la activación asociada al estrés no necesitamos “eliminar” el cortisol. El cortisol es una hormona esencial para el organismo y participa en funciones tan importantes como la regulación de la glucosa, la presión arterial, la inflamación y el ciclo sueño-vigilia.

Lo que sí puede resultar perjudicial es una activación mantenida o desregulada del sistema de respuesta al estrés. Por eso, cuando buscamos cómo bajar el cortisol, la pregunta más útil suele ser:

¿Cómo puedo reducir el estrés crónico y favorecer una recuperación adecuada de mi organismo?

El sueño, la actividad física, la reducción de determinados estresores, la recuperación, las relaciones sociales y el tratamiento psicológico cuando existe ansiedad o estrés mantenido pueden formar parte de esa regulación.

Pero existe una precisión importante: sentirse estresado no demuestra por sí solo que tengamos un exceso clínico de cortisol. Tampoco podemos saber nuestros niveles de cortisol por una lista de síntomas encontrada en Internet.

¿Qué es el cortisol?

El cortisol es una hormona esteroidea producida por las glándulas suprarrenales.

Forma parte del funcionamiento del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, uno de los sistemas implicados en la respuesta del organismo ante las demandas y el estrés.

Entre sus funciones se encuentran:

  • participar en la regulación de la glucosa y del metabolismo;
  • modular la respuesta inflamatoria;
  • contribuir a la regulación de la presión arterial;
  • participar en el ciclo sueño-vigilia;
  • ayudar al organismo a disponer de energía ante determinadas demandas.

Por tanto, el cortisol no es una toxina ni una hormona mala.

Necesitamos cortisol para funcionar correctamente.

¿Por qué se conoce como la hormona del estrés?

Ante una amenaza o una demanda importante, el organismo activa distintos sistemas.

Entre ellos encontramos:

  • el sistema nervioso simpático;
  • la liberación de adrenalina y noradrenalina;
  • el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal;
  • la liberación de cortisol.

Esta respuesta resulta adaptativa.

Nos ayuda a movilizar energía y recursos para afrontar una situación exigente.

Cuando la situación termina, el organismo dispone de mecanismos de regulación que permiten recuperar progresivamente el equilibrio.

El problema puede aparecer cuando las demandas son persistentes, existe poca recuperación o la persona permanece durante largos periodos en un contexto de estrés mantenido.

¿El estrés siempre significa tener el cortisol alto?

No.

Esta es una de las ideas más importantes de este artículo.

La relación entre estrés y cortisol es más compleja de lo que suele explicarse en redes sociales.

El cortisol:

  • varía a lo largo del día;
  • suele presentar niveles más altos alrededor del despertar;
  • desciende progresivamente durante la jornada;
  • puede aumentar ante determinadas situaciones estresantes;
  • depende de numerosos factores individuales y contextuales.

Además, la investigación diferencia entre distintas medidas:

  • cortisol al despertar;
  • pendiente diurna;
  • producción total diaria;
  • reactividad ante un estresor;
  • recuperación posterior.

No todas estas medidas se comportan de la misma manera.

Por eso no es correcto imaginar un único depósito de cortisol que simplemente se va llenando cuanto más estrés sentimos.

¿Qué significa realmente tener el cortisol alto?

En medicina, un nivel anormalmente elevado de cortisol no se diagnostica a partir de síntomas inespecíficos como cansancio, ansiedad o dificultad para dormir.

La evaluación puede requerir diferentes pruebas dependiendo de la sospecha clínica, como mediciones en sangre, orina o saliva.

Cuando existe una producción patológicamente elevada de cortisol durante un periodo prolongado pueden aparecer cuadros endocrinológicos como el síndrome de Cushing.

Este problema no debe confundirse con el estrés cotidiano.

Entre sus posibles signos se encuentran, entre otros:

  • aumento característico de peso;
  • acumulación de grasa en determinadas zonas;
  • estrías violáceas anchas;
  • fragilidad cutánea y aparición fácil de hematomas;
  • debilidad muscular;
  • alteraciones metabólicas;
  • otros cambios hormonales.

