¿Por qué siento más ansiedad al hacer deporte?

¿Por qué siento más ansiedad al hacer deporte?

El ejercicio puede provocar ansiedad cuando las sensaciones normales del esfuerzo —corazón acelerado, respiración intensa, calor, sudoración o cierta sensación de inestabilidad— se parecen a las que hemos experimentado durante episodios de ansiedad o pánico. El problema no tiene por qué ser el ejercicio en sí, sino el significado de peligro que atribuimos a esas sensaciones.

Esto explica una experiencia que resulta desconcertante para muchas personas: empiezan a hacer deporte precisamente porque les han dicho que ayuda con la ansiedad y, al notar cómo aumenta el ritmo cardíaco o la respiración, comienzan a sentirse todavía más nerviosas.

Puede aparecer entonces un círculo:

ejercicio → sensaciones físicas → miedo → vigilancia del cuerpo → mayor activación → más sensaciones → más miedo.

Comprender este mecanismo es importante porque evitar completamente el ejercicio por miedo a las sensaciones puede terminar reforzando el problema.

¿Es normal sentir ansiedad al hacer ejercicio?

Puede ocurrir, especialmente en personas que han experimentado ataques de pánico, miedo intenso a determinadas sensaciones corporales o una elevada preocupación por su salud.

Durante el ejercicio ocurren cambios fisiológicos completamente esperables:

  • aumenta la frecuencia cardíaca;
  • respiramos más rápido y profundamente;
  • aumenta la temperatura corporal;
  • sudamos;
  • los músculos trabajan con mayor intensidad;
  • podemos notar el corazón golpeando con fuerza;
  • al realizar esfuerzos intensos podemos experimentar sensaciones que normalmente apenas percibimos.

Para una persona que no teme estas sensaciones, la interpretación puede ser:

«Estoy haciendo ejercicio y mi corazón está trabajando más.»

Para alguien que ha aprendido a temerlas, la misma experiencia puede convertirse en:

«Mi corazón va demasiado rápido. ¿Y si me pasa algo?»

La sensación puede ser parecida. Lo que cambia radicalmente es su interpretación.

¿Por qué el deporte puede parecerse a un ataque de ansiedad?

Porque el ejercicio y la ansiedad comparten algunas manifestaciones fisiológicas.

En ambos casos pueden aparecer:

  • taquicardia;
  • aumento de la respiración;
  • sudoración;
  • calor;
  • tensión muscular;
  • sensación intensa de activación.

Sin embargo, que dos situaciones produzcan sensaciones parecidas no significa que sean equivalentes.

Durante el ejercicio, el aumento del ritmo cardíaco y respiratorio responde a las necesidades metabólicas del organismo. En un episodio de ansiedad, la activación está relacionada principalmente con una respuesta de alarma.

El problema aparece cuando nuestro cerebro interpreta las sensaciones normales del esfuerzo utilizando el mismo significado que aprendió durante una crisis de ansiedad.

Después de un ataque de pánico podemos empezar a tener miedo al ejercicio

Imaginemos que una persona ha sufrido un ataque de pánico en el que experimentó una taquicardia muy intensa.

Durante los días siguientes puede comenzar a prestar especial atención al corazón.

Un día vuelve a correr.

Después de unos minutos nota que el corazón late rápidamente.

La sensación activa inmediatamente un recuerdo:

«Así empezó la otra vez.»

Entonces aparece miedo.

El miedo produce más activación.

El corazón se percibe todavía con mayor intensidad.

Y la persona puede interpretar:

«Está volviendo a pasar.»

Lo que comenzó siendo una respuesta fisiológica normal al ejercicio puede acabar desencadenando una crisis de ansiedad.

Hipervigilancia interoceptiva: cuando hacemos deporte observando constantemente el cuerpo

La interocepción hace referencia a la percepción de señales procedentes del interior del organismo, como los latidos, la respiración o determinadas sensaciones digestivas.

Cuando tememos esas señales podemos empezar a vigilarlas constantemente.

Durante el ejercicio aparecen entonces preguntas como:

  • «¿Me está latiendo demasiado rápido el corazón?»
  • «¿Estoy respirando bien?»
  • «¿Me estoy mareando?»
  • «¿Esto es normal?»
  • «¿Me va a dar un ataque?»

Este patrón puede entenderse como una forma de hipervigilancia dirigida específicamente hacia las señales internas del organismo.

Cuando esta vigilancia se mantiene también fuera del ejercicio hablamos más ampliamente de hipervigilancia corporal y autoobservación de los síntomas.

