La ansiedad nocturna aparece cuando, al llegar la noche o al meternos en la cama, aumenta la sensación de inquietud, preocupación o activación física. Para algunas personas se manifiesta como una mente que no deja de pensar; para otras, como palpitaciones, opresión en el pecho, sensación de falta de aire, tensión muscular o miedo a que ocurra algo mientras intentan dormir.
Puede resultar especialmente desconcertante porque durante el día quizá hemos podido trabajar, relacionarnos o mantenernos ocupados con relativa normalidad. Sin embargo, cuando desaparecen las distracciones y el entorno se vuelve silencioso, aparecen pensamientos, sensaciones corporales y preocupaciones que durante el día habían permanecido en segundo plano.