Si existe sospecha de una alteración hormonal, corresponde realizar una evaluación médica.

Entonces, ¿qué quiere decir “bajar el cortisol”?

En la mayoría de las búsquedas en Internet, una persona que pregunta cómo bajar el cortisol no está hablando de una enfermedad endocrina.

Suele estar expresando algo parecido a:

  • «Estoy continuamente estresado.»
  • «No consigo desconectar.»
  • «Siento mi cuerpo permanentemente activado.»
  • «Estoy agotado pero no consigo descansar.»
  • «Quiero dejar de vivir en tensión.»

En estos casos, resulta más útil hablar de regulación del estrés y recuperación que obsesionarnos con una cifra hormonal.

¿Cuáles son los síntomas del cortisol alto?

Esta pregunta requiere distinguir dos situaciones.

Estrés mantenido

Durante periodos prolongados de estrés pueden aparecer:

  • problemas de sueño;
  • irritabilidad;
  • dificultad para concentrarse;
  • tensión muscular;
  • fatiga;
  • problemas digestivos;
  • preocupación;
  • ansiedad;
  • cambios en determinados hábitos.

Pero estos síntomas no permiten afirmar que una persona tenga clínicamente “el cortisol alto”.

Hipercortisolismo

Una alteración endocrina mantenida del cortisol requiere una evaluación médica específica.

Por eso no recomendamos utilizar listas de síntomas online para intentar diagnosticarla.

¿Cómo bajar el cortisol de forma natural?

Si utilizamos esta expresión para referirnos a reducir el estrés crónico y mejorar la regulación del organismo, existen varios ámbitos sobre los que podemos intervenir.

1. Dormir suficiente y cuidar el ritmo de sueño

El sueño y el sistema de estrés están estrechamente relacionados.

Dormir mal puede aumentar nuestra vulnerabilidad ante las demandas del día siguiente, mientras que el estrés puede dificultar conciliar o mantener el sueño.

Algunas medidas útiles son:

  • mantener horarios relativamente regulares;
  • reducir la exposición a actividades muy activantes inmediatamente antes de dormir;
  • limitar el tiempo que permanecemos despiertos en la cama;
  • revisar el consumo de cafeína, especialmente por la tarde;
  • mantener exposición a luz natural durante el día;
  • consultar cuando existe insomnio persistente.

No necesitamos conseguir un sueño perfecto.

La finalidad es favorecer un ritmo suficientemente estable que permita recuperación.

2. Realizar actividad física regularmente

La actividad física regular se asocia con numerosos beneficios para la salud física y psicológica.

En relación con el estrés, puede contribuir a:

  • mejorar el estado de ánimo;
  • reducir síntomas de ansiedad;
  • mejorar el sueño;
  • aumentar la capacidad para afrontar determinadas demandas;
  • favorecer la salud cardiovascular y metabólica.

Pero existe una precisión importante.

El cortisol puede aumentar transitoriamente durante el ejercicio, especialmente cuando la intensidad es elevada.

Eso no significa que hacer ejercicio sea perjudicial ni que estemos dañando el organismo.

Una elevación fisiológica y temporal en respuesta al esfuerzo es distinta de una alteración hormonal patológica.

Este punto resulta especialmente importante en personas que han empezado a temer cualquier circunstancia que pueda “subirles el cortisol”.

3. Reducir los estresores modificables

A veces intentamos compensar una vida insostenible añadiendo técnicas de relajación.

Pero si una persona:

  • trabaja muchas más horas de las que puede mantener;
  • vive en un conflicto interpersonal continuo;
  • no establece límites;
  • asume responsabilidades constantemente;
  • no dispone de periodos de recuperación;

es posible que la intervención más importante no sea aprender otra técnica.

Puede ser necesario modificar alguno de esos factores.

La gestión del estrés incluye preguntar:

«¿Qué parte de mi estrés puedo regular y qué parte de mi vida necesita realmente cambiar?»

