La ansiedad no siempre se presenta como nerviosismo, preocupación o palpitaciones. También puede producir sensaciones mucho más difíciles de identificar: hormigueo en la cara, sensación de flotar, visión extraña, escalofríos, presión en la cabeza, dificultad para conseguir una respiración satisfactoria o incluso la impresión de que el entorno resulta poco real.
Cuando estas experiencias aparecen por primera vez es frecuente pensar:
- «Esto no puede ser ansiedad».
- «Nunca había sentido algo así».
- «Tengo que tener algo neurológico».
- «Me estoy mareando de una forma extraña».
- «Parece que no soy yo».
- «¿Y si me estoy volviendo loco?».
Muchas de estas sensaciones pueden aparecer durante estados de ansiedad intensa, ataques de pánico, estrés mantenido o hiperventilación. Son experiencias reales: que un síntoma pueda estar relacionado con ansiedad no significa que sea imaginario.
Pero existe una segunda idea igualmente importante: no debemos atribuir automáticamente cualquier síntoma físico a la ansiedad. Cuando un síntoma es nuevo, intenso, progresivo, diferente de lo habitual o existen dudas razonables sobre su origen, debe realizarse la valoración sanitaria correspondiente.
En este artículo vamos a detenernos precisamente en esa zona que suele generar tanta confusión: los llamados, coloquialmente, “síntomas raros de la ansiedad”.
¿Puede la ansiedad producir síntomas físicos extraños?
Sí. La ansiedad puede producir una gama muy amplia de manifestaciones físicas y perceptivas porque no es únicamente un estado mental. Implica cambios en diferentes sistemas del organismo.
Cuando nuestro cerebro interpreta que existe una amenaza, pueden modificarse:
- la frecuencia cardíaca;
- el patrón respiratorio;
- el tono muscular;
- la sudoración;
- la actividad gastrointestinal;
- la distribución de la atención;
- la percepción de las propias sensaciones corporales;
- y, en situaciones de elevada activación, incluso nuestra sensación subjetiva de familiaridad con nosotros mismos o con el entorno.
El problema aparece cuando una sensación que desconocíamos se convierte inmediatamente en una señal de peligro.
Por ejemplo:
hormigueo → «tengo un problema neurológico» → miedo → mayor activación → más hormigueo.
O:
mareo → «voy a desmayarme» → vigilancia del equilibrio → mayor percepción del mareo → más miedo.
De este modo, una sensación corporal puede iniciar un círculo de sensación → interpretación de peligro → ansiedad → aumento de la sensación.
12 síntomas poco conocidos de la ansiedad
1. Hormigueo en manos, pies, cara o alrededor de la boca
El hormigueo —lo que médicamente denominamos parestesias— puede aparecer durante episodios de ansiedad intensa y está especialmente relacionado con determinados cambios respiratorios.
Cuando respiramos más rápido o más profundamente de lo que nuestro organismo necesita podemos eliminar demasiado dióxido de carbono. Esto modifica temporalmente el equilibrio fisiológico y puede favorecer:
- hormigueo en los dedos;
- entumecimiento de manos;
- hormigueo en los pies;
- sensación extraña alrededor de los labios;
- rigidez o tensión en las extremidades.
Este mecanismo se explica con mayor detalle en nuestro artículo sobre hiperventilación por ansiedad.
El hormigueo asociado a ansiedad suele aparecer junto con otras señales de activación, pero un entumecimiento nuevo, persistente, localizado o acompañado de pérdida de fuerza requiere valoración médica.
2. Sensación de cabeza ligera, flotación o inestabilidad
No todos los mareos son iguales.
Algunas personas con ansiedad no describen una sensación de que «todo da vueltas», sino algo bastante más difícil de explicar:
- «parece que camino flotando»;
- «el suelo se mueve»;
- «siento la cabeza muy ligera»;
- «parece que voy en un barco»;
- «me noto inestable aunque realmente no me caigo».
La respiración, la tensión muscular, la activación fisiológica y una atención excesivamente centrada en el equilibrio pueden participar en estas experiencias.
El problema puede agravarse cuando empezamos a caminar comprobando constantemente:
«¿Estoy estable?»
«¿Me voy hacia un lado?»
«¿Me estaré mareando más?»
La propia vigilancia aumenta la conciencia de pequeñas oscilaciones corporales que normalmente pasarían inadvertidas.
3. Sentir que vas a desmayarte aunque no llegues a perder el conocimiento
Durante una crisis de ansiedad podemos sentir:
- debilidad;
- visión extraña;
- mareo;
- sudoración;
- sensación de piernas flojas;
- cabeza ligera.