Es importante introducir aquí una precisión: estar más pendiente del cuerpo no significa necesariamente percibirlo con mayor exactitud. Una revisión sistemática y metaanálisis de 55 estudios no encontró una asociación general entre ansiedad y mayor precisión objetiva para percibir las señales cardíacas. La relación entre ansiedad e interocepción es más compleja y depende también de cómo atendemos e interpretamos esas sensaciones.

El miedo a las sensaciones corporales

En muchos casos, la pregunta verdaderamente importante no es:

«¿Qué siento cuando hago ejercicio?»

sino:

«¿Qué creo que significa lo que estoy sintiendo?»

Una persona puede temer que el corazón acelerado signifique:

  • que va a sufrir un infarto;
  • que va a desmayarse;
  • que está perdiendo el control;
  • que está a punto de sufrir un ataque de pánico;
  • que no podrá escapar o pedir ayuda.

Estas interpretaciones pueden aumentar enormemente la intensidad subjetiva de las sensaciones.

¿Por qué vigilar el pulso puede aumentar la ansiedad?

Los relojes inteligentes y dispositivos deportivos pueden ser herramientas útiles. Sin embargo, cuando existe miedo a las sensaciones también pueden convertirse en instrumentos de comprobación.

La persona mira repetidamente:

  • las pulsaciones;
  • la frecuencia respiratoria;
  • la saturación;
  • la recuperación después del ejercicio.

El objetivo suele ser tranquilizarse.

Pero si necesitamos comprobar continuamente que estamos seguros, podemos aprender algo contraproducente:

«Solo puedo continuar haciendo ejercicio si el dispositivo me confirma que no está ocurriendo nada.»

La comprobación reduce temporalmente la incertidumbre, pero puede aumentar la dependencia de nuevas comprobaciones.

Ansiedad anticipatoria antes de hacer deporte

Después de haber sufrido ansiedad durante el ejercicio puede aparecer miedo incluso antes de empezar.

La persona piensa:

  • «¿Y si hoy vuelve a pasar?»
  • «¿Y si me mareo estando lejos de casa?»
  • «¿Y si tengo un ataque en el gimnasio?»
  • «¿Y si nadie puede ayudarme?»

Esta ansiedad anticipatoria puede provocar que lleguemos al ejercicio ya activados.

Cuando empezamos a movernos, las primeras sensaciones corporales parecen confirmar la predicción:

«Sabía que me iba a encontrar mal.»

Evitar hacer ejercicio puede mantener el miedo

Dejar de hacer ejercicio proporciona un alivio inmediato.

Si correr acelera mi corazón y temo esa sensación, dejar de correr consigue que el corazón vuelva progresivamente a su ritmo habitual.

El cerebro puede aprender entonces:

«Menos mal que he parado.»

Pero también puede aprender:

«Esa sensación era peligrosa y he conseguido ponerme a salvo deteniéndome.»

La siguiente vez el miedo puede aparecer todavía antes.

Este es uno de los mecanismos mediante los cuales la evitación mantiene muchos problemas de ansiedad.

¿Y si tengo miedo de desmayarme haciendo ejercicio?

El miedo al desmayo aparece con frecuencia en personas que experimentan ansiedad intensa.

Puede comenzar con una sensación de mareo o inestabilidad que rápidamente se interpreta como:

«Voy a caerme.»

A partir de ahí, la persona puede empezar a evitar correr, montar en bicicleta, entrenar sola o alejarse de lugares donde considera que podría recibir ayuda.

Cuando este miedo aparece repetidamente conviene evaluar qué sensaciones lo desencadenan, qué interpretación se hace de ellas y qué conductas de seguridad se utilizan.

¿Y si realmente existe un problema físico?

Esta distinción es fundamental.

No debe suponerse que cualquier síntoma que aparece durante el ejercicio se debe a la ansiedad.

Si aparecen síntomas nuevos, intensos, persistentes o preocupantes durante el ejercicio, o existen antecedentes médicos relevantes, es necesario realizar la valoración sanitaria correspondiente antes de asumir un origen psicológico.

Especialmente si existe dolor torácico intenso o nuevo, pérdida de conocimiento, dificultad respiratoria desproporcionada u otros síntomas preocupantes, debe buscarse atención médica.

Una vez realizada la valoración adecuada, si el problema continúa siendo el miedo persistente a sensaciones fisiológicas normales, entonces podemos empezar a trabajar específicamente sobre ese miedo.

¿El ejercicio es bueno o malo para la ansiedad?