4. Reducir la preocupación y la hiperactivación psicológica

Una amenaza no necesita estar físicamente presente para activar estrés.

Podemos pasar horas anticipando:

  • problemas laborales;
  • enfermedades;
  • conflictos;
  • errores;
  • problemas económicos;
  • acontecimientos futuros.

El organismo responde no solo a lo que ocurre, sino también a cómo interpretamos las situaciones.

Cuando existe ansiedad anticipatoria, puede ser necesario trabajar específicamente las predicciones de amenaza y la necesidad de anticiparlo todo.

5. Aprender a recuperar, no solamente a “relajarse”

Existe una diferencia entre realizar una técnica de relajación durante diez minutos y disponer de auténticos periodos de recuperación.

Una persona puede meditar por la mañana y continuar el resto del día:

  • trabajando sin pausas;
  • comprobando continuamente el correo;
  • pensando en problemas durante el descanso;
  • durmiendo poco;
  • respondiendo permanentemente a demandas externas.

La recuperación puede incluir:

  • descanso;
  • ocio;
  • actividad agradable;
  • contacto social;
  • sueño;
  • tiempo sin demandas;
  • actividad física adecuada.

El objetivo no es conseguir que el organismo esté completamente relajado todo el día.

Necesitamos capacidad tanto para activarnos como para recuperarnos.

6. Mantener relaciones y apoyo social

Las relaciones sociales pueden actuar como un importante recurso frente al estrés.

Hablar con personas de confianza, recibir apoyo, compartir responsabilidades y mantener vínculos satisfactorios puede modificar la forma en que afrontamos situaciones exigentes.

Esto no significa que una conversación agradable produzca automáticamente una cantidad determinada de descenso de cortisol.

La relación entre apoyo social, estrés y fisiología es compleja.

Lo relevante clínicamente es que no afrontar todas las demandas en aislamiento suele aumentar nuestros recursos de regulación.

7. Tratar el estrés o la ansiedad cuando se han cronificado

Si la activación se mantiene durante semanas o meses y está interfiriendo con nuestra vida, puede ser necesario trabajar psicológicamente los factores que la mantienen.

Por ejemplo:

  • preocupación crónica;
  • perfeccionismo;
  • autoexigencia;
  • dificultad para poner límites;
  • rumiación;
  • hipervigilancia;
  • miedo a las sensaciones;
  • problemas laborales o relacionales;
  • conductas de evitación.

Desde la terapia cognitivo-conductual y otros enfoques psicológicos podemos trabajar sobre estos procesos.

¿La respiración baja el cortisol?

Las técnicas respiratorias pueden reducir la activación subjetiva y fisiológica en determinadas circunstancias.

Pero conviene evitar mensajes excesivamente precisos como:

«Haz esta respiración y bajarás inmediatamente el cortisol.»

No podemos inferir nuestros niveles hormonales simplemente porque nos sintamos más tranquilos.

La respiración puede ser una herramienta de regulación útil sin necesidad de convertirla en un tratamiento endocrinológico.

¿La meditación y el mindfulness reducen el cortisol?

Las intervenciones basadas en mindfulness pueden ayudar a algunas personas a reducir estrés, ansiedad y reactividad frente a pensamientos y emociones.

Los estudios que utilizan cortisol como marcador fisiológico muestran resultados variables dependiendo de:

  • la población;
  • el tipo de intervención;
  • la duración;
  • el momento de medición;
  • la medida de cortisol utilizada.

Por tanto, mindfulness puede resultar útil aunque no podamos prometer una reducción hormonal concreta.

Puedes conocer mejor este enfoque en nuestra sección sobre mindfulness.

¿Qué alimentos bajan el cortisol?

No existe un alimento que funcione como un interruptor capaz de apagar el cortisol.

Una alimentación suficiente y equilibrada forma parte de una buena salud general, pero afirmaciones como:

  • «este alimento elimina el cortisol»;
  • «esta bebida desactiva la hormona del estrés»;
  • «esta dieta resetea las suprarrenales»;

simplifican en exceso la fisiología.