La combinación puede generar una impresión muy convincente:
«Voy a desmayarme».
Sin embargo, sentir que vamos a perder el conocimiento y sufrir realmente un síncope no son exactamente lo mismo.
Muchas personas experimentan repetidamente esa sensación durante ataques de ansiedad sin llegar a desmayarse.
Esto no significa que todo desmayo deba atribuirse a ansiedad. Una pérdida real de conciencia, especialmente si es nueva o recurrente, debe valorarse médicamente.
4. Ver raro, notar la luz diferente o sentir que no enfocas bien
Una de las expresiones que escuchamos con relativa frecuencia en consulta es:
«No veo borroso exactamente. Simplemente veo raro».
Algunas personas describen:
- mayor sensibilidad a la luz;
- dificultad subjetiva para enfocar;
- sensación de profundidad diferente;
- visión excesivamente nítida;
- sensación de niebla;
- percepción visual poco familiar.
En ocasiones estas experiencias aparecen durante estados de elevada activación, hiperventilación o fenómenos de desrealización.
Lo desarrollamos específicamente en ansiedad y visión borrosa: qué ocurre realmente.
Por supuesto, una alteración visual nueva o persistente necesita una valoración adecuada y no debe darse por hecho que se debe a ansiedad.
5. Sentir que el mundo parece extraño, lejano o poco real
Este síntoma puede resultar especialmente alarmante.
Una persona puede encontrarse en su propia casa y pensar:
«Sé perfectamente dónde estoy, pero todo parece extraño».
O mirar a su pareja y sentir:
«Sé quién es, pero por algún motivo la noto lejana».
Esta experiencia puede corresponder a un fenómeno denominado desrealización.
La persona suele conservar el juicio de realidad: sabe que el mundo es real, pero no se siente igual de real o familiar.
Puede aparecer durante:
- ansiedad intensa;
- ataques de pánico;
- periodos prolongados de estrés;
- falta de sueño;
- determinados procesos disociativos;
- otras situaciones clínicas que deben evaluarse individualmente.
Puedes ampliar información en nuestro artículo sobre desrealización: qué es, síntomas, causas y tratamiento.
6. Sentirse desconectado de uno mismo
La extrañeza también puede dirigirse hacia nosotros mismos.
Algunas personas explican:
- «parece que estoy observándome desde fuera»;
- «siento mi cuerpo extraño»;
- «parece que mis manos no fueran mías»;
- «sé que soy yo, pero no me siento como yo».
Estas experiencias pueden aparecer dentro de fenómenos de despersonalización.
Precisamente porque son difíciles de describir, pueden desencadenar pensamientos muy alarmantes:
«Estoy perdiendo la cabeza».
Sin embargo, sentir extrañeza respecto a uno mismo no equivale automáticamente a perder el contacto con la realidad.
En muchos casos, lo que más mantiene el problema no es únicamente la sensación inicial, sino comenzar a comprobar continuamente:
«¿Ya vuelvo a sentirme yo?»
Cuanto más nos observamos intentando recuperar una sensación determinada, más artificial puede volverse nuestra propia experiencia.
7. Tener la sensación de que no puedes completar una respiración
Es otra experiencia muy característica:
«Puedo respirar, pero parece que el aire no llega hasta el final».
Entonces la persona intenta realizar una inspiración profunda.
No resulta completamente satisfactoria.
Vuelve a intentarlo.
Suspira.
Bosteza.
Durante unos segundos parece conseguir una respiración «perfecta».
Después vuelve a comprobar.
Puede establecerse así un círculo:
sensación de falta de aire → inspiración profunda → alivio breve → comprobación → nueva inspiración.
Paradójicamente, si existe hiperventilación, realizar continuamente respiraciones excesivamente grandes puede contribuir a mantener mareo, hormigueo y sensación de falta de aire.
8. Escalofríos o golpes de calor sin una razón aparente
La respuesta de alarma también afecta al sistema nervioso autónomo.
Por ello algunas personas experimentan:
- oleadas repentinas de calor;
- escalofríos;
- sudor frío;
- sensación de calor en la cara;
- alternancia rápida entre frío y calor.
Estas sensaciones están descritas, por ejemplo, durante los ataques de pánico.
Cuando aparecen sin contexto pueden resultar desconcertantes porque la persona empieza a buscar explicaciones físicas inmediatas.
Como ocurre con todos los síntomas que describimos aquí, el contexto es fundamental. Fiebre, alteraciones hormonales, infecciones, medicamentos y muchas otras circunstancias también pueden modificar la temperatura corporal o nuestra percepción de ella.