No debemos concluir que el ejercicio sea perjudicial porque algunas personas experimenten ansiedad al realizarlo.

La actividad física puede tener efectos beneficiosos sobre diferentes dimensiones de la salud física y psicológica.

Pero utilizar el ejercicio exclusivamente como una técnica para «eliminar la ansiedad» puede generar otra dificultad.

Si hacemos deporte esperando comprobar al terminar:

«¿Ya estoy tranquilo?»

podemos convertir el ejercicio en otra forma de monitorización.

Es preferible entender la actividad física como una conducta relacionada con salud, disfrute, autonomía o valores personales, no como una prueba diaria para determinar si nuestra ansiedad está mejor o peor.

¿Cómo puedo volver a hacer ejercicio si me da ansiedad?

Cuando ya se ha descartado una contraindicación médica y el problema principal es el miedo a las sensaciones, el objetivo suele ser recuperar progresivamente la actividad en lugar de esperar a que desaparezca completamente la ansiedad.

1. Identifica exactamente qué temes

No basta con decir «me da ansiedad hacer deporte».

Pregúntate:

¿Qué creo que podría ocurrir si mi corazón se acelera?

¿Temo un infarto? ¿Desmayarme? ¿Tener un ataque? ¿Perder el control? ¿No poder escapar?

Identificar la predicción permite trabajar sobre el miedo real.

2. Diferencia activación de peligro

Notar el corazón, respirar intensamente o sudar durante el ejercicio son respuestas esperables al esfuerzo.

El objetivo no consiste en impedir que aparezcan, sino en aprender a interpretar correctamente esas señales dentro del contexto.

3. Reduce las comprobaciones innecesarias

Si has desarrollado el hábito de comprobar el pulso cada pocos segundos, detenerte ante cualquier sensación o buscar continuamente confirmación, puede ser necesario trabajar progresivamente esas conductas.

4. Recupera gradualmente las actividades evitadas

Podemos construir una progresión desde actividades que generan menos miedo hasta otras que producen sensaciones más intensas.

La intensidad concreta debe adaptarse a la condición física, estado de salud y recomendaciones sanitarias de cada persona.

5. Aprende a permanecer con algunas sensaciones

Si cada aumento del pulso provoca una retirada inmediata, resulta difícil aprender que la sensación puede aumentar y posteriormente disminuir sin que ocurra la consecuencia temida.

En terapia podemos trabajar precisamente esa nueva experiencia de aprendizaje.

Exposición interoceptiva: utilizar las sensaciones para reducir el miedo

Cuando existe miedo intenso a determinadas sensaciones corporales, una intervención especialmente relevante es la exposición interoceptiva.

Consiste en provocar de manera controlada y planificada algunas de las sensaciones que la persona teme para modificar progresivamente la asociación:

sensación corporal = peligro.

Por ejemplo, dependiendo del caso y siempre considerando las condiciones médicas, pueden utilizarse ejercicios que generen temporalmente aumento del pulso, respiración rápida, calor o determinadas sensaciones de movimiento.

El objetivo terapéutico no es demostrar que podemos controlar perfectamente el cuerpo, sino aprender que podemos experimentar determinadas sensaciones sin tener que escapar inmediatamente de ellas.

Explicamos este procedimiento con mayor profundidad en ejercicios de exposición interoceptiva: aprender a perder el miedo a las sensaciones corporales.

¿Qué relación puede tener el trauma?

En algunas personas existe una historia traumática relevante y determinadas sensaciones corporales pueden haber quedado asociadas a experiencias de amenaza.

Pero conviene evitar una conclusión excesivamente general:

sentir ansiedad haciendo ejercicio no significa que exista necesariamente un trauma.

Cuando sí existe una experiencia traumática relacionada con las sensaciones actuales, puede ser necesario abordar además esos recuerdos, asociaciones y respuestas de alarma.

La relación entre ambos procesos la desarrollamos en trauma y ataques de pánico: cómo se relacionan.

Cuando el problema no son las sensaciones, sino sentirte observado

No toda ansiedad durante el deporte es interoceptiva.

Algunas personas se encuentran relativamente tranquilas haciendo ejercicio solas, pero experimentan mucha ansiedad en un gimnasio o una clase colectiva.

En estos casos pueden aparecer pensamientos como:

  • «Todo el mundo se dará cuenta de que estoy en mala forma.»
  • «Estoy haciendo mal el ejercicio.»
  • «Me están mirando.»
  • «Voy a hacer el ridículo.»