Si existen necesidades dietéticas o metabólicas específicas, deberían valorarse con profesionales sanitarios cualificados.

¿Hay suplementos para bajar el cortisol?

Internet está lleno de productos comercializados como “bloqueadores de cortisol” o suplementos para el denominado “estrés suprarrenal”.

No recomendamos utilizar suplementos únicamente a partir de contenidos online.

Además:

  • la evidencia varía mucho entre productos;
  • pueden producir efectos secundarios;
  • pueden interactuar con medicamentos;
  • su calidad y dosis pueden variar;
  • pueden retrasar la evaluación de un problema médico real.

Antes de tomar un suplemento con una finalidad hormonal conviene consultarlo con un profesional sanitario.

¿Existe realmente la “fatiga suprarrenal”?

El término “fatiga suprarrenal” se utiliza mucho en redes sociales para explicar cansancio, estrés, dificultad para levantarse, problemas de sueño y otros síntomas inespecíficos.

Sin embargo, no es un diagnóstico endocrinológico reconocido.

Esto no significa que el cansancio sea imaginario.

Significa que sus causas pueden ser muy diversas y que atribuirlo automáticamente a unas suprarrenales “agotadas” puede conducir a explicaciones y tratamientos incorrectos.

Cortisol, ansiedad y miedo a las propias sensaciones

Existe un fenómeno cada vez más frecuente:

personas que han aprendido tanto sobre cortisol que empiezan a interpretar cualquier señal de activación como perjudicial.

Por ejemplo:

  • «Estoy nervioso: me está subiendo el cortisol.»
  • «He dormido mal: estoy dañando mi organismo.»
  • «El entrenamiento ha sido intenso: seguro que tengo el cortisol disparado.»
  • «He tenido una discusión: ahora tengo que conseguir bajarlo.»

En estas situaciones el conocimiento sobre el estrés puede convertirse paradójicamente en una nueva fuente de estrés.

El cuerpo humano está diseñado para experimentar activación.

No necesitamos evitar cada subida transitoria de cortisol.

Necesitamos que exista capacidad de adaptación y recuperación.

Cortisol e hipervigilancia

Cuando una persona teme continuamente estar demasiado activada puede empezar a vigilar:

  • el pulso;
  • el sueño;
  • la energía;
  • el estado de ánimo;
  • el cansancio;
  • la tensión muscular.

Así puede desarrollarse un patrón de hipervigilancia.

La intención era conocer mejor el cuerpo.

Pero la consecuencia puede ser permanecer constantemente pendiente de si el organismo está “demasiado estresado”.

Cortisol y estrés crónico

Cuando el estrés permanece durante mucho tiempo, aumenta el riesgo de distintos problemas físicos y psicológicos.

Pero tampoco aquí debemos reducir todo el proceso al cortisol.

Participan múltiples sistemas:

  • sistema nervioso autónomo;
  • eje HHA;
  • respuesta cardiovascular;
  • sistema inmunitario;
  • sueño;
  • conductas de salud;
  • factores psicológicos y sociales.

Por eso hemos desarrollado también un artículo específico sobre por qué en el estrés no solo hay cortisol.

¿Cómo sé si debería pedir una analítica de cortisol?

No es necesario medir el cortisol simplemente porque estemos atravesando una etapa estresante.

Las pruebas de cortisol tienen indicaciones clínicas específicas y su interpretación depende de:

  • el tipo de muestra;
  • el horario;
  • la medicación;
  • el contexto clínico;
  • la enfermedad que se intenta confirmar o descartar.

Si existen signos que hagan sospechar una alteración endocrina, será el profesional médico quien determine qué pruebas son apropiadas.

¿Qué puedo hacer hoy para reducir mi nivel de estrés?

Una estrategia sencilla consiste en diferenciar tres grupos.

Lo que puedo modificar

Por ejemplo:

  • horarios imposibles;
  • falta de pausas;
  • consumo excesivo de cafeína;
  • sobrecarga de tareas;
  • uso permanente del teléfono;
  • ausencia de límites.