9. Náuseas, nudo en el estómago o necesidad repentina de ir al baño
El aparato digestivo y el sistema nervioso mantienen una comunicación estrecha.
Durante situaciones de amenaza o elevada activación pueden aparecer:
- náuseas;
- retortijones;
- diarrea;
- sensación de estómago cerrado;
- pérdida temporal de apetito;
- urgencia intestinal.
Por eso algunas personas notan síntomas gastrointestinales antes de:
- hablar en público;
- entrar en una reunión;
- subirse a un avión;
- realizar un examen;
- acudir a una cita médica;
- o enfrentarse a una situación que anticipan como amenazante.
Cuando este patrón se repite puede surgir además miedo a los propios síntomas digestivos, aumentando la anticipación y la evitación.
10. Temblor interno aunque nadie pueda verlo
No todos los temblores son visibles.
Algunas personas describen una sensación interna parecida a:
- un motor encendido;
- vibración;
- electricidad;
- temblor dentro del pecho o abdomen;
- sensación de que todo el cuerpo está acelerado.
Puede aparecer cuando el organismo se encuentra en un estado de elevada activación aunque externamente la persona parezca tranquila.
Esto explica una experiencia que también genera mucha incomprensión:
«Todo el mundo me dice que estoy normal, pero por dentro siento que estoy temblando».
Las dos cosas pueden ser compatibles.
11. Presión muscular, mandíbula cargada o dolores difíciles de localizar
La ansiedad mantenida puede acompañarse de un incremento persistente del tono muscular.
Podemos tensar sin apenas darnos cuenta:
- mandíbula;
- cuello;
- hombros;
- espalda;
- músculos del pecho;
- frente.
Con el tiempo pueden aparecer:
- cefaleas tensionales;
- dolor cervical;
- presión facial;
- molestias mandibulares;
- sensación de pecho cargado;
- dolores musculares migratorios.
El hecho de que el dolor esté relacionado con tensión muscular no lo hace menos real.
12. Sentir que algo va mal aunque no sepas explicar qué
Quizá este sea uno de los síntomas más difíciles de expresar.
No hay necesariamente un pensamiento concreto.
La persona simplemente experimenta:
«Algo no está bien».
«Tengo una sensación muy rara».
«Siento como si fuera a ocurrir algo».
«No sé qué me pasa, pero estoy en alerta».
La ansiedad puede funcionar precisamente así: primero aparece la activación corporal y después nuestra mente intenta encontrar una explicación.
Como al cerebro le resulta difícil convivir con una sensación intensa sin causa aparente, comienza a buscar:
«¿Será el corazón?»
«¿Será la cabeza?»
«¿Será que me estoy poniendo enfermo?»
«¿Será que estoy perdiendo el control?»
Esta búsqueda puede convertirse en el inicio de un proceso de hipervigilancia corporal y autoobservación.
¿Por qué la ansiedad puede producir sensaciones tan diferentes?
No existe una única explicación que sirva para todos los síntomas. En una misma persona pueden participar simultáneamente varios mecanismos.
Activación del sistema de alarma
Cuando interpretamos una situación como amenazante, el organismo se prepara para responder.
Aumentan la vigilancia y la activación fisiológica. El corazón, los músculos, la respiración y el sistema digestivo pueden modificar temporalmente su funcionamiento.
Cambios en la respiración
La hiperventilación puede contribuir a:
- mareo;
- hormigueo;
- entumecimiento;
- sensación de falta de aire;
- molestias torácicas;
- sensación de irrealidad.
Y no siempre es evidente. Una persona puede respirar aparentemente tranquila pero realizar continuas inspiraciones profundas, bostezos o suspiros.
Tensión muscular
Prepararnos constantemente para una amenaza mantiene determinados músculos contraídos y puede provocar dolor, presión y fatiga.
Hipervigilancia corporal
Cuando tenemos miedo de que exista un problema físico empezamos a supervisar el organismo.
Comprobamos:
- el pulso;
- la respiración;
- la visión;
- el equilibrio;
- la cabeza;
- las sensaciones del pecho;
- si alguna parte del cuerpo hormiguea.
Esto produce una paradoja.
Cuanto más buscamos sensaciones, más sensaciones encontramos.
No porque nos las inventemos, sino porque dirigimos hacia ellas una atención que normalmente estaría ocupada en otras tareas.
Interpretación catastrófica
Finalmente importa mucho qué significado damos a lo que sentimos.