Aquí el mecanismo puede estar más relacionado con miedo a la evaluación y hipervigilancia social que con miedo a las sensaciones corporales.

Distinguir ambos procesos es importante porque requieren un abordaje diferente.

Cómo trabajamos en terapia el miedo a hacer ejercicio

En consulta no partimos simplemente de la idea de que «hacer deporte es bueno para la ansiedad».

Primero necesitamos entender por qué esa persona concreta teme hacer ejercicio.

Podemos explorar:

  • qué sensaciones desencadenan el miedo;
  • qué significado atribuye a esas sensaciones;
  • si ha experimentado ataques de pánico;
  • qué actividades ha dejado de realizar;
  • qué comprobaciones utiliza;
  • si existe miedo a la evaluación social;
  • si hay alguna experiencia traumática relevante;
  • qué valoración médica se ha realizado cuando corresponde.

Cuando el problema está relacionado con pánico y miedo interoceptivo, la terapia cognitivo-conductual puede incluir exposición a sensaciones y situaciones evitadas, trabajo sobre las interpretaciones catastróficas y reducción de conductas de seguridad.

El objetivo final no consiste simplemente en conseguir hacer deporte sin ansiedad.

Es algo más amplio:

recuperar la libertad para moverte sin que cada cambio corporal tenga que ser interpretado como una amenaza.

Preguntas frecuentes sobre ansiedad y ejercicio

¿Por qué me da ansiedad cuando hago ejercicio?

Una posible explicación es que el ejercicio produce sensaciones —como aumento del pulso, respiración intensa, calor o sudoración— similares a las experimentadas durante la ansiedad. Si esas sensaciones se interpretan como peligrosas, pueden desencadenar miedo y aumentar todavía más la activación.

¿Puede hacerme daño hacer ejercicio si tengo ansiedad?

Tener ansiedad no significa por sí mismo que el ejercicio sea peligroso. Sin embargo, las condiciones médicas y físicas son individuales. Si aparecen síntomas nuevos o preocupantes o existen antecedentes médicos relevantes, debe consultarse con un profesional sanitario antes de atribuirlos a la ansiedad.

¿Por qué me da miedo que el corazón se acelere?

Puede ocurrir después de haber asociado la taquicardia con un ataque de pánico, una experiencia médica o la idea de que el corazón acelerado implica peligro. En estos casos puede desarrollarse miedo a la propia sensación cardíaca.

¿Es mejor hacer ejercicio suave si tengo ansiedad?

No existe una intensidad universalmente adecuada para todas las personas. Cuando existe miedo al esfuerzo puede ser útil recuperar la actividad progresivamente, pero el objetivo terapéutico no tiene por qué ser evitar para siempre cualquier intensidad que genere activación. La progresión debe adaptarse al estado de salud y condición física.

¿Qué es la hipervigilancia interoceptiva?

Es un patrón de atención excesiva hacia señales internas del organismo, como el pulso o la respiración, especialmente cuando se observan buscando indicios de peligro. Puede contribuir al mantenimiento del miedo a las sensaciones corporales.

¿La exposición interoceptiva puede ayudarme?

Puede ser útil cuando el problema está mantenido por miedo a determinadas sensaciones, especialmente en problemas relacionados con el pánico. Debe planificarse teniendo en cuenta las características psicológicas y médicas de cada persona.

Volver a hacer deporte sin tener que vigilar cada latido

El objetivo no es conseguir que el corazón deje de acelerarse cuando corres.

Precisamente queremos que el organismo sea capaz de aumentar su actividad cuando la necesita.

El cambio importante ocurre cuando podemos experimentar esa activación sin interpretarla automáticamente como señal de que algo malo está a punto de suceder.

Podemos notar el corazón. Podemos respirar con intensidad. Podemos sudar. Podemos sentir cansancio.

Y progresivamente podemos aprender:

«Mi cuerpo está activado porque estoy haciendo ejercicio; estar activado no significa necesariamente estar en peligro.»

En Ícaro Psicología trabajamos los problemas de ansiedad, ataques de pánico, miedo a las sensaciones e hipervigilancia corporal mediante una evaluación individualizada de los mecanismos que mantienen el problema.

Autor

Ignacio Calvo, psicólogo y director de Ícaro Psicología.

Referencias bibliográficas

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  • Adams, K. L., Edwards, A., Peart, C., Ellett, L., Mendes, I., Bird, G., & Murphy, J. (2022). The association between anxiety and cardiac interoceptive accuracy: A systematic review and meta-analysis. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 140, 104754. https://doi.org/10.1016/j.neubiorev.2022.104754
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