Lo que no puedo modificar pero puedo afrontar de otra manera

Por ejemplo:

  • incertidumbre;
  • errores;
  • determinadas responsabilidades;
  • situaciones transitorias difíciles.

Lo que requiere ayuda

Por ejemplo:

  • ansiedad persistente;
  • insomnio crónico;
  • burnout;
  • síntomas depresivos;
  • conflictos laborales o familiares graves;
  • problemas médicos.

No todos los problemas se solucionan mediante una técnica individual de relajación.

Preguntas frecuentes sobre cortisol y estrés

¿Cómo bajar el cortisol rápidamente?

No existe una técnica universal que permita conocer y reducir inmediatamente el nivel de cortisol. Si la preocupación es el estrés, puede resultar más útil reducir la activación, descansar, dormir adecuadamente y trabajar los factores que mantienen el estrés.

¿Qué síntomas indican que tengo el cortisol alto?

Los síntomas habituales del estrés, como cansancio, ansiedad o problemas de sueño, no permiten diagnosticar cortisol elevado. El hipercortisolismo patológico requiere evaluación médica y pruebas específicas.

¿El cortisol engorda?

El cortisol interviene en el metabolismo y los trastornos caracterizados por exceso mantenido de cortisol pueden producir cambios importantes en el peso y la distribución de grasa. Sin embargo, atribuir cualquier aumento de peso al cortisol es una simplificación: alimentación, actividad física, sueño, medicación, metabolismo y otros factores también intervienen.

¿El café aumenta el cortisol?

La cafeína puede producir respuestas fisiológicas agudas y afectar al sueño en algunas personas. Si existe ansiedad, insomnio o elevada activación, puede resultar útil revisar la cantidad y el horario de consumo, más que intentar controlar una cifra hormonal concreta.

¿Hacer ejercicio aumenta o disminuye el cortisol?

El ejercicio puede aumentar el cortisol de forma transitoria, especialmente dependiendo de la intensidad y duración. Esto forma parte de una respuesta fisiológica normal y no significa que el ejercicio sea perjudicial. A largo plazo, la actividad física regular ofrece numerosos beneficios para la salud y el manejo del estrés.

¿Dormir poco aumenta el cortisol?

El sueño y el eje de estrés se influyen mutuamente. La restricción de sueño puede alterar la regulación fisiológica del estrés, y el estrés crónico puede deteriorar el sueño. Por eso el descanso es una parte importante del manejo global del estrés.

¿La ansiedad significa que tengo demasiado cortisol?

No. La ansiedad implica múltiples procesos psicológicos y fisiológicos. El cortisol participa en la respuesta al estrés, pero no podemos explicar un trastorno de ansiedad únicamente como un exceso de cortisol.

¿Se puede medir el cortisol?

Sí. Puede medirse mediante diferentes procedimientos, pero las pruebas deben solicitarse e interpretarse dentro de un contexto clínico. Una medición aislada no equivale a una evaluación del estrés psicológico.

El objetivo no es tener el cortisol lo más bajo posible

Quizá esta sea la idea más importante.

Un organismo sano no es un organismo sin cortisol ni sin estrés.

Necesitamos activarnos cuando una situación lo requiere.

Necesitamos cortisol para levantarnos, disponer de energía, regular el metabolismo y responder a diferentes demandas.

El problema no es experimentar estrés durante una reunión difícil, hacer ejercicio intenso o pasar una semana complicada.

Lo que merece atención es un patrón en el que:

  • las demandas son permanentes;
  • no existen suficientes periodos de recuperación;
  • la ansiedad domina gran parte del día;
  • el sueño se deteriora;
  • la preocupación no se detiene;
  • la vida empieza a organizarse alrededor del estrés.

En Ícaro Psicología trabajamos los problemas de estrés y ansiedad buscando los factores concretos que mantienen la activación, en lugar de reducir una experiencia compleja a una única hormona.

Autor

Ignacio Calvo, psicólogo y director de Ícaro Psicología.

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