Podemos interpretar:
- mareo como «voy a desmayarme»;
- palpitaciones como «tengo un problema cardíaco»;
- hormigueo como «es algo neurológico»;
- desrealización como «me estoy volviendo loco»;
- falta de aire como «voy a asfixiarme».
La interpretación aumenta el miedo y el miedo aumenta nuevamente la activación corporal.
¿Cómo saber si un síntoma extraño es ansiedad?
No existe una prueba psicológica sencilla que permita afirmar a distancia que un síntoma se debe exclusivamente a ansiedad.
El hecho de estar atravesando una etapa de estrés tampoco demuestra que cualquier manifestación física sea psicológica.
Lo razonable es valorar conjuntamente:
- cómo comenzó el síntoma;
- en qué situaciones aparece;
- si aumenta con la ansiedad;
- si desaparece cuando disminuye la activación;
- si existen otros síntomas asociados;
- si ha sido evaluado médicamente cuando correspondía;
- qué interpretación hacemos de él;
- cuánto tiempo dedicamos a comprobarlo;
- y cuánto está condicionando nuestra vida.
¿Cuándo conviene consultar a un médico?
Conviene buscar una valoración sanitaria cuando un síntoma físico es nuevo, intenso, persistente, progresivo, claramente diferente de experiencias previas o plantea una duda razonable sobre su origen.
También requieren especial atención situaciones como:
- pérdida real de conocimiento;
- dificultad respiratoria intensa o progresiva;
- dolor torácico importante o diferente al habitual;
- pérdida de fuerza o sensibilidad claramente localizada;
- alteraciones repentinas importantes de la visión;
- síntomas neurológicos de aparición brusca;
- o cualquier situación potencialmente urgente.
El objetivo no es elegir entre «es físico» o «es psicológico» como si fueran dos mundos separados.
Primero deben realizarse las valoraciones sanitarias necesarias. Después, cuando la ansiedad está participando en el problema, podemos trabajar sobre los procesos psicológicos que lo están manteniendo.
Cuando todas las pruebas están bien pero sigo pensando que tengo algo
Existe otro escenario muy diferente.
La persona ya ha sido adecuadamente evaluada.
Los resultados son tranquilizadores.
Durante unas horas o unos días se siente mejor.
Después aparece otra sensación.
Y comienza nuevamente:
«¿Y si esta vez sí es algo?».
Puede entonces:
- buscar síntomas en Internet;
- consultar repetidamente al médico;
- pedir opinión a familiares;
- tomarse constantemente el pulso;
- observar sus pupilas;
- medirse la tensión;
- comprobar la respiración;
- realizar pruebas caseras para comprobar su equilibrio o fuerza.
Estas conductas tranquilizan momentáneamente, pero pueden terminar reforzando el mensaje:
«Si tengo que comprobarlo constantemente es porque probablemente exista un peligro».
En estos casos puede resultar útil valorar la presencia de ansiedad por la salud o hipocondría.
El verdadero problema puede acabar siendo el miedo a las sensaciones
Después de varios episodios de ansiedad podemos empezar a tener miedo no solamente de determinadas situaciones, sino del propio cuerpo.
Intentamos evitar:
- que el corazón se acelere;
- marearnos;
- sentir calor;
- quedarnos sin aire;
- notar el cuerpo extraño;
- sentirnos desconectados;
- perder el control.
Y eso puede llevarnos a evitar:
- hacer ejercicio;
- viajar;
- conducir;
- estar lejos de casa;
- quedarnos solos;
- entrar en lugares cerrados;
- o realizar actividades en las que pensamos que sería difícil recibir ayuda.
La vida empieza así a organizarse alrededor de una pregunta:
«¿Qué tengo que hacer para que no vuelva a ocurrir?».
Cuando esto sucede, el tratamiento no consiste únicamente en eliminar síntomas, sino en recuperar la confianza en nuestra capacidad para experimentar sensaciones sin interpretarlas automáticamente como peligrosas.
¿Cómo se trabajan los síntomas físicos de ansiedad en terapia?
El tratamiento debe adaptarse al mecanismo que mantiene el problema.
Puede incluir:
Psicoeducación
Comprender qué puede ocurrir durante una respuesta de ansiedad reduce parte de la incertidumbre.
Trabajo sobre las interpretaciones
No se trata de repetir «no pasa nada», sino de analizar con mayor precisión las conclusiones que extraemos de cada sensación.
Reducir la hipervigilancia
Aprender progresivamente a dejar de comprobar continuamente el cuerpo permite que la atención vuelva a dirigirse hacia la vida y no exclusivamente hacia los síntomas.
Exposición interoceptiva cuando está indicada
En determinados problemas de pánico puede utilizarse exposición controlada a algunas sensaciones corporales para reducir progresivamente el miedo que provocan.
Reducir evitaciones y conductas de seguridad
Si dejamos de conducir, viajar, hacer deporte o alejarnos de casa por miedo a determinadas sensaciones, la evitación puede mantener la percepción de peligro.
Aprender a relacionarnos de otra manera con la ansiedad
El objetivo terapéutico no siempre consiste en conseguir que el cuerpo permanezca permanentemente tranquilo.
Nuestro organismo cambia constantemente.
El corazón puede acelerarse.
Podemos marearnos ligeramente.
Podemos sentir calor.
Puede aparecer tensión.
Incluso podemos experimentar ansiedad.
El aprendizaje consiste en que esas variaciones no tengan que convertirse automáticamente en una emergencia.
Preguntas frecuentes sobre los síntomas raros de ansiedad
¿La ansiedad puede producir hormigueos?
Sí. Pueden aparecer parestesias, especialmente en manos, pies, cara o alrededor de la boca. En algunos episodios están relacionadas con hiperventilación. No obstante, un hormigueo nuevo, persistente o acompañado de pérdida de fuerza debe valorarse médicamente.
¿La ansiedad puede hacer que vea raro?
Puede producir alteraciones subjetivas de la percepción, mareo o sensación de visión extraña, especialmente durante estados de elevada activación o desrealización. Las alteraciones visuales nuevas o persistentes deben ser evaluadas sanitariamente.
¿La ansiedad puede hacer que sienta que no soy yo?
Durante episodios de ansiedad intensa algunas personas experimentan despersonalización, una sensación de desconexión o extrañeza respecto a sí mismas.
¿Por qué tengo síntomas de ansiedad cuando aparentemente estoy tranquilo?
La activación fisiológica no siempre coincide exactamente con nuestra percepción consciente de estar preocupados. Además, después de periodos prolongados de estrés puede mantenerse una elevada vigilancia corporal incluso cuando no existe un pensamiento ansioso evidente.
¿Los síntomas físicos de ansiedad son imaginarios?
No. Las sensaciones son reales. Lo psicológico y lo fisiológico no son categorías independientes: la ansiedad implica cambios corporales reales.
¿Cómo sé si tengo ansiedad o una enfermedad?
No puede determinarse únicamente por una lista de síntomas. Cuando los síntomas son nuevos, intensos, progresivos o preocupantes deben realizarse las evaluaciones médicas pertinentes. Una vez descartadas las causas relevantes, puede estudiarse el papel de la ansiedad.
¿Pensar mucho en un síntoma puede hacer que lo note más?
Sí. La atención modifica lo que percibimos. La hipervigilancia corporal puede hacer que detectemos sensaciones que normalmente pasarían inadvertidas y puede aumentar la percepción subjetiva de su intensidad.
Cuando el cuerpo se convierte en una fuente constante de amenaza
Experimentar una sensación corporal que no entendemos puede resultar profundamente inquietante.
Y cuando la explicación que encontramos es:
«Algo grave debe estar ocurriendo»
es comprensible que intentemos vigilar nuestro cuerpo todavía más.
Pero puede formarse entonces un círculo:
sensación → miedo → vigilancia → más sensaciones → más miedo.
Romper ese círculo no consiste en convencerse de que todos los síntomas son ansiedad.
Consiste en aprender a distinguir cuándo necesitamos una valoración médica y cuándo la necesidad constante de comprobar, controlar y evitar está empezando a convertirse en parte del problema.
En Ícaro Psicología trabajamos con personas que presentan ansiedad, ataques de pánico, miedo a las sensaciones corporales, hipervigilancia, desrealización, ansiedad por la salud y evitación. La intervención se adapta a los mecanismos concretos que mantienen el problema en cada persona.
Autor
Ignacio Calvo, psicólogo y director de Ícaro Psicología. Especializado en ansiedad y problemas relacionados con el miedo, la evitación y la hipervigilancia corporal.
Referencias
- Craske, M. G., & Stein, M. B. (2016). Anxiety. The Lancet, 388, 3048–3059.
- Meuret, A. E., Ritz, T., Wilhelm, F. H., & Roth, W. T. (2005). Voluntary hyperventilation in the treatment of panic disorder: Functions of hyperventilation, their implications for breathing training, and recommendations for standardization. Clinical Psychology Review, 25(3), 285–306.
- MedlinePlus. Ansiedad. Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos.
- Manual MSD. Generalidades sobre los trastornos de ansiedad.
- Manual MSD. Ataques de pánico y trastorno de pánico.